Cuando Rumasa era mi querida Rumasa

A principios de 2008 Nueva Rumasa anunciaba la compra, a golpe de un talonario basado en el endeudamiento financiero, de la bodega jerezana Valdivia y del hotel anexo, cuyo anterior propietario, que se autocalificaba de un enamorado del vino, recuperó la histórica marca y restauró el cortijo precisamente para venderlos, más amor da el dinero que un caldo. Me sorprendió aquella operación porque revelaba, ante todo, que los Ruiz-Mateos, en su afán por reconstruir su imperio empresarial, estaban dispuestos a pagar duros por pesetas, si bien es cierto que aún se vivían los últimos coletazos del boom económico.

El grupo, sin embargo, apuntaba maneras desde mediados de la década, con el viejo estilo de desestabilizar el accionariado de empresas familiares agroalimentarias anunciando, a través de la prensa, su intención de adquirirlas, procurando seducir a quienes, dentro del capital, padres, hijos, primos, sobrinos, cuñados, y como en cualquier casa, son más proclives al dividendo que a la reinversión de las ganancias.

Ocurrió, por ejemplo, con la compañía González Byass, la del Tío Pepe, que finalmente declinó una oferta en la que Rumasa estaba dispuesta a pagar más incluso que el volumen de facturación de la bodega, un canje empresarialmente inédito. Ocurrió, también, con el grupo sevillano Ybarra que, ante la deficiente gestión interna y una sonora disputa entre sus accionistas, encontró en la aceitera Migasa a su salvador. Y ocurrió, más recientemente, con SOS, la dueña de los aceites Koipe y Carbonell, que, tras los problemas con los hermanos Salazar, sus antiguos administradores, lanzó una opa que, sin embargo, ya pocos se creían.

Mientras, las reiteradas advertencias de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, cuidado, decía, que los programas de pagarés de Rumasa no están sujetos a control, a ver, inversores, qué hacéis, quitan razón a quienes ahora se lamentan de qué pasará con su dinero, y también a varios cargos del PP que, a río revuelto, critican al Gobierno porque, alegan, no ha hecho lo suficiente para evitar una cuasi bancarrota que pone en peligro una decena de miles de puestos de trabajo en todo el país. Y aquí quería llegar yo.

A no pocos ejecutivos regionales, y recordemos que el holding está en media España, la familia Ruiz-Mateos les ha servido como salvadores de empresas en crisis y, por qué no, como quítame este conflicto laboral de aquí, qué respiro. Ahí están los casos del cese de actividad de Central Lechera Asturiana, cuya fábrica sevillana alquiló Clesa y que ahora quiere soltar precipitadamente, o de Primayor en Jaén, la heredera de la antigua Cárnicas Molina, que bastantes sofocones dio a la Junta de Andalucía y a los consejeros que de esta provincia procedían, sobre todo a Gaspar Zarrías.

Aquí estriba el porqué de las livianas declaraciones de los gobiernos autonómicos respecto a la crisis de Nueva Rumasa, con la que aún tienen comprometidos incentivos, como es el caso del andaluz para la fábrica de platos preparados prevista en Jaén. ¡Si hasta hace pocos meses negociaba con el Ejecutivo extremeño la compra de un matadero en el sur de Badajoz!

El emporio de Nueva Rumasa es muy grande y especialmente importante para la industria agroalimentaria. Menos mal, respiremos, que no se quedó con González Byass, Ybarra y SOS, pues entonces el mal hubiera sido todavía mayor. En los cuatro meses de plazo que tiene el grupo para renegociar con sus acreedores, que es el periodo de tiempo que le concede la legislación concursal, a la familia sólo le cabe poner sobre la mesa salidas reales, y no castillos de arena que, con el tiempo, se desmoronan, y en este caso llueve sobre mojado, 28 años se cumplen de la primera debacle del holding.

Primera alternativa, la entrada de fondos de inversión internacionales, y ya sabemos cómo actúan, quieren rentabilidad, y eso implica limpiar. Fuentes de la industria agroalimentaria sentencian. “Este grupo está laboralmente sobredimensionado”. Es decir, que sobran trabajadores. Pero, ¿quién se sigue fiando de los actuales gestores, los Ruiz-Mateos? Segunda alternativa, vender el imperio por partes para obtener caja y, así, pagar a la banca, a los proveedores y a la plantilla. La cuestión es si existen inversores con capacidad para comprar. “Los hay. Recordemos la operación de Ebro Foods en SOS”, relatan. Y tercera y última alternativa, un acuerdo con los acreedores, en especial con bancos y cajas de ahorros, salida, por lo demás, harto compleja, dado que las entidades financieras nos están acostumbrando últimamente a no aceptar las renegociaciones de deuda.

P.D.

La parva. El discurso de Santiago Herrero ante la asamblea de la patronal andaluza CEA tenía un contenido empresarial y laboral relevante, pero se perdió en la novedad del distanciamiento del Gobierno regional y el desplante a los actos institucionales del 28-F. Vaya por delante que no me ha gustado esta última decisión, por mucha razón que tenga el patrón al asegurar que hay empresarios de sobra que merecen el reconocimiento de una medalla de Andalucía, como también la merecen los sindicalistas que, día a día, defienden los derechos de los trabajadores, y no he visto ningún feo que parte de CCOO y UGT al día de los andaluces. En fin, volviendo al discurso, Herrero habló de una reforma laboral más en profundidad, de que el reciente pacto social, que rubricaron el Gobierno, los sindicatos y la propia CEOE, tiene más promesas que compromisos, y de que el acuerdo de moderación salarial podría saltar por los aires si la inflación sigue descontrolada.

La simiente. Bienvenida sea la apertura del nuevo centro comercial de Sevilla Este, aunque parece que han puesto primero la carreta antes que los bueyes, ya que el crecimiento urbanístico previsto sólo se nota en las grúas, los bloques a medio construir y los construidos pero desérticos. El barrio de Alcosa gana vida, y mucha.

La paja. Lo siento, pero aquí queda esto. Al tiempo que soluciona conflictos laborales, a la Junta de Andalucía, en concreto a su Consejería de Economía, se le va a quedar el sambenito de asumir empresas en crisis con la intención de reflotarlas y buscarles socios pero, al final, se ve en la obligación de cerrarlas al no conseguir ni una cosa ni la otra. Sucedió con Astilleros de Huelva, sucedió con Santana Motor y puede suceder con Astilleros de Sevilla. Tantos años, incluidos los del boom económico, rastreando un socio para la compañía automovilística linarense y anunciando que estaba cerca… Menos mal que las empresas que sustituirán, en una mínima parte, la actividad de Santana están más amarradas que en Deplhi. Y menos mal que el grifo del dinero público para las prejubilaciones sigue abierto, pese a la que está cayendo, la reforma de las pensiones y los escándalos de los ERE.

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