Las agallas de hoy que ayer faltaron

A uno se le divide el corazón entre la confianza y la desconfianza hacia la capacidad del Gobierno español para ajustar el déficit público a las exigencias impuestas por Bruselas. Confianza porque no tengo más remedio que tenerla, quienes nos gobiernan son los que son, y tal y como está el patio de la crisis y del principal partido de la oposición, poco ganaríamos con la convocatoria de unas elecciones anticipadas. Desconfianza porque es intención del Ejecutivo de acometer el recorte tan sólo por la vía del gasto, centrándolo sobre los funcionarios y pensionistas, eliminando el cheque bebé, recortando los beneficios de la ley de dependencia y reduciendo las inversiones públicas y la factura sanitaria.

Agallas ha tenido José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, de anunciar esta misma mañana -sólo tres días después del apremio de sus socios europeos para que aplicara una tijera adicional a las cuentas públicas y calmar así a la jauría de los mercados que había hecho de nuestro país su próxima presa- tan severo ajuste y la lista de los sacrificados. Tantas agallas como cobardía tuvo para, en su día, acometer las reformas estructurales que necesitaba la economía española en un afán de contentar a todos cuyas consecuencias las vamos a padecer ahora.

¿Un Gobierno social? Y un jamón. Las iniciativas más polémicas, aquéllas que atañen a los funcionarios y los pensionistas, me recuerdan, lo siento mucho, a los tiempos del decretazo de Aznar, haya o no rebaja ahora de derechos laborales, y centran el sacrificio sobre los trabajadores porque, en su día, Zapatero se negó a una reforma fiscal más progresiva que orientara la presión hacia las grandes fortunas y patrimonios. Pero, además, se sustentan sobre la mentira, porque hasta hace unos días seguía negando que los ajustes necesarios fueran a dañar a los citados colectivos, uno de los cuales, el de los funcionarios, ha seguido creciendo en número durante la ya larga crisis económica.

No me puedo olvidar de su ley, la ley por excelencia de Zapatero, la de dependencia, ley buena donde las haya y que tantos aplausos y esperanzas había cosechado, y que es otra de las damnificadas de los ajustes. Me atrevo a levantar la voz para denunciar su injusticia. En cuanto al cheque bebé, qué decir, si fue erróneo desde su cuna, cómo se puede dar la misma cantidad a progenitores sin distinguir entre clases económicas, ahora pagan justos por pecadores. Es una vergüenza, no encuentro otra palabra, que se reduzca la ayuda al desarrollo, a los pobres, fíjense qué atentado en un Ejecutivo que presume de social. ¿Y cómo afectará al empleo y al negocio de las empresas la reducción de la inversión pública también anunciada? Habrá que prepararse para un verano calentito.

Por mucho que lo niegue, las nuevas medidas son tan improvisadas como toda la actuación de este Gobierno en estos dos años de crisis económica, pues, insisto, no tuvo en su día agallas para afrontar las reformas necesarias, y al final ha accedido a muchas de las demandas iniciales de los empresarios que tanto denostó y emprendido el recorte del déficit no por iniciativa propia, sino por imposición externa.

No tenemos tiempo, es verdad, o aplicamos la austeridad con urgencia o los lobos nos comen. Se necesita el dinero ya, de ahí que Zapatero haya escogido el camino más fácil, el que reporta ingresos desde el momento de su aplicación y sin enfrentarse a complicados cambios legales, como pudiera ser una profunda reforma tributaria. Esperemos que los mercados, y los fondos especulativos a los que estamos sometidos, bendigan estos planes, porque como las agencias de calificación nos sigan poniendo en su punto de mira, la financiación de los intereses de la deuda pública española terminará comiéndose los ahorros conseguidos.

Es también intención del presidente Zapatero de no acometer aumento alguno de los impuestos, salvo la prevista subida del IVA el próximo julio. No son pocos los que ponen en duda su palabra, habida cuenta de la caída de ingresos estatales derivada de la crisis económica, mucho más intensa que en otros países de nuestro entorno con igual o superior impacto sobre del Producto Interior Bruto (PIB).

Y pasamos a las administraciones autonómicas y locales, tan propensas al engorde y no a las dietas. Estas últimas, que ya estaban echando sus cuentas antes de la urgencia del tijeretazo adicional al déficit, tendrán que volverlas a echar, arañando de aquí y de allá para contribuir al objetivo común del Estado.

Se preguntan en una escuela de negocios. “Si las empresas han logrado recortar sus costes hasta el límite para sortear la crisis económica, ¿por qué no lo va a poder hacer el Estado?” La respuesta es sencilla. En unas hay gestores, en otras, gestores y políticos, y sobre éstos últimos pesa más las próximas elecciones que el compromiso real y certero de emprender acertadas medidas para salir del agujero en el que estamos.

Me reprochará el lector, y merecidamente, que no se puede generalizar. Pues no. Sin embargo, los dos grandes partidos, PSOE y PP, son mayoría en este país, y sus dos líderes son incapaces de ponerse de acuerdo en sentar unas bases sólidas para una recuperación ansiada por unos ciudadanos a los que, aquí o allá, administran. El encuentro de Zapatero y el presidente de los populares, Mariano Rajoy, la semana pasada en La Moncloa fue tal paripé que sonrojo les debería causar a ambos porque, al margen del acuerdo para desbloquear las fusiones de cajas de ahorros (hubiera sido vergonzoso lo contrario, pues habría revelado que están más interesados en las prebendas que cosechan de estas entidades que en contribuir a la necesaria reestructuración del sector financiero), lo único que aportaron fue un mayor descrédito de la política ante los españoles.

Son legítimas las estrategias políticas, por supuesto, pero ello no debería ser obstáculo para, en tiempos revueltos, consensuar acuerdos por el bien del país, más allá de los partidistas. El sentido de Estado que tuvieron los grandes hombres de la Transición y de los primeros años de la Democracia –sólo cito aquí, por su relevancia económica y laboral, los Pactos de la Moncloa- brilla actualmente por su ausencia y prima la abundancia de zancadillas.

Pero volvamos al recorte del gasto. Al igual que las familias asfixiadas que no llegan a final de mes, en las administraciones debería entrar la conciencia del deber de ahorrar y, sobre todo, de no despilfarrar. Un ejemplo: en las últimas dos semanas, puedo contar hasta una decena de actos, encuentros y jornadas patrocinados por la Junta de Andalucía cuya utilidad, en estos momentos, quizás en otros no, pongo en cuestión. No se trata de ir al bulto y sacar todo el recorte de varias partidas, sino buscar y aniquilar el euro innecesario, ser hormiguitas que, grano a grano, se llevan el granero.

Queda la contestación social, a ver cómo justifican los sindicatos ante sus afiliados el viraje de José Luis Rodríguez Zapatero, a sabiendas de que de ellos también se espera responsabilidad, ésa que evite una crispación del país que podría empeorar las cosas. Si hacen falta sacrificios, que los hagamos todos, si hace falta rebaja de sueldos, todos contribuiremos para frenar la sangría del desempleo y propiciar la creación de empleo. Porque los empleados sí estamos a la altura de las circunstancias, los políticos, no.

P.D.

La parva. Por orden del Banco de España, los consejos de administración de Cajasur y Unicaja habrán de aprobar su proyecto de fusión con el 21 de mayo como fecha límite para que todo esté atado y bien atado el último día de junio. Para lo primero no habrá problemas, puesto que no hay necesidad de que el pacto laboral se incluya. Pero está cerca, aunque no con el consenso que se quisiera, la maquinaria de la división sindical ya está en marcha.

La simiente. En estos tiempos de crisis y de zancadillas, los organismos de representación de las autonomías en el extranjero comienzan a ser puestos en cuestión por los populares. Desconozco cómo funcionarán en otras comunidades autónomas, pero en el caso de la andaluza podemos estar orgullosos de la red exterior de Extenda, cuya labor, no lo digo yo, lo dicen los empresarios que con esta agencia trabajan, es encomiable. Sería un error de bulto atacar a Extenda, puesto que si hay un consejo unánime a la hora de buscar salidas a esta crisis, es la urgencia de propiciar una mayor internacionalización de nuestras empresas. No matemos a los organismos que la fomentan.

La paja. Una cosa es que las entidades financieras vigilen con sumo celo las garantías para conceder un préstamo y otro, que exijan a los empresarios intereses rayanos en la usura. Y esto está sucediendo en Sevilla. Los notarios lo atestiguan. Sugiero que los afectados difundan estos excesos en la red, así pondremos apuntar con el dedo a quienes están entorpeciendo la recuperación económica.

Standard

2 thoughts on “Las agallas de hoy que ayer faltaron

  1. Barquero says:

    El nuevo mantra parece ser que «la oposicion tiene tanta culpa como el Gobierno en la situacion caotica en la que esta España».Eso habra que repetirlo una y otra vez siempre que se tenga que criticar al gobierno,…es como la condena a la violencia «venga de donde venga»,cuando siempre viene del mismo sitio,….tambien «alguien» dijo que una mentira repetida un millon de veces se vuelve en verdad irrefutable.
    Ahora los que deciamos que se avecinaba una muy gorda y que eramos unos antipatriotas y agoreros,no podemos decir eso de «teniamos razon» porque tambien seriamos antipatriotas,ahora lo que hay que hecer es apoyar al gobierno, y si no ya sabes lo que eres.
    Lo que pasa es que muchos de los que le reian y aplaudisn las medidas absurdas,demagogicas y rumbosas de zapatero sabian que esto no tenia otra salida que el recorte de «lo sociá»,lo sabiais,porque teneis conocimientos y teneis informacion y….no dijisteis nada y no infoemasteis lealmente a vuestros lectores,…..por eso la culpa no es toda de Zapatero…y esta clarisimo que los recortes aun no han hecho mas que empezar……

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *