Señores cajeros, se acabó

Se creían las cajas y los cajeros que podrían mantener su statu quo como si aquí no hubiera pasado nada. Sí, fusión por aquí, SIP por allá, cojamos el dinero del FROB, limpiemos con él nuestras plantillas, cerremos oficinas, y ya está, sigamos funcionando como hasta ahora y avancemos en nuestros deberes internos pasito a pasito, sin agobios, apliquemos el ahorita mismo de los mexicanos. Pero la paciencia se pierde y, curiosamente, más al Gobierno central que al Banco de España, y la urgencia se impone porque los suspensos en los próximos test de estrés acarrearían poner en cuestión, aún más si cabe, la economía nacional ante los mercados internacionales, e incrementar su exposición ante los tiburones financieros.

Las cajas de ahorros se jactan de los dos siglos de éxito de su modelo, pero la historia no es suficiente aval para que sobrevivan en el entorno actual, entre otras cosas porque están limitadas a la hora de captar capital, dado que en ellas no cabe la presencia de accionistas privados. Están sometidas, por lo demás, a un dilema: ser actores de un negocio tan privado como el financiero al tiempo que alardear de sus orígenes y carácter públicos.

Éstos, sin embargo, se constriñen actualmente primero a una más que cuestionada representación pública (administraciones, sindicatos, organizaciones variopintas e impositores condicionados por unos o  por otros) en sus órganos de gobierno, cuando deberían estar ocupados por profesionales y no meros floreros perceptores de dietas, y segundo a las actividades de la Obra Social, sí loable, aunque no pocas veces granero de voluntades de toda índole, desde las políticas hasta las eclesiásticas.

La comparecencia de hoy, anunciada por sorpresa, de la ministra de Economía, Elena Salgado, equivale a un basta ya, ni una concesión más, tenéis, cajas de ahorros, hasta otoño para realizar vuestros deberes, y quienes no los hagáis, seréis sometidos a la voluntad del Estado, la nacionalización total o parcial, ahí quedan los recientes ejemplos de Caja Castilla-La Mancha y Cajasur, y el más sonado de todos, el de Banesto en tiempos de Mario Conde.

Con las exigencias de que las entidades eleven su ratio del core capital (básicamente, el capital sano, compuesto por el social más las reservas y libre de emisiones de deuda, que para el común de los mortales es decirle mire, esto es lo que tengo en limpio, ni más ni menos, sin hipoteca alguna), el Ejecutivo les está diciendo especialmente a las cajas de ahorros que si su modelo no funciona en estos tiempos que corren, que busquen la fórmula para transferir el negocio (reitero, el negocio, que no su esencia jurídica) a un banco, libre, por supuesto, de toda injerencia de políticos y regentado por financieros puros y duros, de los que saben), mientras que la Obra Social quedaría en manos de una fundación.

Sería una mezcla entre los actuales SIP y la fórmula adoptada por la BBK para absorber la cordobesa Cajasur, convertida en un banco, pero resguardando la Obra Social vía fundación. Y digo mezcla porque en el Banco de España no gusta cómo se están desarrollando los SIP (fusiones frías) actuales, porque no pocas cajas y, sobre todo, no pocos cajeros se aferran al statu quo del que hablaba al principio de esta nueva entrada del blog. En los últimos días, y quizás para excusar al Gobierno, muchos comentaristas están echando piedras contra el tejado del supervisor por no ser más duro en la reestructuración de las cajas de ahorros, pero lo cierto y verdad es que, sin una legislación de por medio, la institución que dirige Miguel Ángel Fernández Ordóñez puede apretarles hasta cierto límite, precisamente el legal.

La tesis de que el modelo de las cajas de ahorros no sirve tal y como está concebido se refuerza con el siguiente argumento. Las entidades que están más en el ojo de mira –girémoslo hacia Cataluña, y no hablo precisamente de La Caixa, Galicia y Castilla y León- son aquéllas que han nacido de la fusión plena de otras cajas de ahorros, es decir, una fusión pura y dura y no un SIP con un banco como cabecera sociedad central. Es decir, que la unión de varias cajas de ahorros no necesariamente implica el nacimiento de una caja más fuerte si ésta, al final, sigue llevándose por la inercia. Me pregunto, en este sentido, qué hubiera sido de una única caja o de una gran caja en Andalucía…

Sentencio. Los bancos han ganado a las cajas y el Estado español no puede seguir siendo tan alegre arbitrando recursos públicos si poco o nada cambia en las entidades receptoras, por mucho que éstas se comprometan a devolverlos con altos intereses (7,75%). Al final, caen las semillas en tierras baldías.

P. D.

La parva. Demasiado tiempo ha tardado el Gobierno en coger el toro por los cuernos. Todo se ha acelerado ante la próxima visita de la canciller alemana, Angela Merkel. Qué cierto es que la política económica nos la están imponiendo desde Europa…

La simiente. Me da la impresión de que, pese a las reticencias, estamos ante una reforma que beneficia a las grandes cajas, en especial a La Caixa, que sería el tercer banco de España, tras el BBVA y el Santander, si opta por su transformación.

La paja. Estoy seguro que el “acelerón” del que habló  Rubalcaba tiene muchísimo que ver con los datos que están suministrando las cajas de ahorros sobre su exposición al ladrillo, y que hay más debajo de la alfombra de lo que, hasta ahora, han declarado.

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