Hacen falta líderes, y aquí sólo tenemos políticos

Me prometí a mí mismo no hablar de política en este blog pero no puedo ponerme una venda en los ojos tras la renuncia de Zapatero a ser el candidato del PSOE a las próximas elecciones generales y la pugna interna de los socialistas andaluces. Y no puedo hacerlo, sencillamente, porque la espantá del primero y el avispero de los segundos condicionan la evolución económica, al incrustarle una incertidumbre añadida, y revelan, con mayor evidencia que nunca, que quienes nos gobiernan están mucho más ocupados en sus batallas partidistas que en el interés general por salir de una crisis que, aunque no han generado, sí han agravado dando palos de ciego.

Estoy seguro, segurísimo, de que las reformas económicas emprendidas por el actual jefe del Gobierno, aunque impuestas en su mayoría por la Unión Europea, serán valoradas en su justa medida con el paso del tiempo. Su impopular tinte hace que ahora, agobiados como estamos por la negra coyuntura, que tiene en el desempleo su impacto más cruel, nos empecinemos en rastrear sólo aquello que es malo, lo que nos duele, y obviemos lo bueno que, si bien con largas miras, pueda haber en los cambios acometidos en materia laboral, financiera y de pensiones.

Digo que este Gobierno ha empeorado la crisis porque siendo muchas, muchísimas, las diferencias que nos separan de Alemania, entre ellas la histórica voracidad inmobiliaria española, algo muy grave debe estar pasando, y a lo que aún no nos hemos enfrentado, para que las distancias sigan aumentando y España esté entre los farolillos rojos del crecimiento económico y el empleo. No me vale ya la excusa de que estamos ante una crisis económica de dimensión mundial, porque sencillamente es mentira. Se localiza en países concretos, frente a la recuperación de las locomotoras europeas y de EEUU, y a ver quién me dice que en China o Brasil, por ejemplo, hay crisis.

Un líder convencido de las políticas que despliega arrastra a la sociedad a secundarlas y trabajar en comunión por sacar adelante un país. Hacen falta líderes, pero aquí, en España, sólo tenemos políticos, sean de izquierdas o de derechas, qué más da. Ni lo es el ahora interino Zapatero, ni lo es Griñán, y no lo son no ya de cara al público y sus votantes, sino ante sus propios partidos.

Leo en muchos artículos de opinión que es bueno que el presidente del Gobierno se haya decidido a revelar su futuro, pues así resuelve las incertidumbres creadas sobre su continuidad, y aquí debo alegar dos cuestiones. ¿Quién generó esa incertidumbre? El propio Zapatero, jugando a un halo de misterio en un Estado, España, que no está precisamente para entretenerse en deshojar margaritas. ¿Qué incertidumbres solventa? Ninguna, ni la del PSOE, abocado a la convocatoria de primarias en el seno del partido, ni la económica, cuestión esta última que huye, cual alma del diablo, de las incógnitas por despejar.

En efecto, cunde la sensación de estar en un país descabezado, donde sus dirigentes se afanan más en la guerra de guerrillas partidista que en destinar la totalidad de sus esfuerzos a fraguar políticas con las que dejar atrás lo antes posible la sangría económica y laboral. La revisión a la baja de las previsiones de crecimiento y empleo, admitida esta misma semana por la ministra Salgado, cuestiona la efectividad de la reforma laboral, y aunque el Gobierno se agarra al incremento de las afiliaciones a la Seguridad Social, gran parte está vinculada a simples contratos por horas.

Las patronales se quejan de que no es la reforma laboral que ellos quieren –tampoco la quieren los trabajadores, ahí queda la réplica- porque, según arguyen, aún persiste la inseguridad jurídica. Uno se pregunta si realmente es así. No quiero ni pensar que los empresarios traten de precipitar un cambio de Gobierno retrasando la generación de empleo. Insisto, no quiero ni pensar en la teoría de que, con el PP, estarían mejor…

Estoy cansado, además, de oír el anuncio de un plan de choque contra la economía sumergida y una mayor vigilancia sobre el cobro del subsidio por desempleo, y la promesa de que cada parado, nada más y nada menos que 4,3 millones de personas, tendrá un itinerario personalizado de formación y búsqueda de empleo. Quizás sea una mera casualidad, pero no conozco a nadie, absolutamente a nadie, y miren que, por desgracia, están sin ocupación muchos amigos y familiares míos, que haya sido llamado por los Servicios Públicos de Empleo para trabajar, aunque, por supuesto, quizás sea una mera casualidad. Y en cuanto a ese itinerario, ja, ja y ja.

A Zapatero le queda aún quemarse con otras reformas, la de las administraciones, pero, y volvemos a los partidos, tantos políticos hay colocados en ellas que a poco que salte, todos encima. Su empeño para cambiar la negociación colectiva, impuesta también por la señora Merkel, está bien, y ahí se afanan patronales y sindicatos en amarrarla sin que se note en exceso la influencia de la canciller. Igual tesón debería tener en el control del gasto público, aunque a tenor de cómo votaron los socialistas y populares en el Parlamento Europeo acerca de los vuelos en primera y en turista (dicen que por error, yo digo que conscientemente, hasta que se armó la polémica en el Twitter), constatamos que no se aplican el cuento de la austeridad que predican. En casa de herrero, cuchara de palo. Vergonzoso.

Y llegamos a Andalucía. Como el foco de atención ha sido el Gobierno central, hemos quitado la vista a la evolución económica y laboral de esta comunidad, cuyos registros están entre los peores del país. El liderazgo se demuestra con hechos, estrategias, políticas, y a Griñán le falta liderazgo hasta en su partido, cuanto más de cara a la calle. Qué lástima que el brío destinado a la pelea, y a la defensa de los escándalos que azotan al Ejecutivo regional, no se haya dedicado a más estrategias efectivas contra la crisis.

Hace unos días, Rajoy era entrevistado en la cadena SER y una de las periodistas le dijo que apelar al voto descontento de los socialistas con un programa electoral para éstos y los populares, como el líder del PP anunció, era destrozar las ideologías. Mejor aglutinar éstas que, como este Gobierno, presumir de ideologías sólo de izquierdas  que, al final, se pirden por el camino, por muy válidas que eran y sean.

P. D.

La parva. A ver. La Junta de Andalucía es accionista de la empresa aeronáutica Alestis, con casi una quinta parte del capital social y participa en su consejo de administración. Si Alestis ha presentado un ERE sobre parte de los extrabajadores de Delphi, ¿una decisión tan importante ha permanecido al margen de su consejo? Creo que no, máxime cuando es un tema que ya este órgano viene sopesando desde noviembre pasado. Así que no me vale el argumento del consejero de Economía, Antonio Ávila, de que Alestis es una empresa privada, no pública, para no pronunciarse al respecto. ¿O es que no tiene control sobre el capital aportado a esta compañía, que procede de todos los contribuyentes? ¿O la Junta sólo está para inaugurar sus instalaciones, como hizo Martín Soler, exconsejero de Innovación, con la ampliación de la planta de Brasil? Hay que estar a las duras y a las maduras, y no escurrir el bulto cuando las cosas no van bien.

La simiente. Perdónenme que esta simiente se la dedique a una colega de profesión, Eva Ruiz, que durante muchísimos años dirigió el departamento de Prensa de la organización agraria COAG de Andalucía, de la que ha salido recientemente, llamémosles avatares de la vida. Mi reconocimiento personal a una gran profesional muy comprometida, además, en la causa de la Memoria Histórica, hasta el punto de rastrear papeles y papeles para encontrar quién, por qué, cómo y cuándo mataron a su abuelo durante la Guerra Civil. Suerte, querida Eva.

La paja. La encomienda de gestión del Guadalquivir a la Junta de Andalucía tras la sentencia del Tribunal Constitucional, que ha dicho, básicamente, este río es del Estado, constituye un gran invento. Se vende como un logro, cuando no es más que un periodo transitorio para que las competencias retornen de la Agencia Andaluza del Agua a la Confederación Hidrográfica, es decir, del Gobierno autonómico al nacional. Un histórico cargo de la CHG ha reconocido en privado el desbarajuste que implica esta nueva mudanza. Tanto, que los cargos del organismo regional se están negando a firmar cualquier papel que en él entra, pues temen enfrentarse a demandas por prevaricación, al adoptar decisiones para las que no están autorizados. La cuestión es si se verán paralizadas obras hidráulicas ya acordadas, entre ellas algunas tan simples como la limpieza de arroyos que eviten inundaciones como las vividas este invierno pasado.

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