El camino de Santiago… Herrero

Nos medimos con Madrid a la hora de poner en valor la concertación social labrada por séptima vez en Andalucía, y en esta ocasión quizás tiene más mérito que nunca por cuanto estamos ante una grave crisis económica y, además, las relaciones nacionales entre los sindicatos UGT y CCOO y la patronal CEOE son pésimas. Sin embargo, don dinero es la clave de la sustancial diferencia entre las negociaciones de aquí, donde las empresas reciben, y allí, donde cualquier pacto afecta de forma incierta a sus bolsillos, sea para bien, sea para mal. En otras palabras: en la comunidad el empresariado siempre juega a ganar-ganar y en el Estado, en cambio, aflora una mezcla de ganar-perder.

Si en la región se pudiera legislar sobre el mercado laboral, más allá de las transferidas políticas activas de empleo (formación para trabajadores y desempleados), otro gallo cantaría y se quedaría afónico. De hecho, de Despeñaperros para abajo no tenemos siquiera la potestad para cambiar y confeccionar, conforme a las especificidades de la economía andaluza, un catálogo propio de profesiones. Fíjense ustedes la exigua capacidad de regulación. En cambio, es abundante a la hora de asignar los recursos (a sindicatos, patronales, Cámaras de Comercio, organizaciones agrarias, etcétera) y, por otra parte, al orientar los incentivos públicos a las empresas.

Mi compañera Laura Blanco, de la sección de Andalucía, nos resume el destino de los incentivos que, con cargo a las arcas de la Administración autonómica, se han pactado bajo el amparo de la concertación social. Se vincularán todos a generar empleo, al tiempo que se reducirán las ayudas a fondo perdido para empresas -sólo se otorgarán para I+D durante la puesta en marcha de proyectos- y se apostará más por los préstamos reintegrables y las líneas de avales para microempresas y autónomos.

Quiero leer la letra pequeña. ¿Cómo saber de antemano que los incentivos efectivamente crearán puestos de trabajo? Loada sea la vinculación entre ayuda y empleo, porque no son pocas las compañías que se embolsaron la subvención andaluza y después cesaron la actividad o no tuvieron el beneficio laboral prometido. Son tantos los ejemplos de salvadores de patrias… Pero me sigo preguntando cómo forzar a una compañía que ya ha recibido el incentivo a cumplir a rajatabla con el plan económico y laboral adjunto a su solicitud.

Mientras, y tras conseguir, al menos en parte, sus reivindicaciones respecto a los sectores tradicionales (ladrillo, turismo), la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) se ha avenido a facilitar, dentro de la concertación, el tan necesitado y ansiado cambio del modelo productivo, gracias al impulso a la innovación (cuyo rendimiento no es inmediato, sino a largo y medio plazo) y a las energías renovables.

Volvamos a las divergentes relaciones entre los agentes sociales andaluces y nacionales. Giremos la vista hacia el presidente de la CEA, Santiago Herrero, que también preside la Comisión de Relaciones Laborales de la CEOE y, al menos por su cargo, mucho tiene que decir respecto a la reforma del mercado de trabajo que reclaman la patronal y no pocas instituciones nacionales e internacionales, exceptuando a los sindicatos y al propio Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque éste parece que hoy se ha rendido ante la evidencia.

¿El andaluz manda mucho en la CEOE? El secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, ha asegurado, dentro del ciclo Los Desayunos de El Correo de Andalucía, que tiene una voz “muy activa”, aunque resulta  difícil saber si la respuesta contiene certeza, ironía o deseo de que se calle. Su homólogo en UGT, Cándido Méndez, ha dicho, en idéntico escenario y con igual retintín, que Herrero tenía un gran potencial “y espero que lo exprese con plenitud” en el seno de la patronal española.

Así pues, no resulta extraño que el patrón de los patrones andaluces diga sí en la comunidad y no en el Estado. Si de la concertación social sólo participaran los gobiernos y los sindicatos, éstos dirían sí tanto a la Junta como al Ejecutivo central. Pero, que conste, el discurso de Herrero sigue el mismo camino en Sevilla y en Madrid, mas el contenido de la negociación (uno light, otro heavy) es radicalmente distinto. Blanco era el caballo de Santiago.

P.D.

La parva. Sigamos con la CEA. La sociedad de inversión de inversión colectiva (Sicav) que impulsó el empresariado andaluz ha tenido que reducir a una cuarta parte su capital social (en contabilidad se recurre a este tipo de operaciones para lavar pérdidas) y también, en idéntica proporción, la aspiración del capital total a conseguir previsto en sus estatutos, de 100 a 24 millones de euros. En principio se pretendía tomar paquetes accionariales importantes en empresas con gran raigambre regional. Con 24 millones de euros, lo dudo.

La simiente. El banco Sabadell organizó la semana pasada un encuentro con un cuarto de millar de empresarios andaluces, clientes y no clientes, para explicarles las líneas de financiación de las que dispone para facilitar la internacionalización. Sus directivos mantuvieron una cena con periodistas en la que hablaron de la entidad y de la crisis económica. Y dijeron que hay síntomas para el optimismo y que quien invierta ahora tendrá pasos andados para cuando llegue la recuperación. A ver si es verdad.

La paja. CCOO ha criticado con severidad la huelga (o cierre patronal) de dos días protagonizada por los agricultores españoles. En el caso de Andalucía, ha vuelto a apelar al fácil discurso de los grandes propietarios. Sin embargo, el campo tiene muchísimos agricultores pequeños, de explotaciones familiares. UGT, por su parte, ha manifestado su respaldo pues, entre otras cosas, en su seno orgánico aún se mantiene la organización agraria UPA, una de las tres convocantes del paro general.

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