Engañabobos

Caso número uno. Aquí y allá, a este lado y al otro, la geografía española queda salpicada por promociones inmobiliarias terminadas o sin estarlo pero, en cualquier caso, sin vender. La mayoría pertenece a la banca, que se las quedó por impagos de los promotores, al igual que miles y miles de casas desperdigadas que pasaron a sus manos tras ser embargadas y deshauciados sus propietarios, qué dices, propietario tú, no, propietario yo, te concedí la hipoteca. Pregunto a un director de oficina. ¿Por qué bancos y cajas de ahorros no rebajan sustancialmente el precio y facilitan los préstamos para así dar salida a tan abundante cartera de viviendas? Se encoge de hombros, son decisiones, dice, que vienen de arriba.

Los de arriba han preferido aguantar hasta el punto de generar ellos solitos, por sí mismos, otra burbuja del ladrillo. Sí. No existe otra explicación al escaso descenso que revelan las estadísticas oficiales del mercado español de la vivienda, el 16,40% para la libre, el 3,08% para la protegida, sea la fuente el Ministerio de Fomento. No se corresponden semejantes porcentajes con la aguda crisis económica que soportamos ni tampoco con los informes ténicos que nos hablan, y advierten, de la sobrevaloración. Pero las entidades han dicho: ahora sólo provisionamos (reservamos dinero ante posibles pérdidas) en nuestros balances una parte de estos activos sin salida y, además, damos por cuentagotas las hipotecas, no vaya a ser que se conviertan en dudosas y nos jodan las cuentas (aún más).

Este engañabobos, sin embargo, podría cambiar desde el momento en que el Gobierno de Mariano Rajoy, y con él el Banco de España obliguen a bancos y cajas a provisionar y cargar, por tanto, contra sus propios beneficios todo el ladrillo que arrastren. Banesto ha sido el primero en hacerlo, en las próximas semanas vendrán otros muchos. Es más. Si lo hubieran hecho antes, más de cuatro habrían arrojado o abultados números rojos o tremendos recortes en las ganancias, pero no es su fuerte la sinceridad. Tanto tiempo presumiento de fortaleza y miren cómo están y cómo estamos.

Caso número dos. Existe un corralito en nuestro país. Sí, asusta la palabra, pero es así. No tiene otro nombre el engañabobos, o timo de la estampita, de las llamadas participaciones preferentes, unos productos financieros de alta rentabilidad y mucha letra pequeña que básicamente funcionan bajo esta fórmula: tú me das dinero y yo te garantizo un elevadísimo interés. Parece un depósito, ¿no? Pues no. Se trata de una inversión de grandísimo riesgo porque, además de que tan sólo se puede recuperar a su vencimiento, por supuesto siempre a muy largo plazo, o traspasándola (vendiéndola) a un tercero en el mercado secundario, cabe incluso asumir las pérdidas de la entidad. Si no hay beneficios para pagar, a ver de dónde saco para pagarte, por muy preferente que sea tu participación.

Complejas pero comercializadas, como otros tantos productos, con la opaca información que caracteriza a nuestras finanzas, se generalizaron las emisiones tanto en bancos como en cajas de ahorros como vía para reforzar su capital en tiempos en los que afloraban ya sus problemas para financiarse en los mercados. Y los clientes cayeron. ¿Qué pasa ahora? Que intentan recuperar su dinero y no pueden. Si acuden a la entidad, ésta alega que no hay aún vencimiento y que no es un depósito, sino una inversión. Si acuden al mercado secundario, los descuentos hacen que pierdan la mitad de su valor. Un corralito.

Como la banca siempre idea soluciones a su conveniencia, qué verdad es el dicho de que la banca nunca pierde, ha puesto ahora de moda la palabra canje. Te cambio tus preferentes por acciones. Yo salgo reforzado y no suelto un euro y tú te quitas un peso de encima. Eso sí, cotizo en bolsa y mis títulos suben o bajan, así que puedes ganar o perder.

Caso número tres. En este nuevo mundo de internet y en esta ola de reestructuración de las cajas de ahorros, por qué la llaman reestructuración cuando quieren decir cierre de oficinas y echar personal, cobremos comisión por cualquier apunte que hagamos en ventanilla, por ejemplo, un euro y medio. Abuelita, usted que cobra una mierda de pensión, porque es una mierda, aquí el nombre sí se ajusta a la realidad, págueme un euro y medio por la luz, el agua o la comunidad si no tiene domiciliados los recibos o traiga aquí su pensión que, aunque sea una mierda y le daré un interés de mierda, refuerzo mi liquidez.

Y la abuelita, que ni entiende de internet, ni de router, ni de wifi, ni de contraseñas digitales y que la domiciliación le da pavor porque es muy celosa de su dinero, abona su comisión de euro y medio, que fueron tres porque dos recibos llevaba, en una caja de las que presumen de ser muy sociales. Visto por mis ojos el pasado 4 de enero. Y con ella, pobrecita mía, cierro por hoy este tercer y último engañabobos.

P. D.

La parva. Tras dos legislaturas socialistas en el Gobierno de la nación, expresión ésta que gustara especialmente a Manuel Chaves en los tiempos en que él presidía la Junta de Andalucía y José María Aznar lo hiciera en España, casi habíamos olvidado la palabra confrontación, la del Estado con la comunidad, y a la inversa. A un tiro de piedra de las elecciones autonómicas, regresa con toda su crudeza. Me lo esperaba de José Antonio Griñán, de sus consejeros y de Javier Arenas, presidente del PP-A, al fin y al cabo es la contienda política, la más reñida de toda la democracia. Pero, sinceramente, no me la esperaba de Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda. Convocar sólo a los consejeros económicos de las autonomías del PP se antoja muy sospechoso, sepan ustedes antes y de primera mano qué voy a hacer, y digan sí buana. Montoro debería tener en cuenta que, además de ministro de toda España, este país no está para sospechas.

La simiente. Palos hasta en el cielo de la boca le di al conde de Salvatierra, Cayetano Martínez de Irujo, cuando dijo lo que dijo de los jóvenes jornaleros andaluces y el PER. Justo es reconocer su arrepentimiento que, sinceramente, no creo que haya sido de cara a la galería, aunque, de paso, también le vale al hijo de la duquesa de Alba para lavar su imagen de señorito. Trabajito le habrá costado, en su orgullo y en su nobiliaria planta, recibir a los jornaleros y acudir, sin caballo, a la cuna de estos trabajadores de la tierra, Marinaleda, y a El Humoso, finca del duque del Infantado que en su día ocuparan y consiguieran explotar. Pero lo ha hecho y se ha comprometido a abordar proyectos conjuntos, a ver si es verdad y salen adelante. Si así fuera, además del tirón popular y de imagen que tendría para ellos la Casa de Alba, conllevaría también un cambio en la visión que de la agricultura de Andalucía, los jornaleros y el PER tienen de Despeñaperros para arriba.

La paja. Que quiere media docena, poco más. El Ejecutivo de Mariano Rajoy pretende impulsar una tercera oleada de fusiones en la banca española bajo dos supuestos principales. El primero, que haya menos grupos de cajas de ahorros. Y el segundo, que estos últimos, si no pueden ser absorbidos por las cajas solventes, vayan a parar a los bancos. Y todo ello en aras de la solvencia bancaria y de la reputación internacional de nuestra banca, muy dañada porque a saber qué esconde aún bajo la alfombra. Media docena… Por muy grandes que sean, ¿no da pavor tanta concentración de entidades financieras? Y es que no hace falta hacerse gorda para ser -o aparentar- fortaleza, y ahí tenemos el ejemplo de Banca March, que puede presumir de solvencia en toda Europa pese a ser, digamos, canija. La verdadera importancia radica en la solvencia de sus directivos, en sus cabezas amuebladas, sin ideas estrafalarias ni servilismo político, que han sido los grandes lastres de las cajas de ahorros.

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