Los siete pecados capitales del empresario

Leo detenidamente los diez folios que conforman el discurso que Santiago Herrero pronunció en la convención empresarial que convocó la semana pasada en Sevilla la patronal que preside, la CEA. Ni una sola autocrítica. ¡Ni una! Se dedican, básicamente, a aplaudir a los suyos y a lanzar dardo tras dardo a las administraciones públicas, qué buenos somos nosotros, qué malas ellas, hagan una Andalucía a nuestra medida, ya verán qué felices seremos todos.

Pues no, señor Herrero. Las administraciones, tanto la central y como la autonómica, se han equivocado muchísimo, y ahora, en efecto, estamos sufriendo las nefastas consecuencias de unas políticas económicas populistas que arramplaron con el dinero cuando la crisis económica, palpable ya, era negada insistentemente por quienes nos gobiernan. Se empecinan, además, en mantener una estructura elefantiásica con ligeros retoques para aliviarla (por ejemplo, la reordenación del sector público andaluz, que está engendrando más quebraderos de cabeza que ahorro) y metiendo la tijera en el gasto social del que tanto presumían los socialistas. Para más inri, se empeñan en duplicidades burocráticas y en una lentitud, cuando no ineficiencia, al tramitar el papeleo –amigo Luis, esto va por ti, cuántas vueltas para presentar tus impuestos, y eso que te salía a pagar-, que hace desesperante la actividad emprendedora de los empresarios. Y para colmo, en medio de una sequía de liquidez para todos, alargan y alargan los plazos de pago literalmente asfixiando a sus proveedores. Hasta aquí, de acuerdo con las palabras del patrón de patronos. Pero, por favor, señor Herrero, que las empresas tampoco son unas santas.

Usted dice que la empresa “es la solución” a nuestros males. No lo dudo, al fin y al cabo es la que crea (y destruye también) empleo, y requiere de un marco jurídico asumible, que al entender de las organizaciones empresariales exige una reforma laboral en profundidad, y no la aprobada hace ahora un año, que poquitos resultados, por no decir ninguno, está dando, y una mayor flexibilidad interna que facilite adecuar las plantillas a la situación real del negocio. Pero, ¿no hay nada de lo que las empresas se tengan que avergonzar? Yo creo que sí, y corríjame si me equivoco.

¿Quién empujó a los empresarios a asumir deudas (apalancamiento) muy por encima de sus posibilidades en tiempos de bonanza económica y crédito barato? Los propios empresarios, que pecaron de soberbia y ahora se ven sometidos a continuas refinanciaciones o directamente apelando al concurso de acreedores (suspensión de pagos) arrastrando a la cadena de proveedores que viene detrás. ¿Quiénes, siendo solventes en sus negocios, se metieron en el inmobiliario atraídos por su rentabilidad? Los propios empresarios, que pecaron de avaricia y, a la par, de envidia de los ladrilleros. ¿Quiénes no diversificaron en actividades y mercados para evitar la excesiva dependencia de los productos o áreas geográficas de toda la vida? Los propios empresarios, que pecaron de pereza. ¿Quiénes cargaron contra la banca y las administraciones, pero no contra ellos mismos, cuando el castillo de naipes se desmoronó? Los propios empresarios, que pecaron de ira. Restan dos pecados capitales, la lujuria y la gula, comunes, por lo demás, a la época del boom económico, cada uno que se los aplique como quiera.

Todo esto no cabe generalizarlo, por supuesto, y hay empresas que esquivaron la tentación y son hoy auténticas referencias y siguen creciendo, creando riqueza y empleo y ganando dinero. Pero también hay sonoros ejemplos de empresas que fueron en su día referencias, y ahora son noticias por concurso de acreedores (suspensiones de pagos) y expedientes de regulación de empleo, y digo yo que sus cuitas no responderán sólo a la vil administración, algo tendrán que decir al respecto sus empresarios y directivos, a ver si éstos van a ser unos angelitos y aquélla, el demonio.

Nada de mea culpa empresarial -“no podemos ni debemos permitirnos el más mínimo sentimiento de frustración o fracaso; somos tan buenos empresarios como los demás”-, pelillos a la mar y miremos al futuro. Dice Santiago Herrero que hay que “tocar el tambor”, “constatar nuestra existencia y manifestar que, frente a los problemas existentes, disponemos de medidas y soluciones”. Pero antes, reformas, reformas y reformas, ésas que habiliten un marco para la necesaria competitividad de la economía española y andaluza, y habla de una regeneración social y económica, a la que yo añadiría otra, la empresarial, porque garbanzos negros los hay tanto en la administración como en la clase patronal. Y apelo a su propia frase: “La línea que separa la corrupción, el delito de cohecho y la extorsión es muy fina, y estamos más veces en lo último que en lo primero”.

Demostración de fuerza, pues, del empresariado andaluz ante/frente a las administraciones, sobre todo la Junta de Andalucía. Curioso que el discurso de Herrero fuera el más light. Lo heavy se lo dejó a los empresarios que hablaron antes, y ellos sí se metieron abiertamente con la administración de José Antonio Griñán. No se me quita de la cabeza que estamos en vísperas de elecciones autonómicas y el Partido Popular tiene muchas papeletas para ganar…

P. D.

La parva. José Antonio Griñán, que viajó a Bruselas para ver qué era eso de la Política Agraria Común (PAC), parece haberse olvidado de ella. La semana pasada conocimos la propuesta financiera de la Comisión Europea para la PAC en el periodo 2014-2020. Todavía estamos esperando que se pronuncie al respecto, a tenor del recorte que se espera en las ayudas a los agricultores (congelación por siete años, léase, tijera).

La simiente. La Caixa ha sorteado con éxito su debut en bolsa, tal y como se esperaba de la primera caja de ahorros de España, ya convertida en banco. Le toca el turno a Bankia y Banca Cívica, que coinciden el mismo día en el parqué. Y aunque lo nieguen, hay nervios entre los directivos de ambas entidades, se juegan no sólo su propia credibilidad, sino la de todo el sistema financiero español. Los mercados (llamémosles especuladores) estarán al acecho al más mínimo error.

La paja. Que el PSOE inicie a la desesperada una campaña contra la banca para arañar votos de cara a las elecciones generales es de chiste y revela que está totalmente despistado. Se le ha visto el plumero al negar con sus votos en el Congreso y en el Senado que se apruebe la dación en pago en las hipotecas (que la entrega del piso sirva para saldar el préstamo). Sabe, a ciencia cierta, que es complicado aplicar esta medida por su fuerte impacto en las cuentas de los bancos y las cajas de ahorros, y el sistema financiero español no está para más incertidumbres. Su posición actual no es creíble.

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