Recursos ‘Rumanos’

Echemos la vista atrás. Sevilla, 13 de marzo de 2009, sede de la patronal andaluza CEA. Periodistas económicos escandalizados. Empresarios, en cambio, con sonrisa de oreja a oreja. El Nobel de Economía Paul Krugman acaba de afirmar que, en ausencia de una devaluación de la moneda, imposible de ejecutar porque tiene euros y no pesetas, España necesita una rebaja salarial generalizada para ganar competitividad y contribuir así a una recuperación que, sentencia, tardará en llegar y será dolorosa. Dice que no menos de cinco o siete años. Siendo optimistas nos encajamos como muy temprano en 2014. Si nos decantamos por el negro, habremos de esperar hasta 2016.

Volvamos al presente. El Gobierno de Mariano Rajoy coge al pie de la letra las enseñanzas de Krugman. En la reforma laboral, faculta a las empresas para bajar los sueldos a sus plantillas siempre que contabilicen tres trimestres consecutivos de caída de ventas –ni siquiera pérdidas–. La inmensa mayoría puede agarrarse a tal excusa tanto para acometer despidos objetivos y baratitos como para recortar su masa salarial, dado que son contadas las compañías que, hoy por hoy, pueden presumir en nuestro país de que esta larguísima crisis ni siquiera ha mermado su volumen de facturación. He aquí, pues, la devaluación que vaticinaba y aconsejaba el Nobel.

Puede ocurrir, incluso, que a la empresa no le cueste nada echar a la calle al trabajador. En efecto, las indemnizaciones podrían compensarse con los ahorros cosechados por el tijeretazo a los sueldos del resto de los empleados. Para que se entienda: la plantilla que se queda paga los despidos de la plantilla que se va. Esto resulta cuanto menos moralmente reprochable. Se trata, no obstante, de la cuadratura del círculo en los ajustes laborales, la satisfacción máxima para los jefes de Recursos Humanos, o más bien de Recursos Rumanos, como un día los llamó mi antiguo compañero periodista Francisco Correal, en tiempos en los que ciudadanos de Rumanía deambulaban masivamente por nuestras calles. De él tomo prestada la expresión para titular esta entrada de La Siega porque no puede ser más acertada. Salvo rara avis, la dedicación principal de los profesionales que en España lidian con los asalariados consiste en contratar y despedir, dejando al margen la formación, pieza clave para incrementar la productividad.

De esta dejadez hacia la capacitación del trabajador se sorprenden hasta los extranjeros. Profesor nativo de inglés que lleva dos décadas en Andalucía: “Las empresas desconocen dónde acudir para obtener fondos de formación y los empleados desconocen que parte de su nómina se destina a estos fondos; y al final, ni aquéllas ni éstos los aprovechan”. Sí, hombre, las compañías lo saben perfectamente, pero prefieren ignorarlos porque aún conciben la formación como un doble gasto, de tiempo y de dinero, y no como una inversión que reportará su beneficio a medio y largo plazo. Después, claro está, se apela interesadamente al recurso facilísimo de que hay que ser más productivos y, cómo no, se recurre a los despidos, a los sueldos y a la denuncia permanente del absentismo excesivo.

Nosotros, los trabajadores, debemos hacer autocrítica y atajar el escaqueo laboral injustificado en una sociedad, la española, en la que admiramos –y envidiamos– la habilidad que tienen algunos para escabullirse de su puesto. En una falsa creencia del compañerismo, hoy por ti, mañana por mí, soportamos incluso que nos toquen las narices cuando recae sobre nuestras espaldas las labores que correspondían a otros.

En ciertas empresas públicas, la desfachatez es tal que se incluyen en los convenios colectivos incentivos adicionales por asistencia al trabajo. ¡Premiar por ir a trabajar cuando es tu obligación! Qué incongruencia. En estos casos extremos, yo, siendo obrero como soy, hubiera mandado a la calle, y sin miramientos, a los caraduras. ¡Y ojo! Estoy hablando única y exclusivamente de las faltas injustificadas, aunque con la reforma laboral aprobada pagarán justos por pecadores, dado que ponerse enfermo con asiduidad, como si uno fuera completamente dueño de su salud, podría ser causa de despido objetivo.

Hecha esta autocrítica, empresas y Gobierno son injustos al pretender que, con la reforma laboral, sean los trabajadores los que carguen solos con la responsabilidad de mejorar la productividad de la economía. Que no escurran el bulto porque también tienen una parte de la culpa. Los pecados de las primeras están ya dichos. El principal del Ejecutivo consiste en buscar la competitividad en los contratos y despidos (el factor humano) mientras recorta en otras claves para incrementarla, entre ellas la investigación y la tecnología, y en políticas de impulso al crecimiento económico. Y serán los empleados los que, además de la devaluación salarial, soportarán el paro añadido que acarreará esta austeridad estatal mal entendida. Krugman dixit.

P. D.

La parva. El catedrático de Economía Ramón Tamames ha advertido al Partido Popular de que si accede a la Presidencia de la Junta de Andalucía ya no tendrá motivos para no acabar con el antiguo PER. Estaría sugiriendo, pues, que los populares aguardan a los comicios autonómicos para finiquitar este programa de empleo rural y el subsidio agrario que lleva aparejado y del que, además de la andaluza, se beneficia la comunidad extremeña. Ni se atrevió el Gobierno de José María Aznar a erradicarlo –eso sí, emprendió una reforma para cambiar el número de peonadas necesarias para el acceso a la prestación– ni se atreverá a decirlo Javier Arenas, el aspirante del PP a la jefatura del Ejecutivo regional, durante  la campaña electoral. Tamames, por cierto, es el economista de cabecera de la patronal Asaja y está muy vinculado a su instituto agrario ICAM. Sus declaraciones sobre el PER, eso sí, son personales.

La simiente. Los sindicatos están crecidos tras el éxito de las movilizaciones del pasado domingo contra la reforma laboral impuesta por el Gobierno central. Se respira con alivio porque, en privado, reconocen que temían haber perdido el respaldo de la calle. La prudencia con la que UGT y CCOO se pronuncian respecto a una posible huelga general es comprensible. Primero porque el decreto puede aún ser modificado en su trámite parlamentario y caben las mejoras, aunque, a tenor de las declaraciones de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, no se espera que sean sustanciales. Segundo porque aún quedan más reformas por llegar y quizás las primeras sean la que regula del derecho de huelga y la de las pensiones, que marcarían el distanciamiento total con los sindicatos. Y tercero porque tienen todavía que evaluar si el ambiente es proclive a la huelga general. Miedo al fracaso.

La paja. Y a vueltas con las manifestaciones contra la reforma laboral del pasado domingo. La asistencia de cargos socialistas –hablo de los cargos, no de los militantes de base– es una grandísima muestra de cinismo político y un mero intento de congraciarse ahora con unos sindicatos que le convocaron una huelga general al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero precisamente por mermar derechos de los trabajadores españoles. ¿Dónde estaban el 29 de septiembre de 2010? Los cambios en el mercado de trabajo que precisamente los socialistas aprobaron no trajeron un incremento del empleo. Al contrario, prosiguió no sólo el aumento del paro, sino también la destrucción de puestos de trabajo. Por ello, ver en la manifestación al exministro de Trabajo Valeriano Gómez produce hasta urticaria. Por decencia política, debería haberse quedado en su casa.

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One thought on “Recursos ‘Rumanos’

  1. Barquero says:

    Pues desde que el malvado Krugman osó decir lo que dijo y hasta la entrega del Poder por parte de zapatero,se produjeron ,mas o menos,DOS millones de parados mas……saque ud. las consecuencias de no haberle hecho caso en su momento.
    PD:No soy un fan del sr. Poul Krugman.
    Un cordial saludo.

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