Con el miedo de los astilleros metido en el cuerpo

Existe autentico pavor en la Junta de Andalucía ante la posibilidad de que le estalle el conflicto de los astilleros. No saben ustedes cuánto. Si en los próximos tres meses la matriz de las factorías de Huelva y Sevilla suspendiera pagos (cabe recordar que el accionista minoritario de esta última, Contenemar, ya lo está, es decir, se encuentra sujeto a concurso de acreedores) y recortara plantilla, coincidiría con los picos más elevados de paro regional que se manejan en la Consejería de Empleo, y este cóctel laboral será bebido con sumo gusto por la oposición política, y oiremos de nuevo a Javier Arenas, presidente del PP andaluz, mencionar aquello del campeón del desempleo, y esta vez no adjudicado a José Luis Rodríguez Zapatero, que anda por la capital de España, sino a su homólogo en el Gobierno andaluz, José Antonio Griñán.

Los palos le lloverían al departamento que dirige Antonio Fernández, a pesar de que es Martín Soler, consejero de Innovación, Ciencia y Empresa, quien lleva directamente las negociaciones para encarrilar la crítica situación por la que atraviesa la compañía naval, agobiada por una falta de liquidez que, y esto hay que decirlo muy alto, es estructural y no sólo desencadenada por la crisis económica y el cierre del grifo del crédito por parte de la banca.

Un prestigioso abogado de Sevilla, que en estos momentos prepara para un armador extranjero una demanda por impago contra la empresa andaluza, me comenta, en referencia a la Administración autonómica. “Ya no son los tiempos de Cárnicas Molina ni de Santana. Son muchísimas las empresas que tienen problemas, no sólo Astilleros de Huelva y Astilleros de Sevilla. A ver cómo justifica que a unas sí y a otras no”.

En efecto, en los años noventa la Junta de Andalucía socorrió a esa cárnica jiennense (asumió el control y después fue privatizada, aunque no son pocos los episodios de crisis que ha soportado en manos no públicas) y al grupo automovilístico también jiennense (cómo se notaba entonces el poder de Gaspar Zarrías, ex número dos del Ejecutivo regional, y del PSOE de la provincia…), con una sangría para las arcas públicas autonómicas que aún hoy sigue en el caso de Santana Motor. Y sueña Soler con desprenderse de este último lastre vendiéndolo a un inversor, dice que hay negociaciones, pero éstas no fructifican.

Al titular de Innovación se le calentó la boca cuando dijo que no pondría ni un euro para los astilleros si el armador no presentaba un plan de futuro realmente fiable, pues el dinero iría a abonar las nóminas y eso era injusto pues, argumentó, son muchas las empresas que atraviesan dificultades y la Junta de Andalucía no pude sacar permanentemente la chequera para pagar a sus trabajadores. Y tenía más razón que un santo, aunque sólo una semana después tuvo que avalar un préstamo de seis millones de euros para precisamente eso, liquidar las mensualidades pendientes y las dos próximas a los empleados y, asimismo, hacer frente a las facturas más urgentes para que no cesara la actividad ni en Sevilla ni en Huelva.

No tenía más remedio que hacerlo, y en cierta medida se comprende la decisión tomada por Martín Soler. Primero, porque ya la propia Administración andaluza contempla este tipo de socorro financiero en sus planes anticrisis, si bien cabe alegar que fue concebido para empresas con problemas puntuales de liquidez, y los de Astilleros son recurrentes. Y segundo, porque no hacerlo hubiera desencadenado irremediablemente la suspensión de pagos de la compañía y la aplicación, además, de un expediente de regulación de empleo para toda la plantilla, con especial crudeza para la onubense.

Pero cuidado, consejero de Innovación. La hoja de ruta que usted propone para salvar esta industria -pasa, entre otros aspectos, por erradicar la actividad de construcción de grandes buques en la factoría de Huelva, la cesión de las acciones de ésta por parte de sus actuales propietarios, un ajuste laboral y dedicar las instalaciones a reparar barcos, mientras que para la planta de Sevilla, la única con visos de rentabilidad, prevé una búsqueda de socios externos, y al parecer los hay interesados- implica una presencia muy amplia de la Junta de Andalucía en una empresa privada, a través de la agencia IDEA (adscrita a la Consejería de Soler).

El documento, de hecho, habla en exceso de colocar a administradores de IDEA en las nuevas sociedades que tomen las riendas de Astilleros de Huelva y Astilleros de Sevilla, y es lógico que así sea porque será el Gobierno regional el que soltará la pasta y dará la cara para que remonten el vuelo. Pero la naval no es una industria tan atractiva ni tiene asegurados contratos multimillonarios como la aeronáutica, y ahí se circunscribe la participación pública autonómica en el capital de Alestis. Es, en cambio, un sector que hoy está arriba y mañana abajo, y sus trabajadores, con las temidas barricadas, tendrán siempre una Administración, en este caso la Junta, a la que apuntar con dedo acusador. Tú eres culpable de que yo esté así. Ese peligro se corre, como también el de que los astilleros se conviertan en otra Santana.

Da para escribir este asunto naval, pero ahí van sólo tres ideas más. Primera, que para la factoría de Sevilla supone un gran alivio la existencia de un pacto entre los sindicatos y la SEPI (el Estado era dueño de la antigua propietaria de los astilleros hispalenses, Izar) que aún genera garantías laborales a los empleados si la planta finalmente se va a pique (para que se entienda: la SEPI tendría que absorber a buena parte de la plantilla). Segunda, que el armador actual al parecer ni come ni deja comer, y aquí cabe reclamar posibles responsabilidades. Y tercera, las hemerotecas todavía guardan las imágenes tanto de los socialistas andaluces (año 2004) como de Javier Arenas (año 1995) al grito de Astilleros no se cierra.

P. D. Crítica constructiva de un amigo del campo. A la parva y a la simiente le falta la paja para completar la era. Pues ahí va.

La parva. A gusto se habrá quedado la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) y la Escuela Andaluza de Economía, adscrita a la patronal, con el impacto mediático que tuvo la conferencia en Sevilla del ex presidente de EEUU Bill Clinton. Sin embargo, la ponencia defraudó tanto por su contenido (recetas anticrisis obvias y un sí pero no y todo lo contrario al abordar los asuntos más relevantes) como por su exposición, donde faltó el hilo que hilvanara el discurso y derrapó en un ir y venir y vuelta hacia acá y hacia allá. Ésa era la sensación generalizada entre los periodistas, pero también se notó en el auditorio, y como prueba está el escaso aplauso que se le brindó. Muchísimo ruido (y dinero) y pocas nueces.

La simiente. Han tenido mucho ojo el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, y su consejera de Economía y Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, al orquestar las nuevas subvenciones públicas a las hipotecas para la compra de viviendas que sean sustancialmente rebajadas de precio. Pues claro. El Banco de España va a obligar próximamente a las entidades financieras a realizar más provisiones por los inmuebles que se queden en concepto de pago de deudas, lo que, sin duda, ayudará a sacar al mercado y más barato el parque que tienen en stock. Han estado al quite.

La paja. La fusión de Unicaja y Cajasur va camino de convertirse en el rosario de la aurora, con todos peleados con todos. Un poquito de orden y seriedad, por favor.

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One thought on “Con el miedo de los astilleros metido en el cuerpo

  1. Barquero says:

    El problema de nuestros Astilleros, es un problema de Costes y de Innovacion Tecnologica,……de Productividad en una palabra.No podemos competir con Corea,China, India,….. y «alguien» deberia decir la verdad,en vez de estar inyectando dinero a un proyecto inviable.Claro que este es un pais donde actuamos como el avestruz cuando las verdades nos escuecen.

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