Por la boca mueren los peces

Echando mano del rosario de estadísticas, dijo nuestro patrón nacional, Juan Rosell, que los parados encuentran milagrosamente trabajo dos meses antes de agotar la prestación económica por desempleo. Qué casualidad, ni antes, ni después. Como el apóstol empresarial pregonaba en voz baja, tendremos que interpretar sus palabras –y con cuidado, ya se sabe que en este mundo de prodigios divinos te mandan una blanca paloma y te quedas embarazado–. Interpretamos, pues, que estar sin trabajo es una bendición en este mariano país y, por tanto, no lo buscamos hasta que la santísima teta pública vemos secar.

Casos habrá, por supuesto, que de todo hay en la viña del señor. Eso sí, frente a lo sobrenatural, la infernal realidad nos recuerda que la mitad de los cinco millones de desempleados españoles son de larga duración, es decir, llevan más de un año, o dos, o tres o media vida rastreando un trabajo y poniéndole velas a dios o, en la desesperación, al diablo, a la vez que imploran: hágase en mí según la palabra de Rosell, he aquí tu esclavo. Crucen los dedos, que mayor milagro sería concebir un empleo que un crío. Y sin epidural para aquél, así lo recoge la evangélica reforma laboral: parirás con dolor.

Déjeme, inmaculado empresario, que le cuente una cosita, y a ver qué enseñanzas me extrae. En Andalucía es importantísima la agroindustria, ¿verdad? Cuando está abierta la ventanilla de las ayudas otorgadas por la Administración regional, la inversión de nuestras firmas se dispara. Si aquélla se cierra, se descalabra. Si existen expectativas de que se abra, se proyecta. Si no, se aborta. Para ello, también echo mano de estadísticas, las publica todos los años el Colegio Andaluz de Ingenieros Agrónomos. Y ahí vemos a esos grandes directivos guardando turno en la cola de la Consejería de Agricultura para coger la subvención y hacerse –unos más obligados que queriendo– la foto.

De la parábola, la moraleja. A los empresarios, a todos, les gusta que le unten con manteca antes de emprender sus proyectos, como modernizar y ampliar fábricas, y una vez untada, milagrosamente también éstos se hacen realidad. Así que, señor Rosell, aquí podemos apreciar otro fenómeno divino, el milagro de la inversión empresarial. Sin embargo, un matiz. Al menos que yo sepa, quienes así actúan no están en un permanente entredicho como usted y su patronal tratan de hacerlo con los desempleados, ya sea en persona, ya sea a través de terceros.
No. Estar en paro y percibir la prestación no es una bendición y sus comentarios al respecto rezuman una querencia por contratar cuanto más precario, mejor, y, además, por cuatro perras gordas.

De un patrón a otro. Un año más, la autocrítica brilló por su ausencia en el discurso de Santiago Herrero ante la asamblea anual de la CEA. Ni siquiera por los dos millones de euros en pérdidas arrojados por la organización empresarial andaluza y que la obligarán de nuevo a hipotecar su sede sevillana de Cartuja –una vez que, en pocas semanas, logre amortizar por completo el actual préstamo hipotecario– para cuadrar sus cuentas y obtener liquidez.

La CEA entró en números rojos en 2010, pero los dos millones de euros contabilizados el año pasado, diez veces más que entonces, son muchos para una patronal que, en estos difíciles tiempos, debería predicar con los ejemplos de una buena gestión y de unos presupuestos fidedignos y acordes con la cruda realidad económica que todos tenemos encima. Parece haber olvidado, además, una regla esencial para la empresa, ésa que advierte, salvo ganas de practicar puenting con el negocio, de que no se deben poner todos los huevos en la misma cesta, sobre todo cuando los ponen allí las administraciones.

En efecto, esas pérdidas de la Confederación de Empresarios de Andalucía no sólo proceden de la caída de ingresos vía cuotas debido a socios que no pagan o dados de baja porque, simplemente, mueren como compañías. El grueso del déficit recae sobre los retrasos al cobrar los cursos de formación con cargo a las arcas públicas (Consejería de Empleo) y en una estructura interna más amplia de la que cabría soportar tanto en costes de personal como otros gastos generales fijos. Sería aplicar en casa propia los recortes y la austeridad que se predican de cara a las administraciones, ¿no?

La hipoteca sobre su sede es una alternativa, al fin y al cabo tiene margen de sobra para manejar su propio patrimonio. El dinero cosechado por esa operación financiera, sin embargo, no debería ocultar el debate de si realmente es necesaria una CEA tan sumamente grande y con prestación de tantos servicios que no pocos en privado –en público no se atreven pues pocas son las voces discordantes– tachan de competencia desleal. Mantenerla tal cual pero cada vez con menos aportación pública –fórmula de intervencionismo de las administraciones que, por supuesto, aquí los patronos interesadamente no ven– sería otro… milagro. Aunque en casa de herrero, cuchara de palo.

P. D.

La parva. Todos pendientes del segundo centro comercial que Ikea quiere abrir en la provincia de Sevilla. En estos casos, siempre se suelen cargar las tintas contra el Ayuntamiento, sea gobernado por unos u otros, pero primero habría que preguntarse hasta qué grado hay que soportar las presiones de una compañía, por muy internacional que sea, para obtener todo lo que quiere con la sempiterna advertencia de “me voy a otro sitio”. Sinceramente, a la empresa de muebles no le interesa por ahora iniciar las obras de la segunda tienda, que se ubicará en la capital, habida cuenta de que la primera, la de Castilleja de la Cuesta, no es lo que era. El bajón de clientes se nota, y mucho. Por tanto, no creo que le importe demorar el tiempo para la apertura para ver si la crisis amaina y, mientras tanto, seguir ganando mejoras para los accesos y para el centro comercial anexo, donde, por cierto, está el verdadero negocio.

La simiente. Bajo el nombre de World Bulk Oil Exhibition, entre los días 12 y 13 de abril se celebrará en el Palacio de Congresos del Campo de las Naciones de Madrid el primer encuentro internacional entre compradores y vendedores de  aceite a granel. En otros tiempos quizás en lugar de simiente hubiera considerado paja la organización de este evento, puesto que a Andalucía no le interesa precisamente vender a granel, sino etiquetar todo su precisado oro líquido con marca propia y que el valor añadido se quede en esta tierra. Sin embargo, hoy en día, aplaudo esa convocatoria por tres razones. Primera, porque las almazaras andaluzas no consiguen avanzar lo suficiente para aglutinar la oferta. Segunda, porque aceite que no se pueda embotellar hay que colocarlo en el mercado. Y tercera, porque nos pisan los pies terceros países. Si no se puede vender con marca, que sea blanca o a granel.

La paja. Si no los calificara de frustrantes, tendría que calificarlos de frustrantes. Primero, el anuncio de la dación en pago para las familias con todos sus miembros en paro y sin ingresos. Cuentan que decenas de personas se agolparon el pasado jueves ante una oficina bancaria del barrio sevillano de El Cerro –más humilde, imposible– para pedir información e incluso proceder a la entrega de llaves para saldar la hipoteca. Segundo, el anuncio de que los proveedores de las administraciones públicas cobrarán ya. Al final, ni ya, ni de todas las administraciones ni todos los proveedores. No se puede andar así, señor De Guindos, señor Montoro. Hay muchísima gente desesperada, parados, empresarios y autónomos, que acogen con júbilo los anuncios y después se llevan a casa la sensación de ser más de lo mismo. Por tanto, estudien mejor las iniciativas antes de lanzarlas al vuelo.

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *