Qué caro nos sale Urdangarin

Soy de los que piensan que la monarquía española, y ojo, digo la española, no cualquier monarquía, nos sale barata. El Rey, además de su labor institucional, el respeto que infunde –sí, respeto, y de esto saben mucho los protagonistas de la Transición– y el prestigio diplomático internacional del que goza, es el más eficiente embajador de nuestra economía en el extranjero, donde abre puertas. No es gratuita su presencia en las misiones comerciales realizadas en el exterior, una presencia obligada por el Gobierno, por supuesto, pero aquí pesa más la figura que la obligación, y los empresarios literalmente se lo rifan para que asista a inauguraciones o aniversarios. No faltarán quienes me repliquen, y con razón, que estos reales trabajos también los podrían acometer con sumo gusto y acierto un presidente de república o un primer ministro elegidos con nuestros votos, y así todos plebeyos. A esto tan sólo puedo alegar –y lean bien, sólo– que prefiero a Don Juan Carlos antes que a un Silvio Berlusconi, a un Vladimir Putin o, si me apuran, a un Hugo Chávez, por mucho que el pópulo, a través de un periódico sufragio democrático, los haya designado. Son personajes que no abren puertas, las cierran. No sé si me explico, así que vaya esta aclaración más mundana: prefiero que mi país se identifique con una persona digna que con un mamarracho.

Lógicamente, lo de barato o caro es relativo, depende del dineral con que se mire, pero pongo sobre la mesa el siguiente ejemplo, a ver si nos sirve de referencia. La Casa del Rey recibe para sus gastos una asignación de las arcas públicas de casi nueve millones de euros anuales, cantidad que supera el banquero que mejor lo cobra en España, Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander. Segunda réplica que me podrían hacer ustedes al argumento con que arranco esta nueva entrada de La Siega: la remuneración percibida por este último directivo procede de una empresa privada, no del erario común. En efecto, así es, y es entonces cuando me acuerdo de los magníficos sueldos y millonarias indemnizaciones de los ejecutivos de cajas de ahorros rescatadas o intervenidas, pasta gansa que sí sale de mi bolsillo y el de ustedes, mis queridos lectores.

Dicho esto, lo que nos va a salir muy caro, pero que muy caro, es el comportamiento “no ejemplar”, un eufemismo acuñado por la Casa del Rey, de Iñaki Urdangarin, con acento o sin acento en la i. Sé perfectamente que un suegro no puede cargar con las actividades, sigamos con el eufemismo, no ejemplares de su yerno, siempre y cuando éstas fueran para aquél desconocidas pues lo contrario sería consentimiento implícito o explícito. Soy consciente también de que un garbanzo negro es siempre rareza en una olla. Sin embargo, se quiera o no se quiera admitir, es el garbanzo negro el que primero salta a la vista por muchos garbanzos que tenga la olla, señal de que el daño está hecho.

Y ese daño es doble. Por un lado, las tropelías del duque que publican los medios de comunicación, y algo o mucho, de verdad tiene que haber en ellas cuando hasta el mismísimo Rey le dio una patada para EEUU, salpican a una monarquía de un país con más juancarlistas que monárquicos, y esto es algo que deberían tener en cuenta los estrategas de la Casa Real, pues ya lo único que les faltaría es que la nuera les saliera rana. Y, por el otro, las maneras que tenía el yerno de ganarse los postres, puesto que el pan lo tenía más que asegurado con la asignación anual dispensada por La Zarzuela –de importe desconocido–, trasladan al conjunto de la ciudadanía española un nuevo ejemplo, y éste, para más inri, real, de la cultura del favoritismo y del pelotazo y de que aquí sólo hacen (mala) empresa y escalan (mal) socialmente quienes son parientes o amigos de alguien que manda. Léase, tráfico de influencias.

Estamos en un Estado de Derecho y presupongo, pues, que todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Y entro en materia. No me valen las declaraciones públicas, del estilo soy inocente, ni las caras de pena del Urdangarin, con o sin acento en la i, ni el hecho de que la reina, como suegra y madre que es, lo haya visitado en Washington, un gesto de suegra y madre pero no de reina. Si el duque de Palma tiene realmente algo malo que contar porque algo malo hizo, que lo haga ya y, por duro que sea, admita sus errores o, si los hubiere, presuntos delitos. En cambio, si nada oculta ni de nada tiene por qué avergonzarse, que calle y se defienda, sabiendo de antemano qué consecuencias, y no pienso en él, tendría ir a juicio si finalmente es imputado y el impacto de una hipotética sentencia adversa. Si tuviera siquiera una pizca de la responsabilidad que demuestra el Rey, evitaría cualquier daño adicional a la Corona y, actuando así, trasladaría a la sociedad una lección de humildad que tanta falta hace y quizás incluso se harían realidad las segundas oportunidades.

P. D.

La parva. El flamante ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el jerezano Miguel Arias Cañete, estaba convencidísimo de que el presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy, le iba a asignar la cartera de Asuntos Exteriores y no precisamente la agraria. Tan convencido estaba que ya incluso tenía en su cabeza un equipo para aquél y no para éste, de manera que ha tenido que improvisar, según ha reconocido él mismo al desembarcar, por segunda vez, en el Ministerio que preside Atocha. En Andalucía, las asociaciones agroganaderas, las de cooperativas, las de frutas y hortalizas, las de regantes, las de… lo han recibido con alfombra roja, todas con sus comunicados de prensa apelando a la sensibilidad andaluza del ministro para la causa andaluza. Pues claro. Esperemos que no hablen de la misma sensibilidad al territorio que demuestra hacia España el español José Manuel Silva, quien ha cocinado la reforma de la PAC…

La simiente. Ebro Foods retoma sus planes de compras en el exterior, la última en el negocio de la pasta en Estados Unidos y Canadá. Su estrategia se suele sustentar sobre la adquisición de marcas, libre de ataduras de fábricas y, por tanto, de plantilla, y así queda demostrado con la reciente incorporación de las marcas No Yolks Wacky Mac, que operan en la actividad de pasta saludable. Se me pierde ya el número de marcas extranjeras en poder del grupo agroalimentario español de tantas que son, siendo una de las compañías de nuestro país más internacionalizadas y, por cierto, presidida por un sevillano, Antonio Hernández Callejas. Es una lástima que la firma aún no haya podido trasladar su cuartel general de San Juan de Aznalfarache, donde se ubica la sede de su mayor filial, la arrocera Herba, a Puebla del Río. La nueva planta hubiera acogido también la producción de pasta, y el negocio mundial de pasta también se hubiera gestionado desde Sevilla, como el del arroz.

La paja. Hay un tramo de la autovía de la Ruta de la Plata, cuando uno se va acercando a Gerena, que habría que acerle todo un monumento a la sempiterna reparación. Seguro que lo conocen, está ahí, justo a la altura del radar pero en dirección Mérida, ése del pavimento ondulado que parece que uno conduce sobre un colchón de agua. El caso es que se ven muchas señales de obras y pocos o ningún obrero en ese tramo de esta nueva autovía que ni a los cinco años llega, y uno, inculto al máximo en materia de infraestructuras públicas, se pregunta cuántos años más harán falta para terminar de arreglarlo -su presupuesto económico, por cierto, no creo que sea para caerse de espaldas-. A este paso, va a estar completada antes la Torre Pelli, cosa que, por otro lado, no seria de extrañar con el ritmo de construcción que le han imprimido al rascacielos de Cajasol. Nunca se vio obra tán rápida…

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