El dilema de Díaz Ferrán y los amigos de Herrero

Cuando Gerardo Díaz Ferrán presentó hace dos semanas su dimisión como presidente de la CEOE, en una estrategia que buscaba única y exclusivamente ser ratificado en el cargo, la cúpula de la organización la rechazó e hizo piña en torno a su patrón. Tres razones principales hubo. La primera, mostrar a la sociedad española que la crisis económica también se está cebando con los empresarios, no sólo con los trabajadores, y ahí queda su líder como ejemplo de miles y miles de compañías morosas y abocadas a la quiebra. La segunda, aceptar la renuncia hubiera sembrado dudas sobre su capacidad de gestión, dando a entender que ésta era desacreditada por la patronal, y hubiera puesto en cuestión la estrategia desplegada a lo largo del último año en torno al diálogo social. Y tercera y última, no revelar una imagen de división interna, dado que aún no hay candidato de consenso para la sucesión.

Sin embargo, la fractura patronal parece inevitable, a tenor de los graves sucesos acaecidos con el fiasco de Air Comet, y, de hecho, comienzan a salir voces críticas que, desde dentro de la CEOE, reclaman una dimisión no en falso, sino aplaudida por los patronos, que dispondrían de dos semanas en enero para acordar un nombre que, aceptado por todos, sustituya sin polémica ni periodo transitorio a Díaz Ferrán.

Está claro que el experimento de poner al frente de la organización a un empresario, y no a un ejecutivo sin empresas como en su día lo fuera José María Cuevas, ha fracasado, por cuanto Díaz Ferrán, a quien gusta mandar al tiempo que representar, ha tenido que combinar la gestión de su grupo empresarial con la presidencia de la CEOE, y este último puesto, y más en tiempos de crisis económica y de enfrentamiento con los sindicatos, exige una dedicación plena, similar a la que, como directivo a sueldo, ejerce Santiago Herrero en la Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA. La imagen particular, para bien o para mal, termina afectando a la general.

Salvando, y mucho, las distancias, el cargo debería asemejarse al de un liberado sindical, y en el caso de la CEOE podríamos llamarlo un liberado empresarial. No nos podemos imaginar a un Ignacio Fernández Toxo como secretario general de CCOO y, a la vez, siendo presidente de un comité de empresa por ejemplo de la siempre conflictiva compañía Astilleros de Sevilla (y reitero, salvando mucho las distancias).

Era el modelo con el que precisamente Herrero le disputó a Díaz Ferrán, hace ahora dos años, las riendas de la CEOE, aunque perdió por goleada frente a un sucesor nombrado a dedo por Cuevas. Cuando le tocó ser reelegido, allá por la primavera pasada, el máximo responsable de la CEA renunció a presentar batalla y aceptó presidir la Comisión de Relaciones Laborales de la patronal nacional, pues ni tenía apoyos suficientes ni quería pugnas internas en unos momentos en que éstas no convenían (debilidad interna de los empresarios frente a unos sindicatos fortalecidos por la acción del Gobierno socialista).

Díaz Ferrán bajó de Madrid a Sevilla más que en toda su vida en el primer cuatrimestre de 2009, hasta granjearse el respaldo andaluz, aunque desde la CEA se entendió que el ascenso que lograba su patrón no constituía ningún cheque en blanco por mucho que cesaran los dardos envenenados que, desde aquí, se lanzaran contra la gestión de Díaz Ferrán. Una imagen de ambos en una corrida de toros en la Maestranza sellaba la paz, o más bien el concordato.

Pero Santiago Herrero, desde la prudencia, ha sabido jugar bien sus cartas, y a diplomático no le gana nadie. Su actual puesto en la CEOE es un auténtico trampolín, dado que es estratégico en el diálogo con sindicatos y Gobierno en puertas de una reforma laboral (la habrá en el primer semestre de 2010, aunque en formato mini) y, asimismo, acumula una dilatada experiencia en acuerdos de concertación, como demuestran los siete negociados con la Junta de Andalucía y los sindicatos regionales UGT y CCOO.

Y hay más. Herrero ya no está tan solo, sino que, en este tiempo, se ha labrado simpatías en el seno de la CEOE, y no en vano muestra una especial afinidad con los catalanes (Joan Rosell) y vascos, y hasta el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, lo ve en Madrid. Pero, al menos por ahora, no hay ningún movimiento público y es casi pleno el respaldo a Díaz Ferrán en la CEOE. A ver cuánto dura, porque la solidaridad para con ese empresario que lo pasa mal no puede ni debe ocultar sus errores, que los ha tenido (algunos de ellos no fácilmente comprensibles por parte de la sociedad) y salpican, se quiera o no, a la organización que preside.

P. D.

La parva. Lo cortés no quita lo valiente. Con un comunicado oficial, Unicaja felicitaba a Ginés García Beltrán tras ser nombrado nuevo obispo de Guadix, y eso a pesar de los numerosos roces con la Iglesia a cuenta de la fusión con Cajasur. Había un motivo clave: García Beltrán fue miembro del consejo de administración de la entidad financiera malagueña en representación del Obispado de Almería como una de las entidades fundadoras de Unicaja.

La simiente. De todo lo sucedido en Air Comet, lo que más duele es que la historia se repita en Navidad y con ciudadanos latinoamericanos, los mismos que sufrieron hace dos años el fiasco de Air Madrid. Y en muchos casos, son inmigrantes que trabajan en España y que ahorran durante años para poder pasar estas fechas con las familias en sus países de origen. Vaya mi solidaridad por delante.

La paja. Estaremos en crisis y con la inflación por los suelos, pero vaya subidón que experimentan algunos servicios básicos cuyos precios aún están regulados por el Gobierno.

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