Se abre juicio. El pueblo contra…

Ha dicho nuestro mayor banquero, Emilio Botín, que él no, ni el banco que preside, el Santander, sino los políticos, ellos sí son los culpables, porque dijo culpables, de la crisis económica mundial y, por tanto, se presupone que también de España. Para ser precisos, habló de una culpa muy grande, expresión de la que deducimos, pues, que no toda. Su dedo acusador no apuntó, sin embargo, a quienes tienen la pequeña. Aunque sea irrelevante para el argumento de esta entrada de La Siega, no podemos pasar por alto que, en casa de herrero, cuchara de palo, recordemos que precisamente en ese grupo bancario hubo un culpable, no de esta crisis, sí de otra fechoría financiera, condenado por la justicia pero indultado por los políticos, su nombre, Alfredo Sáenz. Quede al margen el inciso de la memoria, constancia se deja para sonrojo del personal y, puestos a buscar culpables, abramos juicio oral al estilo americano, el pueblo contra…

… contra la banca

–¿Jura solemnemente decir toda la verdad y nada más que la verdad?

–Lo juro.

–¿Se declara culpable o inocente?

–Inocente, los culpables son ellos.

–¿Quiénes?

–Los políticos.

–¿Fueron ellos los que inventaron las hipotecas basura? ¿Los que dieron crédito sin tener en cuenta los riesgos? ¿Los que, ayudados por programas informáticos infernales, inundan los mercados con rapidísimas operaciones especulativas para provecho propio y de sus fondos de inversión? ¿Los que, ahora en ausencia de fuentes alternativas de alta rentabilidad, atacan sin piedad la deuda soberana de los países más débiles hasta casi ahogarlos? ¿Y, para concluir este rosario de canalladas, aunque no es la última, los que comercializaron complejísimos productos financieros, tipo swaps o seguros hipotecarios envenenados y participaciones preferentes, éstas actualmente tan de moda, a personas sin conocimientos suficientes de finanzas, como pensionistas y amas de casas con sus pocos ahorrillos?

–Ellos no, fuimos nosotros, los banqueros, y también las sociedades de inversión en sus múltiples facetas, pero ellos, los políticos, consintieron porque, cuando tuvieron tiempo, no nos controlaron.

–¡Ah! Muy buenos esas dos atenuantes, sí, señora banca, ellos consintieron y no controlaron. Y, tras cuatro largos años de crisis, ¿me podría realizar un sucinto análisis de la situación actual?

–Por supuesto. Hubo bancos que lo hicieron bien, o medio bien, y su fortaleza les permitió no sólo salvarse, sino ganar dinero para sus accionistas. Les acusan de no dar crédito. ¡Cómo lo van a dar, si no hay demanda solvente, es decir, con riesgo de impago cero! Eso sí, acuden a la barra libre de liquidez abierta por el BCE, dinero baratito que, al menos en teoría, debería servir para que el préstamo fluyera hacia empresas y familias y, de este modo, contribuir a la recuperación en general, y no sólo a la suya. Hubo bancos, o más bien, cajas, que, en cambio, lo hicieron mal, rematadamente mal, y están abiertas en canal, y eso que decían ser modelos centenarios.

–¿Y, tras la cirugía, le podría decir a esta sala cuándo, de una puñetera vez, sanará la cicatriz?

–Cuando ellos, los políticos, se dejen de medias tintas y obliguen, sí, obliguen, a los cajeros a cerrar sus procesos de fusiones y a no remolonear?

–¿Y por qué obligar?

–Porque, al fin y al cabo, los cajeros, de toda la vida de dios, han sido puestos en sus cargos por los políticos porque políticos son.

–Una relación lógica y una consecuencia lógica, no cabe duda. ¿Y las obligaciones del resto de los bancos? Porque alguna tendrán…

–Sus únicos delitos consisten en no haber dicho la verdad sobre sus balances, qué hay aún bajo la alfombra, en sus deficiencias en la información a los clientes, en mantener una cartera especulativa de pisos y suelos a la espera de que amaine el temporal y, por último, en no respaldar con la suficiente entereza las inversiones empresariales. Pero culpables de la crisis, no y no.

–¿Los únicos? ¿Les parece poco? No hay más preguntas. Llámese a declarar al político.

El pueblo contra…

… contra el político

–¿Jura solemnemente decir toda la verdad y nada más que la verdad?

–Lo juro.

–¿Se declara culpable o inocente?

–¿Yo?

–¿Sí, usted, quién va a ser.

–Culpable es otro más que yo.

–¿Quién es ese otro?

–Zapatero.

–¿Entonces me está diciendo usted que respalda las acusaciones de la banca?

–Sí, los políticos no supimos o, más correctamente, no supieron, manejar la situación, aunque, insisto, otro más que yo, porque él estaba antes que yo como inquilino de La Moncloa y era él quien gobernaba.

–¿Pero coincide en que fueron los políticos, los de aquí y los de medio mundo, quienes consintieron lo que los bancos hicieron y no supieron después cómo atajar la crisis económica, hasta el punto de que sus políticas la empeoraron?

–Sí.

–Queda, pues, todo dicho. Unos hicieron y otros consintieron y erraron en las soluciones. No hay más preguntas.

Señores del jurado, retírense a deliberar.

P.D.

La parva. No sé cómo interpretar la limitación de sueldos de los cajeros que acaba de aprobar el Ejecutivo de Mariano Rajoy. De entrada, no deja de ser significativo que haya sido un gobierno del PP, y no del PSOE, el que haya puesto finalmente coto a tales retribuciones, escandalosas en no pocos casos, sobre todo en aquellas entidades que pagaron a sus ejecutivos a precio de oro a pesar de que las llevaron a la quiebra y, al final, tuvieron que ser rescatadas por el Estado. Bienvenida la reforma financiera concebida por el ministro de Economía, Luis de Guindos, pero me pregunto si, con esas restricciones salariales, las cajas se convertirán en cementerios de elefantes, en refugio de no muy buenos directivos que, de otra forma, no encontrarían acomodo en otras entidades llamémoslas más privadas, sin mangoneos políticos. Porque no nos confundamos. Los buenos ejecutivos se pagan bien, los malos, no tanto.

La simiente. De la parva anterior saco la simiente. Luis de Guindos gana enteros por su seriedad y, a diferencia del muy popular Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, está al margen de los devaneos políticos de su compañero de gabinete. Semejante desvinculación tiene sus pros y sus contras. Por un lado, le permite, como tecnócrata que es, decir lo que piensa y hacer lo que dice, y eso es de agradecer. Por el otro, decir y hacer, al final, quedan condicionados por el partido, y eso arrastra a un grave riesgo, confundir lo económicamente objetivo y necesario con lo estrafalario de la política. Esperemos, pues, que De Guindos no caiga en esta última evolución y mantenga su actual estatus de tecnócrata. Que no haga como cierto consejero de la Junta de Andalucía que, tras afiliarse al PSOE, ha mudado al anti-PP más grande de todos los tiempos…

La paja. Hay un apartado de la reciente reforma financiera que constata los excesos de la banca a la hora de emitir participaciones preferentes y, eso sí, de manera indirecta, reconoce que no hay liquidez suficiente como para hacer frente a una avalancha de inversores tratando de recuperar anticipadamente su dinero. Un auténtico corralito del que ya he hablado en otra entrada de La Siega. La legislación aprobada el pasado viernes permite a las entidades demorar hasta en un año el pago del cupón, esto es, de los intereses de esas preferentes, e incluso más si el banco o caja en cuestión alega déficit de recursos propios. En cuanto a la retirada del compromiso explícito de conceder crédito por parte de las entidades que participen en procesos de fusión, sustituyéndose por algo tan etéreo como un quizás otorguemos más, sólo cabe anteponer una pregunta: ¿Ha servido hasta ahora para algo?

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