Dos tardes con Rubalcaba

De tantas fortuitas lecciones de economía a las que estamos asistiendo en precampaña electoral, me quedo con una magistral del candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. Su enseñanza, después ligeramente matizada al darse cuenta, por mediación de terceros, seguro, de que había sugerido, que no dicho, un disparate, consiste en sembrar dudas sobre si España se está pasando en su dosis de recortes y ahorros presupuestarios y si tan dislocada tijera, corta aquí y allí, terminará minando el crecimiento y la creación de empleo.

De entrada, resulta cuanto menos curioso que extienda las sospechas quien accedió finalmente a respaldar la reforma urgente de la Constitución para establecer un límite al déficit –y, consecuentemente, al endeudamiento– de las administraciones públicas, habida cuenta de que en este país de reinos de Taifa o el control de los dineros se impone por fuerza legal mayor, ésa que viene de la Carta Magna, o las autonomías ejecutan su real gana. Esta incongruencia de Rubalcaba, vamos a dejársela pasar, seamos comprensivos, estamos en campaña y en ella los individuos políticos son así, dicen Diego donde dijeron digo, no preocupa tanto como el hecho de haberse aislado, cosas de los mítines y del hablar por hablar, del gravísimo contexto europeo en el que estamos, con Grecia bordeando la bancarrota y una población helena sufriendo cada vez más y más sacrificios.

Me pregunto, por tanto, si no será mejor quedarse ahora largos en los recortes y ahorros que lamentar, como los griegos, habernos quedado cortos. Seguro que un sudor frío, aún peor que el caliente, recorrió todito el cuerpo del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el constante azote de los especuladores –ésos que eufemísticamente conocemos como mercados– y el encarecimiento de la deuda pública le obligaron el pasado agosto a interrumpir sus vacaciones durante unas horas en las que España parecía que se arrastraba irremediablemente hacia el abismo. Sus ojeras, hasta los pies, eran reflejo de la preocupación existente, a ver si se cree Rubalcaba que los tiburones, a una voz de ordeno y mando, se han alejado de las aguas nacionales sólo porque él quiere, a partir del 20-N, capitanear este barco.

Tras las dudas hechas públicas por el aspirante, vamos incluso a tenerle que agradecer a la canciller germana, Angela Merkel, sus declaraciones alabando el esfuerzo del Ejecutivo español para capear el temporal, aunque a uno, escéptico donde los haya, le surgen sus propias dudas sobre si la señora lanzó loas de verdad o de mentirijillas, en un intento de frenar una crisis que amenaza a toda la Eurozona, incluida Alemania.

De todas formas, si Rubalcaba está convencido de que son excesivos los recortes, supongo que se referirá a los sociales, sosteniendo, así, su argumento electoral de que sólo los del PP, ricos ellos, quitan a los trabajadores, pobrecitos de nosotros, como si no hubiera sido un Gobierno socialista, del que él era ministro, el que rebajó el sueldo a los funcionarios, congeló las pensiones y eliminó otras ayudas estatales para el pópulo (el cheque bebé, por ejemplo) y como si no hubieran sido los gobiernos socialistas los que comandaron comunidades que hoy se las ven y se las desean para poder cuadrar sus cuentas, no solamente Castilla-La Mancha o Extremadura, sino también Cataluña. Eso sí, la mala gestión del dinero de los contribuyentes no es patrimonio ni de unos ni de otros, y todos los partidos tienen herencias por las que callarse. En cambio, del candidato Alfredo, así gusta que le llamen, no he percibido especial interés en atacar los gastos superfluos de las administraciones públicas, precisamente donde cabría aplicar más la esquiladora para evitar que, a la larga, ésta no siga rapando la cabeza de los trabajadores.

Y siguiendo con las lecciones que nos ofrece la contienda electoral, Rubalcaba parece erigirse en sucesor de la fallida refundación del capitalismo que en su día, en tiempos en los que afloraron las vergüenzas de quienes nos condujeron a la crisis, concibiera el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Así se desprende de sus promesas –subir impuestos a los ricos, tasas para la banca, paridad en las cúpulas directivas de las empresas, etcétera–, que suenan añejas en un partido, el PSOE, que si no las puso en marcha antes, qué credibilidad merecen en una España intervenida de facto.
No. La economía no se aprende en dos tardes, las que en 2003 aconsejara el secretario de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, al entonces candidato Zapatero. Así le fue a Sevilla, así le ha ido a Zapatero, ¿así le irá a Rubalcaba?

P. D.

La parva. Cuando a un político le sacan de su entorno natural, compuesto por su despacho, el Parlamento y las ruedas de prensa, para buscar la foto en campaña electoral al final termina como elefante entrando en una cacharrería. Le sucedió este pasado fin de semana al presidente del PP andaluz y candidato por este partido a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Javier Arenas, quien acudió a una finca sevillana donde se recolectaba aceituna de mesa. Con qué suavidad sus manos tocaban el fruto, cómo se notaba que en su vida ha recogido la oliva como sí lo hiciera su antiguo compañero de partido y de ministerio Manuel Pimentel. Me recordó al excomisario europeo de Agricultura Franz Fischler cuando, en plena reforma de las ayudas al olivar, lo sacaron de su despacho, lo trajeron a Andalucía y se llevó a la boca una aceituna verde recién cogida del árbol. Su rostro fue entonces un poema al asco.

La simiente. Desde hace dos años, el lobby español de empresas de gran consumo AECOC, aquí están desde Mercadona hasta Coca-Cola, pasando por Alcampo, Nestlé o Nutrexpa, tenía reservado el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla para celebrar un congreso de directivos, en la creencia de que las obras de ampliación del recinto estuvieran terminadas porque movilizará a unos mil directivos. No ha sido así, Fibes aún es lo que es, y la organización se afana estos días en orquestar el evento en mucho menos espacio. Al margen del contratiempo, que AECOC considera solucionado –su principal preocupación era dar de comer a mil personas dentro del palacio–, el que se traiga a Sevilla un evento de tales características es una semilla para asentar la ciudad como destino de congresos, imagen que necesita para amortizar las instalaciones que se están ampliando.

La paja. Tiene esta Junta de Andalucía una habilidad pasmosa para meterse en berenjenales laborales de los que, al final, sale escaldada: Santana Motor, Cárnicas Molina, Delphi, Astilleros de Sevilla y Astilleros de Huelva. La Consejería de Economía está alargando todo lo que puede la defunción de la factoría naval hispalense, estamos en vísperas electorales, no encuentra inversores que se hagan cargo del reinicio de la actividad y seguir con su gestión en estos tiempos se antoja complicado, más nóminas que pagar y créditos para retomar los barcos. Pero recientemente otra empresa le ha salido rana, la tecnológica Ezentis, en la que desembarcó para que siguiera invirtiendo en la comunidad y vender que esta cotizada se traía su sede social a Sevilla. Varias de sus filiales suspenderán pagos y la matriz requiere una ampliación de capital, que exige más aportación de la Junta de Andalucía.

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