Sábado sabadete en La Moncloa

Estoy en vilo, ni duermo pensando en el próximo sábado, cuando treinta empresarios españoles, ni uno más ni uno menos, acudan a La Moncloa convocados por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. El objetivo oficial, que contribuyan, desde sus respectivas compañías, a acelerar la salida de la crisis y, a la vez, generar un clima de confianza en la economía española y ser referentes para el resto del empresariado nacional. El oficioso, que el jefe del Ejecutivo, perdido y sin saber qué hacer, pueda hacerse la foto con unos señores (ninguna señora) más próximos al PP que al PSOE y que acudirán sin ganas, qué remedio si nos convoca el presidente, y con sus carteras llenas de reproches sobre cómo, desde el poder, se ha afrontado la difícil coyuntura que atravesamos.

Lo siento. Esta cumbre no me convence, por mucho que haya quien titule a cinco columnas. Quizás la imagen calme algo a los nerviosos inversores, aunque dudo de que llege al corazón de los especuladores, pero me pregunto qué pueden aportar unas compañías cotizadas (es decir, están en bolsa) que, por exigencias de sus accionistas, buscan maximizar el beneficio aplicando la tijera a sus presupuestos, cómo pueden contribuir unas constructoras que a duras penas tratan de superar la debacle del ladrillo y, encima, se encuentran con los recortes en la obra pública, y qué carga pueden asumir unos bancos y cajas de ahorros que están reduciendo red comercial y plantilla y aguardan con sumo pavor un 2011 que, en el ámbito financiero, será peor que 2010.

La improvisación pierde a un Gobierno que hace año y medio vio los primeros brotes verdes y que acaba, por fin, de aterrizar sobre a la realidad reconociendo que la recuperación va para largo y que, incluso, no se descarta una recaída. Su indecisión a la hora de afrontar las reformas necesarias, ahora sí, ahora no a ver si se calman las aguas, ahora todo, ahora sólo un poquito, demuestra su debilidad y, por supuesto, la más absoluta desorientación.

Cuando se habla de reformas siempre se piensa en las mismas: la laboral, ya hecha, la fiscal, que, a pesar de las pinceladas (IVA y recargo para las rentas altas), habrá que acometer, y la de las pensiones, prevista para la primavera próxima. Sin embargo, en este país de funcionarios, nos olvidamos de una gran reforma pendiente, la de la administración, cuántos organismos superfluos, cuánto dinero malgastado.

El Estado de las autonomías es un gran invento, sin duda, pero la cada vez mayor descentralización conduce a la duplicidad de organismos administrativos y de estructuras y, como abejas al panal, de cargos de partido disputándoselas. Administración central, autonómica, foral, provincial, local, mancomunidades, fundaciones con presupuestos bien fundados, servicios de estudios que estudian nimiedades, institutos y más institutos, obervatorios que observan lo observado y carteles, muchos carteles, cuanto más grandes mejor, aunque se abra una mera zanja.

Como este Gobierno ya tiene perdidas las elecciones, dos alternativas tiene. Primera, seguir con su indecisión, colocando parches aquí y allá hasta que se le abra el gran boquete y lleguen autoridades foráneas a arrebatar a España soberanía económica nacional, como han sido los casos de Grecia e Irlanda. Segunda, abordar con seriedad unas reformas que, aunque le cuesten La Moncloa, agradeceremos todos a medio y largo plazo.

Mientras tanto, tranquilos, tengan ustedes un buen despertar el sábado, aprovechen el día, que es sábado sabadete. España no cambiará con la cita de La Moncloa, pero nosotros seguiremos titulando a cinco esta política de gestos, fotos y búsquedas a la desesperada.

P.D.

La parva. La Consejería de Agricultura ha recortado en unos 6 millones de euros las ayudas a la contratación de seguros agrarios para el próximo ejercicio. En el departamento de Clara Aguilera aseguran que hay negociaciones con Agroseguro, cuando concluyan retornará esa partida y que la Junta de Andalucía mantiene sus compromisos con el aseguramiento privado de las explotaciones agroganaderas. Esperemos que así sea, porque a Aguilera se le llena constantemente la boca al hablar del respaldo autonómico a los seguros agrarios…

La simiente. Si a un cajero andaluz le llama por una línea el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y por la otra, el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ¿a quién atiende? Si quien recibe las llamadas es un presidente de una caja con próximas dificultades, ¿de quién recibe órdenes? La alianza de Cajasol la abordaré en una próxima entrada de La Siega para hablar largo y tendido, pero vaya por delante que la entidad ha servido al amo correcto…

La paja. Le entran a uno escalofríos con las impresionantes pérdidas afloradas en Cajasur. Una auténtica barbaridad. Y los curas, que son los causantes, aún quieren poner el cesto. Pero cuidado, que las cuentas de 2010 en el resto de las cajas nos revelarán grandes sorpresas, y no precisamente buenas. La actualización de la valoración de los activos, que suele hacerse con el cierre del año, obligará a fuertes provisiones y, por ende, a cargarlas contra las cuentas de resultados. Primero, por la devaluación de las viviendas en su poder y de las inmobiliarias que controlan. Segunda, por las exigencias de dotaciones reforzadas impuestas por el Banco de España. Y tercera, por la depreciación de sus participaciones bursátiles, a tenor de cómo se está comportando el parqué, mal, muy mal.

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