Carta a Zapatero antes de irnos al carajo

Mi querido Zapatero:

Me lo imagino a usted en una comparecencia pública televisada. Detrás de usted, una ristra de banqueros y cajeros de este país, para quienes el Estado abrió la despensa, miles de millones para sanear las cuentas de unas entidades que, recordemos, purgaban y purgan aún sus propios excesos en tiempos del boom inmobiliario. A su diestra, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, y a la siniestra (palabra que no va con segundas), el resto de las fuerzas parlamentarias. Y enfrente, millones de españoles, inversores, especuladores y mandatarios europeos.

Si yo fuera usted, mi primer mensaje sería el de una férrea unidad con sus rivales políticos, en especial con quienes tienen todos los visos de ganar las próximas elecciones generales, los populares. Tal comunión debería ser tan sincera que, ante los espectadores, reconocería incluso que la pérdida de los comicios, ya segura, no me importa y sí la recuperación económica del país y daría mi mano a Rajoy para prestar toda la ayuda que necesite en su labor de gobierno, que no será precisamente sencilla, pero en ella nos va el futuro. Es difícil admitir la alternancia y claudicar ante ésta, sí, pero, tal y como está el patio económico, constituiría un error histórico persistir en una encarnizada lucha política que, a la larga, no nos conduciría a nada. Lo primero ha de ser lo primero: sacarnos de la crisis. Después abordaremos cómo recuperamos los trabajadores y cómo recuperan los empresarios aquello que hemos y han perdido por el camino.

MI segundo mensaje, cuasi utópico, sería mirar de frente a los tiburones, esos que ejercen hoy una dictadura económica sin precedentes, y decirles, oye, se acabó. Suspendería las operaciones en el mercado secundario de deuda pública, engendro de especulación donde los haya, y, como alternativa, pondría sobre la mesa el firme compromiso de los banqueros y cajeros que a sus espaldas se encuentran, más aquellos extranjeros que quieran sumarse a la iniciativa, de hacerse cargo de las nuevas emisiones de deuda española a un interés fijo interesante tanto para las entidades como para el Estado. Qué irrealizable parece, pero qué golpe de efecto tan sumamente gratificante. Armas  excepcionales para una guerra, la que ustedes nos han declarado, que es sucia.

Mucha gente pregunta por qué tanta saña de los especuladores contra España. La explicación es muy sencilla: quieren obtener con la deuda las rentabilidades que otrora obtuvieran, por ejemplo, con el ladrillo. Es decir, han substituido la burbuja inmobiliaria por la burbuja de la deuda soberana, y seguirán jugando hoy con nuestro país, mañana con otro, hasta que la pompa reviente. El dinero es así.

Pero a lo que iba. Lo malo de ese acuerdo con la banca es que la propia banca está cogida por el cuello por los especuladores, puesto que en su capital están fondos de inversión extranjeros que quieren dividendos, y si éstos se reducen, se van. ¿O nos creemos, por ejemplo, que el Santander es de la familia Botín? Pues no, sus principales accionistas son fondos estadounidenses, y si se marchan, uf. Quizás, y siguiendo con la utopía, sería conveniente que los ciudadanos de a pie invirtiéramos más en nuestros bancos a través de la bolsa, compromiso por compromiso, vosotros aportáis al Estado y financiáis a las empresas y familias, y nosotros reforzamos vuestro capital. Qué idílico matrimonio sería…

Mi tercer mensaje tendría por destinatarios a los mandatarios europeos, a esa burocracia que anda de ventanilla en ventanilla antes de tomar una decisión perentoria ante las urgencias. Me sorprenden las críticas al presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, cuando hace unos días no supo responder si el instituto emisor iba a comprar o no bonos de España e Italia. Qué iba a decir, pobrecillo, si es una marioneta de Alemania y Francia, iluso el que crea en su independencia.

Más Europa, pues, que el nacionalismo no obstaculice la prosperidad de todos y quede reducido a quienes sólo se aferran a la historia y a la recuperación de la lengua materna, incluso de aquéllas que están muertas. Si en su día nos embarcamos en el ambicioso proyecto del euro, sigamos con él con todas sus consecuencias, y entre éstas está una mayor colaboración política ya que una unión es imposible.

Mi cuarto y último mensaje, para los españoles. Ajustémonos todos el cinturón, los empresarios en su parcela, los trabajadores en la suya, las administraciones en aquello que sea superfluo, y caminemos juntos para incrementar la competitividad y productividad de nuestra economía. Sacrificios que, sin embargo, no pongan en peligro -más de la cuenta- el Estado del Bienestar y que deberán ser compensados cuando la crisis sea mero recuerdo del pasado.

Y aquí termino, mi querido Zapatero. Saltarán los economistas cuestionando la el fundamento científico y legal de mis palabras, me llamarán ignorante financiero, lo sé, la utopía es así, utópica. Pero algo habrá que hacer, digo yo, para que, hablando mal y pronto, no nos vayamos todos al carajo.

Sin más cometido, le saluda atentamente La Siega.

En Sevilla, a equis días de un rescate.

P. D.

La parva. Analizo el gráfico bursátil de Banca Cívica, donde está Cajasol. Caída del 12,5% desde que salió al parqué. Tal y como está el mercado, no sabe uno si decir bien o mal.

La simiente. Tienen razón quienes piensan que adelantar los pagos a cuenta del Impuesto de Sociedades por parte de las grandes compañías, es decir, que lo abonen antes de que concluya el ejercicio económico, servirá para maquillar las cuentas del Estado y que este año se logre reconducir el déficit al 6%. Salgado, ¿no es un poco trampa?

La paja. A Braulio Medel, presidente de Unicaja, no le interesa la fusión con Caja España-Duero. Simple y llanamente. La operación está más cercana del fracaso que del éxito.

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