Empresarios que no aman a los periodistas

Leo en El País una tribuna de Milagros Pérez Oliva que, bajo el título Políticos que no aman a los periodistas, denuncia cuán incómodas resultan nuestras preguntas para quienes ejercen el poder o aspiran a hacerlo y cómo unos y otros se esconden de nosotros tras los comunicados de prensa o las declaraciones grabadas sin opción a réplica. Compañeros, vamos a ver, la culpa es única y exclusivamente nuestra. Si les damos plantón, seguro que, y por la cuenta que les trae, nos buscan. Pero como, admitamos, la unidad en el gremio es inexistente, les seguiremos el juego, para qué llorar.

Ahí queda la autocrítica, y ésta vale también para aquellos que nos dedicamos al periodismo económico. Al igual que quienes abordan la actualidad política, también nosotros, al hacer nuestro trabajo, soportamos a ciertos empresarios que rastrean las redacciones de los periódicos cuando les conviene e ignoran a los redactores cuando no les interesan, haciendo entonces gala de una sospechosa política del silencio.

De entrada se creen que somos tontos, que como la cuestión económica es compleja, no sabemos ni la mitad del cuarto. Pues bien, señores. Compartí clase durante un año con setenta empresarios y directivos de compañías andaluzas en una reputada escuela de negocios y si yo soy la mitad del cuarto, créanme, no pocos había que ni pesaban cien gramos. Eso sí, eran herederos.

Unos de mis maestros en esta profesión, al que eternamente le estaré agradecido porque aprendí mucho de él y con él, me contaba cómo una caja de ahorros, que al fin y al cabo es una empresa como la que más, presentó en multitudinaria rueda de prensa sus buenísimos resultados anuales, aunque para buenísimo, el maquillaje que tenían, pues a poco que se escarbaran arrojaban pérdidas. Él publicó la verdad y le llovieron piedras. Y a una periodista económica de las mejores que ha dado este país, catalana para más señas, uno de los grandes banqueros españoles le tuvo que pedir perdón en público porque el gabinete de prensa de la entidad financiera le había desmentido una información que era veraz.

A lo que iba. Respeto profundamente el derecho a la intimidad que ejercen los empresarios que no quieren salir en la Prensa, y es una lástima porque son muchos, y aquí en Sevilla diríamos que legión, que realizan una labor encomiable, aunque silenciosa, y digna de ser conocida por la sociedad. Vaya por delante, reitero, mi respeto, pero con una salvedad. Si reciben ayudas públicas, a las que tienen también todo el derecho del mundo, para sus proyectos e inversiones, que no tuerzan la cara cuando se les pregunta cuánto dinero, para qué y cuáles son sus resultados, porque tales subvenciones salen de los bolsillos de los contribuyentes, y a éstos les asiste el derecho a la información.

Al igual que la Consejería de Agricultura y Pesca cuelga en su web el listado, con nombre, apellidos y NIF, de los perceptores de ayudas agrarias, sería bueno que la Junta de Andalucía recopilara en un solo documento las identidades de las empresas y lo hiciera público, para no tener que acudir BOJA por BOJA a indagar cada resolución administrativa por la que se aprueba la concesión de subvenciones. Quizás descubramos que, al igual que en el campo, existen cazadores de primas en la clase empresarial.

Llegados aquí, vuelvo al principio, esto es, a la cuestión de quiénes no nos aman, y apunto con el dedo acusador a los vendemotos -en tiempos no mecanizados, vendeburras– que se valen de la Prensa para airear proyectos e inversiones que nunca se cumplen porque están edificados sobre el humo. Se les ve a la legua pero, por aquello de que prevalece también el derecho a la presunción de inocencia, hay que prestarles atención, qué remedio. Tiempo al tiempo. Esta crisis económica ya los barrerá, ya los está barriendo -y que quede clarísimo, me estoy refiriendo a los vendemotos, y no a los empresarios que, mis respetos por delante, después de una larga trayectoria profesional y un loable sacrificio están también pagando los platos rotos de la complicada coyuntura que vivimos-.

Tampoco nos aman esos empresarios que, gabinetes de comunicación de por medio, lanzan sus notas de prensa de cuatro líneas sin ofrecer la posibilidad siquiera de obtener más detalles, ni, como contraste, aquellos que las emiten como churros y que sólo interesan al churrero porque su trascendencia informativa es nula, ni los que que se creen con la potestad de comprarnos, y de estos últimos hay tela larga.

¿Qué hacer si no nos aman? Pues actuar como profesionales de la información económica y hacer nuestro trabajo con profesionalidad y dignidad y teniendo siempre presente que no escribimos para ellos, sino para el conjunto del público. Insisto, el tiempo colocará a cada uno en su sitio, y debemos ser conscientes del nuestro. Y para quienes se sientan ofendidos con estas opiniones, les sugiero que escuchen entera la canción No tienes corazón de Café Quijano y Joaquín Sabina.

P. D.

La parva.

Cuidado con la industria envasadora de aceituna de mesa. Una de las más grandes, la utrerana Agroaceitunera, ha presentado suspensión de pagos (convenio voluntario de acreedores), pero otra también está apurando plazos para renegociar su deuda con los bancos. Y digo lo de cuidado porque estamos ante un sector en el que Sevilla ejerce el liderazgo internacional y no se le está prestando la suficiente atención. La creciente competencia de países terceros nos puede lastrar.

La simiente.

Si la concertación social andaluza sale adelante este mes, menuda lección la que, de nuevo, se dará a los negociadores de Madrid, a saber, sindicatos, patronal y, esporádicamente, el Gobierno. (Simiente sólo a medias; me pregunto qué ocurriría si Andalucía tuviera competencias para legislar sobre los contratos y éstos se pusieran encima de la mesa regional de negociación).

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *