Dos gallos en el corral de las cajas

Tras quedar desbaratado el puzle financiero andaluz después de la intervención de Cajasur y su fracasada fusión con Unicaja, en la coctelera de las alianzas quedan todavía dos combinaciones, y en ambas el BEF (Banco Europeo de Finanzas o el banco de las cajas andaluzas) podría estar llamado a jugar un papel vital. En este contexto de reestructuración del sector surge, asimismo, la pregunta de quién desplegará a medio plazo el liderazgo de las finanzas regionales, puesto que el cajero que ahora lo ejerce no vive precisamente sus mejores momentos.

Fuentes financieras, políticas y sindicales aseguran que el BEF, gestado en su día para canalizar inversiones “estratégicas” de las entidades andaluzas -aunque, al final, su labor deja bastante que desear–, encierra cierto parecido con el Banco Liberta, filial de Cajastur a través del que la asturiana absorberá a la intervenida Caja Castilla-La Mancha (CCM). En aquél participan Unicaja (ya con Caja de Jaén incluida), Caja Granada, Cajasol y Cajasur, pero está cuasi olvidado y, no en vano, se cuentan con los dedos de una mano las operaciones conjuntas que han realizado –entre ellas, la entrada en la aeronáutica Alestis, la antigua Sacesa–.

Y no es de extrañar que el BEF haya quedado arrinconado, pese al disgusto de su valedor, José Antonio Griñán, quien lo impulsó cuando era consejero de Economía en tiempos de Manuel Chaves como presidente de la Junta de Andalucía. Al contrario, es fiel reflejo de la tradicional falta de coordinación y visión conjunta de las cajas andaluzas, que, como dijera Martín Soler, ex titular de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, siempre estuvieron cada una en su “chiringuito” particular.

El escenario hipotético habla de una inmediata fusión fría (Sistema Institucional de Protección o SIP) en la que entrarían Unicaja y Cajasol, aunque en principio se trató de arrastrar a Caja Granada, que finalmente ha huido de esta opción acelerando su alianza con la catalana Caixa Penedès, Caja Murcia y la balear Sa Nostra.

Tal operación a la andaluza se orquestó a prisa y corriendo pues la intervención de la entidad cordobesa por parte del Banco de España dejó patas arriba la configuración de un mapa financiero que, por fin, parecía encarrilado según los gustos del Gobierno autonómico y del PSOE regional. A un lado Unicaja más Cajasur más Caja de Jaén, al otro Cajasol creciendo por otras vías (absorbiendo entidades pequeñitas) y en medio y en solitario Caja Granada.

Que las entidades malagueña y sevillana se unan es una vieja aspiración de la Junta de Andalucía, pero siempre ha suscitado el recelo por los enfrentamientos políticos y la alimentada rivalidad entre ambas provincias. Ahora, sin embargo, se trataría de una fusión no por la vía tradicional, yo me uno a ti y tú a mí en todo, sino mediante un SIP donde ambas mantendrían sus identidades jurídicas, las marcas, la Obra Social, el negocio minorista, las asambleas generales y los consejos de administración. La sociedad central, en su caso el BEF –cuya sede social está en Málaga–, administraría el negocio común.

Corre prisa esta opción, pues la idea sería acudir a la subasta de Cajasur que habrá de realizar en los próximos meses el Banco de España. “El marrón cordobés sería así más fácil de engullir”, indican fuentes sindicales. Pero estaría el problema residual del accionariado, ya que en el BEF participa también la granadina, salvo que ésta regrese al redil, algo que no está descartado, venda su porción o decida cooperar, y aquí cabría encuadrar la advertencia de Antonio Ávila, consejero de Economía, al referirse a que el SIP granadino no debe entorpecer la colaboración entre las cajas andaluzas. ¡Ah! Y queda el tema del liderazgo, pues Antonio Pulido, presidente de Cajasol, y su homólogo en Unicaja, Braulio Medel, son dos gallos en un mismo corral…

Pero la pelea ha cambiado. Si hasta hace apenas un mes Medel tenía todas las de ganar, el descontento en la Casa Rosa y en San Vicente tras el fallido matrimonio con Cajasur es palpable. Aunque el fracaso del enlace haya que atribuirlo principalmente a los curas del Cabildo de Córdoba, fundador de esta última, no pocos critican la escasa delicadeza y poca mano izquierda del presidente de Unicaja al negociar la operación, máxime si se tiene en cuenta que, de tanto tensar la cuerda, es la segunda caja de ahorros que se le escapa en un año –la anterior fue CCM–.

Por tanto, hablemos de un Medel en horas bajas y de un Pulido que, en estos momentos, sí ve relativamente bien un SIP que no le restaría protagonismo. Al contrario, a medio plazo lo reforzaría, habida cuenta de que su rival sólo se ha garantizado la presidencia de Unicaja mientras dure el periodo transitorio de la fusión de ésta y Caja de Jaén (a lo sumo, tres años, aunque la jiennense es tan pequeña que es pan comido de hoy para mañana) porque ya ha agotado todas las prórrogas posibles. A Pulido, en cambio, le quedarían algunos años más.

Por lo demás, las declaraciones tanto del PSOE-A como del Ejecutivo andaluz –incluidas las de su discreto consejero Ávila– dan a entender que no todo está dicho en la fuga de Caja Granada. Si ésta se integrara en el SIP con Cajasol y Unicaja, entonces se daría la cuadratura del círculo y los socialistas tocarían su largamente anhelada gran caja.

P. D.

La parva. Parecía que el único consenso posible entre PP y PSOE en materia económica era precisamente la reestructuración de las cajas de ahorros en España. El presidente de los populares andaluces, Javier Arenas, lo ha roto en Andalucía, convirtiendo el tema de la intervención de Cajasur en un motivo más para la polémica política. Ya que fue esta semana ha ido a Córdoba para abrirse una cuenta en la entidad, también podría haber aprovechado para visitar a los curas cajeros que entregaron la entidad al Banco de España. ¿O esa foto no le interesaba?

La simiente. Que el bosque de la Andalucía sostenible no nos impida ver los árboles de los sectores que, aun en crisis, se están comportando bien. El turismo es uno, la agroindustria, otro. Convendría mimarlos más.

La paja. Los ricos son ricos y no tontos. La maquinaria de las asesorías fiscales y de la banca privada (grandes patrimonio) ya está engrasada para que a las fortunas no les pille el incremento de impuestos que quiere realizar, mas aún no concreta, el Gobierno de Zapatero. Tres teclas de ordenador bastan para que los grandes capitales se muevan de allí para acá, de acá para allá, tratando de esquivar las cargas tributarias. Un experto en Fiscalidad decía, y dice, en sus clases orientadas a directivos que el arte del asesor fiscal consiste en caminar sobre el filo de la legalidad sin caer en la ilegalidad, de ahí la existencia de complicadas arquitecturas societarias que bordean la legislación tributaria. Eso de que quien hizo la ley hizo la trampa se cumple, y a rajatabla, cuando hay riqueza. Hacienda somos todos, aunque unos más que otros porque los primeros no saben, o no sabemos, de artificios para escurrir el bulto. De eso Zapatero es consciente, como también lo es de que los grandes patrimonios son los que compran la deuda pública, y que pasarse de la raya impositiva provocaría una huida de fondos, y no estamos para eso. El tema es complejo y salpicado de mucha demagogia.

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