De rencores y envidias grasientas

Es propio de la raza empresarial alegrarse de las desgracias ajenas. No son pocas envasadoras de aceite de oliva, y apunto directamente a unas cuantas de Sevilla, que se frotan las manos con el negro pozo en el que ha caído el grupo SOS Corporación Alimentaria, propietario de la principal marca española del oro verde, Carbonell. Ese rencor, en cierta medida, es lógico y humano, pues durante los casi ocho años que los hermanos Jesús y Jaime Salazar llevaron las riendas de la compañía, aquéllas fueron a rastras de su agresiva política de precios, tanto al comprar la cosecha a las almazaras como al vender al público, con una guerra cuasi permanente tanto en la producción como en la industria.

Cierta envidia también había. De hecho, el del aceite es un sector muy tradicional, de añejos señores y renombradas marcas, y la llegada de dos grandes tiburones como los Salazar descuadró el status quo al que se habían acostumbrado unas empresas familiares que aún se resistían a dar rienda suelta (la gestión) a las nuevas generaciones. Salvando mucho las distancias, un desembarco parecido al de Mario Conde en Banesto, que trastocó la tranquilidad de los grandes caballeros de la banca, Botín, Escámez, Amusátegui, Ybarra, Corcóstegui, Valls y compañías mártires.

Da la impresión de que SOS se cae a pedazos. El anuncio de que pone a la venta todos su negocios a excepción de los aceites le quita hasta el nombre a la compañía, pues SOS es la marca de su arroz, precisamente la que, junto con las galletas Cuétara, compró la sociedad Koipe, dueña ésta de Carbonell. Después, sus planes estratégicos no convencen al mercado y el valor se derrumba en la bolsa, y aquí tiemblan las cajas de ahorros andaluzas porque, a finales de año, tendrán que registrar en sus cuentas las minusvalías (pérdidas) por su participación en un grupo agroalimentario del que son los mayores accionistas. Y, por último, y ya en el terreno laboral, concreta un próximo Expediente de Regulación de Empleo (ERE) indiscriminado para todas sus fábricas, sea cual sea el producto que salga de ellas, y que conlleva paralizarlas durante 180 días (seis meses) a repartir por semanas en un periodo completo de un año, 2010.

Sonríe maliciosamente la competencia aceitera. Vendrán tiempos de revancha, de articular estrategias comerciales para ganar cuota de mercado a costa de Carbonell en una industria, la del aceite de oliva, que trabaja con un escaso margen de beneficio y donde el poder y la capacidad de negociación la da el volumen. Pero hay otra parte del sector, la productora, que se pregunta qué será de ella si durante seis meses Carbonell no adquiere cosecha alguna, y son las cooperativas andaluzas, entre ellas la mismísima Hojiblanca, sus principales suministradores de la grasa. La sombra de los planes de SOS, como vemos, es alargada.

Tanto que a Encarnación Poto, la presidenta de la aceitunera Acyco, ubicada en Dos Hermanas, se le habrá venido el mundo encima. Esta empresa, un auténtico símbolo de la lucha de los trabajadores por sacarla adelante y todo un referente, pues, para la economía social andaluza, se convirtió en fechas recientes en una sociedad anónima cuya mayoría del capital quedó bajo control de SOS, una decisión que tenía como cometidos rentabilizar las inversiones emprendidas en la fábrica, remontar las pérdidas acumuladas y ampliar mercados y productos. Ni siquiera ha transcurrido un año y ahora sobre la firma nazarena pesan dos incertidumbres. Primera, cómo y cuándo se venderá esta fábrica, a quién y si en el paquete irá incluida la otra filial de aceituna de mesa del grupo, Cetro, radicada en Pilas. No es un momento propicio para la operación, habida cuenta de que la industria de aderezo soporta su propia crisis y anda asfixiada con el corte del grifo financiero. Segunda, la aplicación del ERE a una plantilla que, con mucho sacrificio, cogió hace casi dos décadas una empresa en ruinas y la levantó.

Mariano Pérez Claver ha llegado con fuerza a la presidencia de SOS cortando por lo sano, pero se ha labrado una posición de debilidad a la hora de negociar la venta de activos para aliviar su pesada carga financiera, tras el revés que le han dado las casas de inversión y la bolsa. Porque detrás de todo su plan desinversor están unas cajas de ahorros, tanto las andaluzas como Caja Madrid, que no quieren poner ni un euro encima de la mesa más allá de los que ya les debe el grupo agroalimentario, y sólo como último recurso admitirían un canje de deuda por acciones, algo que ni gusta a la madrileña ni a Unicaja, Cajasol, Cajasur y Caja de Granada, aunque estas cuatro últimas entidades se verían forzadas por el carácter estratégico de la compañía para Andalucía y, claro está, por las presiones de la Administración autonómica. En parte, y esto no se puede olvidar por mucho que les duela, son responsables de la situación actual de la compañía.


P.D.

La parva.

Los arroceros sevillanos ven con preocupación que Ebro Puleva pueda quedarse con la marca de arroz SOS. Al menos antes tenían dos compradores para sus cosechas. Si esa operación fructifica, quedaría sólo uno, Herba, la filial de Ebro Puleva para este negocio y con la que tienen una tradicional relación de amor y odio.

La simiente.

Si hay un organismo de la Junta de Andalucía que recibe pleitesía por parte de los empresarios es Extenda, cuyas labores son las de internacionalización y promoción exterior. Se constató esta semana en el encuentro que organizó en Sevilla con los responsables de las oficinas que posee en el extranjero. No se trataba de un evento protocolario y para hacerse la foto, como los que tanto gustan en algunas Consejerías. Allí se iba para trabajar, para hacer negocios, y así lo reconocían los centenares de directivos que acudieron. Su directora general, Teresa Sáez, se gana el pan.

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