Berlusconi: Merkel, no las jovencitas

La dimisión del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, y la soga al cuello que ya tiene echada el italiano, Silvio Berlusconi, revelan, más que nunca, cuán poderoso es don dinero, que quita reyes sin tan siquiera dar la palabra a quienes los pusieron, qué peligrosísimo mensaje para los mercados, tú, gobernante de un país periférico, conviértete en oveja y venga, al redil. Visto lo visto estos días en Europa, donde, además, está arrollando la ola del conservadurismo político –la derecha, para que se entienda–, no puedo dejar de preguntarme cuánto más habría durado José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno español si no hubiera convocado elecciones anticipadas. Pues me temo que no mucho más.

Papandreu se atrevió, o se le fue la olla, más bien esto último, a anunciar un referéndum para que su pueblo hablara, dijera sí o no, a los planes de rescate cocinados por la Unión Europea para su país, léase, más sacrificios. De entrada, dos evidencias: la primera, si no tienes ni una gorda para pagar y puedes acabar en bancarrota, no debes morder la mano de quien te pretende ayudar y dar de comer; la segunda, si tus ciudadanos están abonados a una huelga general permanente y a la picaresca fiscal, parte de cuya culpa la tienes tú como gobernante porque no pusiste los medios necesarios para controlarla ni para ordenar las cuentas del Estado, ¿pretendías ahora que refrendaran los recortes que tú mismo firmaste con los líderes de la Eurozona o, con un órdago, forzar otra negociación pese a tu posición de debilidad? Votarían no.

Pero al margen de ambas cuestiones, la salida de Papandreu muestra que o el borrego, llámese éste Atenas, Dublín, Lisboa, Roma o Madrid, vuelve al rebaño conducido por la pastora alemana Angela Merkel y el perro pastor francés Nicolas Sarkozy, o destierran al herido y lo dejan a merced de la jauría de lobos especuladores, ésos que hemos bautizado como los mercados.

Si no fuera por la gravedad del caso, lo de Italia tendría hasta su gracia. Un primer ministro por mil veces ante los tribunales y de licenciosa vida pública, a su edad y con sus cirugías, están locos estos romanos por concederle tantas veces su confianza, podría caer en desgracia no tanto por sus devaneos con jovencitas, aireados por la prensa y que claman al cielo, sino por sus devaneos en las finanzas estatales y por las llamadas al orden de la canciller Merkel.

Acorralado como en su día lo estuviera Papandreu, Silvio Berlusconi se defiende como gato panza arriba para no abandonar el poder, pese a ser muy consciente de que solamente la unidad de las principales fuerzas políticas puede sacar adelante los recortes sociales que siempre lleva aparejado cualquier programa de ajuste presupuestario.
Al final va a ser la economía, y no la falta de catadura moral, la que ponga a Il Cavaliere en su sitio, porque Italia es lo suficientemente grande para la estabilidad del conjunto de la Eurozona como para dejarla caer, al igual que ocurre con España.

El caso español es muy distinto al de Grecia e Italia, aunque me atrevería a decir que lo es ante la proximidad de las elecciones generales y la evidencia, cada vez más patente, de que el 20-N se producirá un vuelco político y que, hasta esa fecha, apenas cabe por determinar si la victoria del PP será más o menos arrolladora. Otro gallo cantaría si Zapatero hubiera agotado su mandato, puesto que la oposición parlamentaria hubiera pasado de saborear una transición tranquila, como la que está saboreando, a la necesidad de avasallar, cuanto más mejor, al Gobierno socialista y de formular propuestas económicas concretas frente a las vaguedades que abundan ahora en su programa.

Aquí, en España, al PSOE y al PP les une un férrero compromiso europeísta, tanto que al jefe del Ejecutivo saliente seguro que se le terminarán reconociendo, pero sólo dentro de muchísimos años, los esfuerzos emprendidos para esquivar la intervención extranjera, aun renunciando a no pocos de sus ideales sociales. Eso sí, y me adelanto a sus críticas, querido lector, hay que reconocer que estamos como estamos primero porque desde el Estado español y aquí incluyo a las autonomías, no se controlaron las cuentas públicas como debieran, eran tiempos en los que todos éramos económicamente felices, y segundo, pero es un argumento incluso más importante, porque tampoco incentivó un cambio de modelo productivo que Zapatero, a la desesperada, creía poder implantar por real decreto.

Ni las huelgas generales en Grecia, ni las jovencitas de dudosa reputación en Italia ni el movimiento del 15-M en España. Bastará sólo un desafío al euro para que poderoso don dinero –o doña Merkel, tanto monta– nos quite y ponga rey.

P. D.

La parva. Qué lástima que la consejera andaluza de Hacienda y Administración, Carmen Martínez Aguayo, no hubiera dicho antes qué opinaba del empresariado andaluz –suponemos que se dirigía expresamente a la patronal CEA, no al empresariado en general–. Según se desprende de la entrevista publicada en este periódico, los patronos se han acostumbrado a chupar de los presupuestos autonómicos y ahora que mengua la teta lloran y lloran como críos. Loable es que las cuentas de la Junta de Andalucía dediquen tres de cada cuatro euros a políticas sociales, lo que, por otra parte, no podría ser de otra manera, pues al fin y al cabo gestiona competencias y las educativas y sanitarias son las que más absorben. Pero también hay que tener en cuenta que el incentivo a la inversión es otra gran política social, pues, ante la estrechez de los recursos públicos, a ver quiénes van a crear trabajo no funcionario.

La simiente. Nuevo récord en la campaña del arroz en las marismas del Guadalquivir e incrementos medios por hectárea de los que no se recuerdan. Los agricultores, sin embargo, tienen la sonrisa avinagrada, porque se les viene encima la reforma de las ayudas comunitarias (la PAC) y las negociaciones con la industria, que este año es casi única, puesto que Herba, filial de Ebro Foods, reforzó hegemonía con la compra de SOS, su otrora principal rival. Y cuando hay solo uno es más complicado negociar buenos precios, la competencia se reduce. A pesar de estos contratiempos, que condicionan el mercado, se debe destacar la labor de la Federación de Arroceros de Sevilla, a cuyo frente están Julián Borja (presidente) y Manuel Cano (gerente), por su especial trabajo en la expansión del arroz de producción integrada o semiecológica, con un control reforzado en el uso de abonos y plaguicidas.

La paja. El informe de Comisiones Obreras sobre las retribuciones de los cajeros andaluces convertidos en banqueros tras la bancarización de las cajas de ahorros, y que el sindicato tildó de vergonzosas, revela cuán ineficaz se muestra la reforma de la legislación autonómica aprobada por la Junta de Andalucía. En unos momentos en que salían a la palestra las escandalosas indemnizaciones cobradas por exdirectivos de Novacaixagalicia y Caja de Ahorros del Mediterráneo –esta última, para más inri, nacionalizada y sostenida en vida con oxígeno público–, el Gobierno andaluz trató de vender que su reforma supondría freno a los sueldos de los cajeros, ya que ninguno podría cobrar más que el presidente de la comunidad. Tenía razón, los cargos ejecutivos en las cajas tendrán sus retribuciones limitadas, pero no como ejecutivos de los bancos. Y eso es vender la piel del oso…

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