La alcantarilla de las ayudas empresariales

Escalofríos me han entrado al leer el artículo de Ginés Donaire en El País donde anuncia el cierre de la planta de biodiésel de Linares, aquélla levantada hace apenas tres años sobre la antigua Azucareras Reunidas de Jaén. Y no me escandalizo por el cerrojazo en sí, uno más en esta ya larga crisis económica, sino por la veintena de millones de euros de ayudas públicas, que no salen de la chistera del mago, sino de nuestros bolsillos, recibidos para un proyecto que se va, hablando mal y pronto, al garete.

De entrada hagamos de abogados del diablo, que de salida sentenciaremos contra él. No podemos olvidar que fue la propia Comisión Europea la que, para adecuarse a una Organización Mundial del Comercio (OMC) cuyas reglas agrarias unos cumplen (los europeos) y otros procuran ignorar (los estadounidenses), llamó a la reestructuración de la industria azucarera comunitaria, que habría de recaer especialmente en los países menos productivos, caso de España, malditas sean la climatología y la presión ejercida por Francia y Alemania. ¿Cómo lo hizo?

Pues incentivando dos tipos de abandonos. Por un lado, el del cultivo de la remolacha azucarera, centenario en tierras andaluzas. Por el otro, el de las fábricas, subvencionando el cese de actividad y la reconversión hacia negocios distintos. Y cupo de producción que se pierde no se recupera.

Coincidió la reforma de la Organización Común de Mercado (OCM) del azúcar con otra llamada de Bruselas, esta vez a los agricultores, para que sembraran energía, es decir, que optaran por los cultivos (cereales, oleaginosas) que sirven de materia prima para la elaboración de los biocombustibles (biodiésel, bioetanol). Una revolución verde que, aseguraba, iba a diversificar la actividad rural y a generar mayores ingresos a los productores.

Antes de pasar a las consecuencias de ese tanto vociferar comunitario, detengámonos en la industria. La reestructuración se emprendió, y con rapidez. Azucareras Reunidas de Jaén, otrora una próspera compañía en la provincia, cerró a cambio de las ayudas citadas, mientras que el grupo Ebro Puleva clausuró dos de sus tres plantas andaluzas y, a la larga –la operación se materializó el año pasado- terminaría vendiendo todo el negocio azucarero a la multinacional British Sugar. La tercera gran empresa del sector, la cooperativa castellanoleonesa Acor, saldría bien parada, puesto que en su área de influencia se concentra el mayor rendimiento remolachero de España, frente a la seca Andalucía, cuyo campo vio reducidas las siembras a un tercio respecto a la superficie tradicional.

Pero hablábamos de consecuencias, y ahí van. Por lo pronto, los proyectos de bioetanol y, especialmente, de biodiésel se dispararon por doquier, e implicaron tanto a grandes compañías, como Abengoa y Ebro Puleva, como a pequeñas. Más tarde, y tras estallar la burbuja inmobiliaria, la especulación en los mercados agrarios desembocó en un encarecimiento de los cereales y oleaginosas que, sumado al sí pero no del Gobierno a la hora de establecer por ley un porcentaje obligatorio de mezcla de biocombustibles y carburantes tradicionales (gasolina y gasoil) y a las reticencias –cuando no obstáculos- de las petroleras al respecto, que ven peligrar su negocio y, por tanto, poco ponen de su mano, acabarían por reducir la ansiada rentabilidad.

Sólo un dato. Las ocho plantas de biodiésel que actualmente están operativas en Andalucía (siete cuando cierre la de Linares) trabajan por debajo de su capacidad productiva, mientras que, paradojas de la OMC, se importan desde EEUU biocarburantes más baratos porque allí sí reciben una elevada subvención que los hace rentables.

Hasta aquí, todo cuesta arriba para la fábrica linarense, propiedad de la sociedad Libitec, cuyos gestores, no obstante, tampoco han atinado en el plan de negocio ni en la búsqueda de salidas, y ésa es su parte (gran parte) de responsabilidad. Sin embargo, cabe preguntarse qué ocurrirá con las multimillonarias ayudas públicas que ha recibido tanto de la Unión Europea como de la Junta de Andalucía. Y es que esa veintena larga de millones de euros (24) duele más si cabe en estos tiempos de crisis económica, y se irá por la alcantarilla si, al final, se consuma la clausura.

No sé cómo, pero la legislación comunitaria, española y andaluza deberían articular la fórmula para, si no todo al menos en parte, recuperar el dinero concedido a los proyectos empresariales fallidos, sea en metálico (poco probable), sea en activos (terrenos, edificios y maquinaria), y que tal devolución o compensación se ejecute por la vía de urgencia. Quisiera saber qué ha sido de las reclamaciones que, en este sentido, realizó la UE y el Gobierno autonómico a la multinacional estadounidense Delphi cuando se fue de la Bahía gaditana, si quedaron en meros titulares de prensa, y mal nos pese creo que sí. Loables son las subvenciones que se dan para que florezca el tejido productivo y, con él, el empleo, pero censurables si son para flor de un día.

P. D.

La parva (I). Dicen que el cajero tenía previsto presentarse a las elecciones a la presidencia de la Federación Andaluza de Cajas de Ahorros (FACA) y que se lo planteó a quien ejercía el cargo, Braulio Medel. Éste respondió: “Yo también me presento”. No había más que decir. Con cinco entidades socias, tres de ellas implicadas en una misma fusión y una cuarta con un presidente recién llegado, el rival no tenía posibilidades. Ni se atrevió.

La parva (II). La consejera de Agricultura y Pesca, Clara Aguilera, ha relevado al director general de Fondos Agrarios, Félix Martínez Aljama, quien llevaba en el cargo desde tiempos del consejero Paulino Plata. Sólo quedan dos supervivientes de la etapa de Isaías Pérez Saldaña: Ricardo Domínguez (Agroindustria) y Judith Anda (Producción Agraria). El resto del equipo de directores generales y otros altos cargos se renovó. A Martínez Aljama le sucede Pedro Antonio Zorrero, un hombre de la casa y también ampliamente vinculado a una gestión de fondos agrarios que siempre acarrea polémicas con los agricultores, porque éstos quieren cobrar a su tiempo las ayudas comunitarias, y sus ánimos se encrespan cuando existen retrasos y errores, como ha podido comprobar la consejera en los últimos meses.

La simiente. Las cajas rurales sí entienden de colaboración. Ahí están el grupo Caja Rural, el Banco Cooperativo, los dos movimientos de SIP (Sistema de Protección Institucional) que en estos momentos se negocian y el grupo forjado en torno a la andaluza Cajamar. El SIP encabezado, entre otras, por la sevillana Rural del Sur, y cuyo presidente, José Luis García Palacios, quiere llevar al Banco de España en mayo, tiene un antecedente. Un amplio número de cajas intentó hace unos años consolidar (unir) sus balances, pero el supervisor no respondió. Ahora, en cambio, le urge.

La paja (I). A poco que se analicen bien las cuentas de las cajas de ahorros andaluzas y se cotejen con sus informes sobre Gobierno Corporativo, donde se recogen los ingresos por venta de participadas, se comprobará cómo los beneficios de la mayoría de ellas se han sustentado sobre las plusvalías generadas por desinversiones, puesto que los resultados del negocio tradicional, buenos pese a la crisis, se los comieron las reservas por el aumento de la morosidad y las pérdidas por el deterioro de activos, procedentes sobre todo del ladrillo.

La paja (II). Medio en broma medio en serio, los arroceros sevillanos, siempre críticos con la política de compras de Herba y SOS, hablaron con el ex consejero de Innovación, Ciencia y Empresa Martín Soler sobre la venta de la división arrocera de esa última compañía y la posibilidad de hacer una oferta andaluza. Pues sí, hay que reírse. Con lo contentos que están ellos siendo grandes en sus pequeñas cooperativas…

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One thought on “La alcantarilla de las ayudas empresariales

  1. Barquero says:

    Seis mil millones de euros nos cuesta a los españoles las subvenciones a las empresas productoras de «energias renovables»,…¡¡seis mil millones¡¡. Aqui, en epoca del maldito y maladado «Boom» inmobiliario, habia dinero para dar y regalar.Aqui hay politicos que se han creido que su mision era repartir,segun su conveniencia politica,el dinero publico(que como como dijo la insigne egabrense,no es dinero de nadie).Aqui se ha seguido regalando el PER y,mientras tenian que traer trabajadores de fuera porque a los de aqui no les merecia la pena ponerse a trabajar.Aqui se ha tirado el dinero en empresas como Santana Motor,Astilleros,Delphy,…aqui ,como ud. bien dice se ha tirado el dinero por la alcantarilla,pero los que tenian que poner el grito en el cielo,los que debian ejercer la critica,la prensa libre, se han callado como muertos(tal vez porque tambien recibian sus subvenciones y no es de recibo morder la mano de quien te da de comer).
    Ahora vienen los la mentos,el buscar los culpables fuera de nuestro entorno,…..no siga buscando,..¡¡el culpable es el PP¡¡,que para eso está

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