A negociar la izquierda

Dos reflexiones para el PP. Primera: si Javier Arenas no consigue gobernar en Andalucía tras su cuarto intento, y parece que no lo hará a tenor de la mayoría absoluta de izquierdas fraguada por PSOE más IU, nunca podrá hacerlo, así que debería pensar en hacer sus maletas y dedicarle por entero la vida política al partido de Génova, no al regional de San Fernando, buscando en el Ejecutivo de Rajoy el acomodo que no tendrá en San Telmo. Se impone un cambio de líder y un ejercicio de generosidad –y consciencia– por parte del actual abandonando su papel de eterno candidato. Y segunda: en Madrid y en Génova deberán reflexionar, y muchísimo, sobre si todo vale, incluidas las mentiras electoralistas, en la acción de gobierno y, además, sobre si recortes sociales y reforma laboral son las estrategias más factibles para el crecimiento económico y la creación de empleo. ¿Queríais doblar el pulso a los trabajadores? Ahí tenéis la respuesta. Si estos comicios se concebían como plebiscito para determinar el grado de aceptación de sus actuaciones, ahí tenéis también la respuesta.

Y dos reflexiones para el PSOE. Primera: han ganado las izquierdas, juntas, no por separado. Entran aquí IU-CA y los sindicatos CCOO y UGT, cuya convocatoria de huelga general, a celebrar cuatro días después de la cita electoral, ha contribuido decisivamente a la causa. No estamos en 1996, cuando, por sí solo, Manuel Chaves logró darle la vuelta a unas encuestas que vaticinaban el triunfo popular. Este 25-M de rojo color, en cambio, ha sido una aportación colectiva, de ahí que, para formar gobierno, se exija negociar sobre un auténtico programa de izquierdas, no sobre un mero reparto de consejerías. Si no fuera posible, mejor que Arenas accediera al poder en minoría con apoyos puntuales de los socialistas, suficientes y leales como para propiciar la salida de la crisis. Y segunda, acertada fue la decisión de Griñán, criticada en su día por Ferraz, de evitar la coincidencia entre las elecciones generales y autonómicas. Al menos, con lo más sagrado en democracia, el voto, el ciudadano le ha podido decir al PP: por ahí no.

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