Un silencio que acorrala

Mírenlo. Cualquiera diría que ahí, en esa tribuna del Congreso, quien habla ni ha ganado los recientes comicios generales ni ha sido elegido para ser el próximo presidente del Gobierno de España. O Mariano Rajoy arrastra todavía el trauma de ser jefe de la oposición o está aún en campaña para otras inminentes elecciones, cuáles, las andaluzas, puesto que si la formación política que lidera, el PP, triunfa en éstas, allá por marzo lo veremos, sería la repera, lo más de lo más, tanto para él como para el partido. De verdad, la busco pero no encuentro otra explicación a su silencio, el porqué calla y no detalla cómo hará aquello que dice querer hacer con nuestra maltrecha economía, como si nos sobrara el tiempo y la jauría de lobos que son los mercados no mantuvieran las fauces abiertas para comernos en cualquier momento y ante el mínimo error. Mírenlo. Decepcionante. Nos ha dado la primera en la frente.

En pecado mortal caeríamos si le negáramos al principiante cierto margen de confianza, una oportunidad, y, en cambio, le exigiéramos ya, de inmediato, ahora, su proyecto económico al milímetro, pero, Mariano, hombre de dios, que parece usted un becario, díganos ya algo de nuestro futuro, amase el pan y destile el vino que tanto pregona, porque, sencillamente, ayer no convenció, y eso traslada una imagen muy pero que muy fea, que si España por aquí, que si España por allá, qué grande somos como pueblo y qué grandes nos hacemos también ante las adversidades, hombre de dios, reitero, que ni esto es un mitin ni la tribuna en la que usted habla el atril de una plaza de toros.

Que las cuentas no salen y nadie, salvo los suyos, se las cree. Que reducir 16.500 millones de euros en tan solo un año, el de 2012, con las parcas medidas de ajuste presupuestario que acaba de anunciar –anunciar, que no pensar, a saber lo que ya tiene pensado– es harto improbable. Que si hasta el Gobierno de un Estado con la acreditada solvencia de Francia ha reconocido que deberá aplicar en los próximos años serios recortes y otros, entre ellos Italia, Portugal y Grecia, acometerán aumentos de impuestos, qué garantizará que España no lo haga salvo y esto, claro, siempre lo negará, que el Ejecutivo saliente, aunque tarde, haya hecho bien sus deberes. Que si en la reforma del mercado de trabajo, de las pensiones y del sistema sanitario defiende un sí pero no. Que prometer rebajas impositivas y crear bonificaciones sin incrementar ingresos es muy difícil. Y que basta ya de inconcreciones, el tiempo apremia, no sea protagonista como gobernante de sus denuncias como líder de la oposición.

Su silencio da alas a quienes piensan que José Antonio Griñán hizo requetebién al no hacer coincidir las elecciones andaluzas con las generales, porque así los socialistas podrían beneficiarse del posible descontento social con la tijera usada por los gobernantes populares tanto a nivel nacional como en las comunidades conquistadas. Como sólo quedan tres meses para unos comicios andaluces que Javier Arenas ya cree ganados, pensará Mariano Rajoy que mejor aguardar a primavera para los trasquilones de mayor envergadura, al fin y al cabo marzo está a la vuelta de la esquina y la recuperación económica no llegará de hoy para mañana.

Si esta peregrina idea pasara siquiera por la cabeza de quien solicita la confianza del Congreso de los Diputados para llevar las riendas de España, qué gravísimo sería su error, puesto que su gestión estaría ensuciada y puesta en entredicho desde el arranque mismo de su gobierno. Sí, Mariano, como usted dice, al pan pan y al vino vino. Diga lo que tenga que decir, no anteponga los intereses de partido a los intereses generales del país.

Mariano. Lo mejor de su discurso de investidura es el firme propósito de emprender una de las reformas más urgentes que precisa la economía española, la de la administración, agilizándola y eliminando duplicidades y burocracia. Ponerle el cascabel a este gato es, al menos en teoría, mucho más sencillo que antes, puesto que la mayoría de las comunidades autónomas están gobernadas por los suyos. Según su versión, los ciudadanos no cargarán con los costes de la recuperación, sino que han de ser precisamente las administraciones, cuya estructura elefantiásica asusta. Quiero creerle, de veras, pero también asustan aquellos 16.500 millones en un solo año. Lo peor de su discurso, ninguna referencia a los excesos de empresarios y banqueros y, en cambio, el abundante énfasis sobre los sacrificios que deberán asumir los trabajadores, con iniciativas calcadas de la patronal CEOE, cuya sombra estaba ahí, en la tribuna, tras usted.

He revisado las fotos de la sesión parlamentaria. Por la tarde, su rostro ya reflejaba que estaba siendo acorralado y sin saber qué responder…

P. D.

La parva. Mariano Rajoy en su discurso. “Me preocupa que piensen, por primera vez en nuestra memoria, que la vida les trata peor que a sus padres. No estoy dispuesto a que en España haya una generación que pudiera perderse porque encuentra cerradas todas las puertas”. Preciosa sentencia, sí señor. Pues ahí va mi pregunta: ¿La vida trataría mejor a los hijos que a los padres con contratos de 400 euros mensuales y sin obligación de cotizar? Hasta informes elaborados en Alemania cuestionan los mini-jobs como fórmula para facilitar el tránsito de un trabajo temporal a otro indefinido, aunque sí destacan su validez para quienes se adentran en el mercado laboral, quieren conciliar la vida familiar y laboral o pretenden echar sólo unas horas. Para que se entienda mejor: las empresas emplean al joven por 400 euros por un periodo determinado y posteriormente lo echan y contratan a otro porque hay mucha cantera…

La simiente. Mariano Rajoy en su discurso: “Hay que suprimir las prejubilaciones salvo circunstancias muy excepcionales y poner freno a la práctica abusiva que supone hacer de la prestación por desempleo, en los últimos años de la vida laboral, un mecanismo de prejubilación encubierta”. Sí, en efecto, hay abuso. Pues ahí va mi pregunta: ¿Quiénes se han beneficiado más de las prejubilaciones, trabajadores o empresas? Comienza el próximo Gobierno a cargar excesivamente las culpas contra los empleados, cuando son principalmente las compañías, incluso con beneficios multimillonarios, las que proponen a los sindicatos prejubilaciones masivas. Este tipo de aclaraciones Rajoy debería tenerlas en cuenta, al igual que sería de agradecer que propusiera límites a las indemnizaciones y prejubilaciones millonarias de directivos y banqueros cuyas empresas y bancos han recibido ayudas públicas.

La paja. Mariano Rajoy en su discurso. “Modificaremos el régimen del IVA para que los autónomos y las pymes no tengan que pagar este impuesto hasta que efectivamente se haya efectuado el cobro de las facturas correspondientes”. Se trata de una iniciativa muy esperada, al igual que los empresarios inmobiliarios pedían recuperar la deducción por la compra de la vivienda habitual en el IRPF y se hará, lo que podría favorecer la adquisición del stock de casas de la banca, y también se mejorará la tributación de los planes de pensiones. Pues ahí va mi pregunta: ¿Y cómo afectarán al déficit público esas bonificaciones y el hecho de no contar con los ingresos adelantados por IVA? Y, por cierto, ¿también se incentivarán los seguros de salud privados con la intención de separar los servicios sanitarios básicos de aquéllos que no lo son? Son demasiados interrogantes y mucho interés privado merodeando…

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