Empleos de mierda y, para colmo, el señor conde

Como si los andaluces no hubieran tenido ya suficiente con la imagen de palmeros que se ganaron en el bodorrio de mamá, día en el que, contó la prensa rosa, estaban todos frente al Palacio de Dueñas y, cito crónica de reportero colorín, volcados ante tamaño acontecimiento, Sevilla paralizada, nadie en el tajo, ahora viene su hijo Cayetano, que ni cargo ni profesión tiene, sólo los de ser hijo de Cayetana de Alba, la relación filial le sobra y le basta, a sentenciar en televisión, palabra de conde, que los jóvenes no quieren trabajar, no se refiere a su persona, por supuesto, sí a ésos, reitero en mayúsculas, ÉSOS, quiénes, los andaluces.

Como siempre salta un cojo, ÉSE, el señor de la nobleza, jinete que trota, galopa y compite saltando, siempre montado, que andar requiere mucho esfuerzo, no le prestaré más atención, acostumbrados ya estamos a la verborrea de los catalanes de CiU, aunque para descargo de éstos, al césar lo que es del césar, al menos trabajan y representan, además, a tradicionales familias empresariales e industriales, aquél, en cambio, es rentista de una tradicional familia rentista. Me sirve, sin embargo, de introducción para esta entrada de La Siega, en la que me pregunto qué imagen de nosotros, y aquí incluyo andaluces y españoles, tienen las autoridades europeas, en especial las del Banco Central Europeo (BCE) al proponer a nuestro Gobierno que legisle para crear empleos de mierda.

Lamento esta expresión, de veras, pero no encuentro otra para definir más certeramente el contrato mini-job (mini-empleo) que plantea la institución monetaria, a imagen y semejanza del existente en Alemania, como si España se pudiera equiparar a Alemania, a su economía y a sus empresas. Aquí, de esto estoy seguro, los empresarios generalizarían lo que allí es mera excepción. Ya lo dijo la patronal CEOE, hay que recuperar el contrato de aprendiz, nosotros pagaremos menos que el salario mínimo inteprofesional durante el periodo de formación, bendita y solidaria su oferta si la comparamos con la del BCE.

No faltan quienes respaldan la recomendación de la autoridad monetaria de que mejor es tener una mierda de trabajo remunerado con 400 euros de mierda al mes que no tener nada, ni empleo ni ingresos, y que los jóvenes españoles, entre quienes el índice de paro es insoportable, calificativo éste dicho por la Comisión Europea, saldrían beneficiados con una modalidad de contrato destinada a personas con escasa cualificación. El argumento de la patronal iría por idéntico camino, con el añadido de por qué nóminas más altas para quienes ni siquiera saben hacer la o con un canuto. La cuestión, sin embargo, estriba en hasta cuándo ser aprendiz o qué vigencia tendría su mini-job.

Oficina Estadística Europea, Eurostat. Sostiene que España es, entre los Veintisiete, el país con más personas sobrecualificadas, es decir, trabajadores cuya formación es superior a la que requieren los empleos que desempeñan. En concreto, casi tres de cada diez, proporción que, como la tasa de paro, también es insoportable, aunque de esto no hablan las autoridades comunitarias ni, por supuesto, los empresarios españoles.

Todos tenemos conocidos en situaciones laborales de este tipo: psicóloga sirviendo copas, perito recogiendo fresa, arquitecto despachando hamburguesas, abogada a ver qué sale o filólogo que, tras dos años en paro, entra en un taller para, a sus pocos años para la cuarentena, aprender a soldar, casos todos verídicos, palabrita del niño Jesús. Es más. Si antes la picaresca consistía en engordar el currículum vitae, ahora hay que eliminar las carreras para que te acepten de reponedor en un supermercado, algo humillante por mucho que la empresa, con todas sus razones, alegue: para qué te voy a formar si, a las primeras de cambio, a mejor, lógicamente, te vas a largar de aquí para ejercer tu verdadera profesión.

Que lástima de tantísimo talento, dinero y tiempo invertidos en formación para tirarlos a la alcantarilla. Cuando leo las propuestas del BCE y de la CEOE, me pregunto si realmente son para generar empleo flexibilizando la legislación laboral o para, aprovechando ésta y retorciéndola hasta el límite posible, otorgar al empresario carta de libertad para hacer con su plantilla joven aquello que le dé la gana, explotando, además, un granero repleto de gente cualificada y sin cualificar pero ansiosa por trabajar.

Y en esa despensa, también hay una mayoría de jornaleros (digo mayoría, garbanzos negros hay en todas las casas, incluidas las nobles) desesperados por trabajar y no cobrar los algo más de 400 euros (qué casualidad, igual que los mini-jobs, jornaleros hasta en las empresas) por el subsidio agrario vinculado al PER. Sí, señor don Cayetanto Martínez de Irujo, conde de Salvatierra. Desesperados por trabajar, aunque sea para ESA minoría de personas, ni siquiera empresarios, que, fuera y dentro de la agricultura, aún ven sus negocios y a sus empleados desde la grupa de un caballo.

P. D.

La parva. Espero y, sobre todo, deseo que el recuerdo que nos deje Jesús Posada como presidente del Congreso sea mejor que el que tiene como exministro de Agricultura y Pesca en tiempos de José María Aznar: ninguno. Posada sustituyó en el cargo a Loyola de Palacio –ya fallecida– cuando habían concluido las negociaciones de la más polémica de cuantas reformas de las ayudas agrarias europeas haya habido para el campo español: la de la OCM (Organización Común de Mercado) del aceite de oliva y de la aceituna de mesa, con la que, mediados los pasados años noventa, corrieron ríos de tinta y de movilizaciones. Durante su mandato en Agricultura, de apenas un año, Posada tuvo que lidiar con el escándalo de las subvenciones comunitarias al lino, que salpicó a altos cargos de su Ministerio, fue un recurso permanente para cargar contra Aznar y empañó en exceso la imagen del campo español.

La simiente. En una Sevilla acostumbrada a que los premios empresariales se adjudiquen siempre a los mismos, quizás sería necesario que las asociaciones patronales predicaran más con el ejemplo y si reclaman mayor reconocimiento social para los empresarios y mayor apuesta por los emprendedores, también otorgaran galardones a quienes tratan de abrirse camino en el difícil mundo de la empresa. Siempre hay excepciones y empresarios veteranos que pocos premios han recibido de manos de sus compañeros. Éste es el caso del restaurador Juan Robles, propietario de Casa Robles, quien, a pesar de dedicarse media vida a la empresa y estar muy comprometido con las organizaciones patronales, de galardones está cortito y con sifón. Eso sí, la Medalla de Oro de la Ciudad Sevilla la tiene. Por eso, el premio que ayer le concedió la CES tuvo para él un sabor especial…

La paja. Como estos empresarios que tenemos en Andalucía no alzan su voz de protesta con la contundencia suficiente como para que los escuchen sus compañeros de Madrid, vaya esta Paja para aquéllos que, desde Málaga, secundaron la propuesta del presidente de la CEOE, Joan Rosell, de erradicar en España los acueductos festivos y andan ahora llorando porque los puentes de la Constitución y de la Inmaculada no han sido tan buenos como esperaban. Lo curioso del asunto es que respaldaban a Rosell precisamente los empresarios turísticos, que son los que, viendo el percal, ya han comenzado a quejarse, qué poco negocio. ¿Será que en Málaga hay muchísimas industrias y poquísimo turismo y no nos hemos enterado? Son los turistas nacionales los que llenan en Andalucía los hoteles y restaurantes durante los puentes, y eso hay que defenderlo.

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