El orden criminal del mundo

En medio de tanta crisis económica y desempleo, cuesta muchísimo trabajo, y hasta pereza, pararse a pensar. Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos, reflexiones harto peligrosas, podrían incluso conducirnos al suicidio, tentación que sufrió el pintor francés Paul Gauguin tras terminar su famoso cuadro. El miedo, sobre todo al paro, nos atenaza en exceso, nos bloquea, somos el pesimismo personalizado, nos dejamos arrastrar. Creo, pues, llegado el momento propicio para una pausa, hagámosla.

Soy poco proclive a las teorías de las conspiraciones y a la idea de cuatro señores, por llamarlos así, freno los insultos que pujan por salir de la boca a borbotones, controlando el mundo de la economía y de las finanzas, pero me temo que es así, y lo es desde el instante en que las finanzas controlaron, y se adueñaron, de la propia economía. Nada impide que una máquina de algoritmos matemáticos haga malabares especulativos contra los Estados, aunque lo peor de todo es, sin duda alguna, que esos mismos Estados, apelando a la dictatorial libertad de mercado y, por tanto, a la dictatorial libre circulación del dinero, siguen sin poner coto a maniobras tan socialmente delictivas, mas no punibles.

Los paradigmas de la libertad, EEUU y el Reino Unido, se oponen incluso a gravar, a través de la denominada tasa Tobin, las transacciones financieras internacionales consideradas más abusivas, ésas concebidas para el cortísimo plazo, el lucro en estado superlativo, ahora te compro y ya te tengo vendido. Curioso que lo hagan precisamente los dos países que acogen en sus territorios las sedes de los mayores fondos y bancos de inversión –que conste, la inversión puede ser buena y mala, yo me refiero sólo a la mala, a la dañina– y de las agencias de calificación de la deuda pública y privada, cuyos accionistas, qué casualidad, son aquéllos, intereses cruzados, no me lo nieguen, aquí hay gato encerrado, confabulaciones, conspiraciones.

A los países con problemas, entre ellos España, les han imbuido la férrea doctrina de que sólo recortando y recortando será posible que levanten cabeza. En cierta medida es verdad, lógica la secuencia: menos gastos y más ingresos reducen el déficit y, por tanto, la deuda, de ahí que las necesidades de financiación bajen y, con ella, la dependencia actual de los especuladores. Y aquí vemos con suma claridad cómo la economía queda subyugada por las finanzas, un vasallaje cuya mayor opresión la sufren, por largo tiempo, los ciudadanos.

Me explico. Pienso en los ajustes presupuestarios emprendidos ya por el Gobierno de Mariano Rajoy. Recorte de gastos, que en parte afectan a los ciudadanos –bienvenidos sean, en cambio, los que menguan la estructura y organigrama de las administraciones públicas– y subida de impuestos, que afectan también a los ciudadanos, y todo condicionado a la rebaja de los números rojos en las cuentas del conjunto del Estado. Sin embargo, salvo matices de escasa importancia, ¿dónde están las grandes políticas de empuje a la actividad productiva, a la economía real, para que crezca y regrese cuanto antes la creación de puestos de trabajo? No las veo por ningún lado, a menos que considere el Ejecutivo del PP que la inminente reforma laboral será la panacea de todo. Y un pequeño inciso. No me refiero a las políticas sociales, de las que alardea por estas tierras José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, frente a la tijera central, sino, insisto, a las que hacen economía.

Se me podrá alegar, no sin razón, que, una vez que se relaje la presión sobre la deuda pública cuando sea menor la que tengamos que pagar, el crédito fluirá hacia empresas y familias, impulsando la actividad productiva, la economía en general y, por fin, el empleo. Si es así, estaríamos reconociendo que, en la actualidad, el dinero bancario se destina prioritariamente en España a cubrir las emisiones del Estado y, por tanto, las administraciones son las que están impidiendo nuestra recuperación. En todo caso, se confirma mi argumento de que primero las finanzas y veremos después qué pasa con la economía y el empleo, es decir, con los ciudadanos.

En 2006, el programa En Portada de TVE emitía el documental El orden criminal del mundo. Sencillamente, magnífico. En él, varios intelectuales hablaban sobre quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos, preguntas circunscritas al ámbito de la economía, la sociedad, la pobreza y la riqueza. Ni siquiera se barruntaba entonces la crisis internacional, desencadenada en el negocio financiero con las hipotecas basura o subprime, pero advertía ya entonces, cual amenaza que se cierne, sobre los hilos que manejaban nuestros destinos y el excesivo poder financiero y de los financieros. Son algo más 43 minutos. Aquí está el enlace: http://ow.ly/8mIHV. Lo recomiendo para incitar a la reflexión. Concedámonos esta pausa.

P. D.

La parva. A ver, señor Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. Después de que el Gobierno del que usted forma parte le haya pegado una patada al programa electoral de su partido, el PP, en lo que a la carga fiscal se refiere, ¿cómo se le ocurre ahora prometer que al final de la actual legislatura, allá por 2015, los españoles vamos a pagar menos impuestos? Déjelo así, por favor, no hunda más el dedo en la llaga, bastante abierta y sangrante está ya. Estoy deseando escucharlo aquí, en Andalucía, en los mítines que convoque el Partido Popular de cara a los comicios autonómicos de la primavera. Supongo que contarán con usted, andaluz y cabeza de lista al Congreso por Sevilla aunque, junto con Luis de Guindos, sea la cara de los recortes y del aumento tributario. Lo que ya no me queda tan claro es si participará Mariano Rajoy. Su credibilidad al prometer se ha venido abajo…

La simiente. Incluso en entidades financieras que ya parecía que tenían cerrada su reestructuración y, por tanto, su cupo de alianzas, el proceso sigue abierto. Éste es el caso de Banca Cívica, el grupo en el que se integran Cajasol, Caja Navarra, Caja Burgos y Caja Canarias. A pesar de que su cúpula ejecutiva ha asegurado en reiteradas ocasiones que la entidad tiene cumplidos sus deberes y, por tanto, su pacto de fusión fría no se abriría a nuevos socios, lo cierto y verdad es que, en privado, siguen reconociendo que “todo el mundo de las cajas está hablando con todo el mundo de las cajas”. Es decir, que caben más alianzas, y para éstas 2012 será un año clave, decisivo, sobre todo ante la intención del Banco de España –y del nuevo Gobierno del PP– de propiciar una tercera ronda de fusiones y alentar la creación de grupos financieros con un mínimo de 100.000 millones de euros en activos.

La paja. Imaginemos una gran empresa con muchos directores generales que manejan dinero con la discrecionalidad otorgada por su inmediato superior, a saber, el consejero delegado, que a su vez depende de un presidente ejecutivo, que puede ser o no ser accionista. Si un director general, que es un cargo de confianza –nombrado a dedo– sale rana y su gestión no sólo causa un perjuicio financiero sino también un grave daño a la imagen de la compañía, es lógico que sea fulminado, es decir, separado del cargo y con el caso ante la Justicia. ¿Se acabarían ahí las responsabilidades? No. Si es un cargo de confianza, el presidente debería pedírselas a quien lo designó y si el nombramiento estuvo supeditado a la aprobación de un consejo ejecutivo, hay que pedírselas a éste y a su presidente. Nadie puede cargar con las bajezas de sus subordinados, pero sí pedir perdón por la confianza despositada.

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