Banqueros vestidos de faralaes

«Yo soy la Lola y [en Hacienda] me tendrían que tener un poco de cosa. Si una peseta diera cada español, pero no a mí, adonde tiene que darla, quizás [yo] saldría de la deuda (…)”. Ante las cámaras y entre sollozos, La Faraona nos suplicaba a todos que le echáramos una manita para poder pagar la abultadísima multa que le había impuesto Hacienda por no declarar el IRPF, ay, virgencita del Rocío, se me olvidó, qué hago ahora con mis churumbeles, yo, que tantísimas divisas he metido en España, agradecidos me teníais que estar… Corría el año 1987 y la cantante trataba así de saldar las cuentas con el Fisco socializando su propio delito. Hoy, justo un cuarto de siglo después, vemos a los gestores de Bankia socializando el gigantesco agujero de esta entidad financiera, mis beneficios son míos, mis pérdidas son vuestras. Si estos señores con corbata se embutieran en un traje de faralaes, pasarían por ser actuales Lolas Flores, aunque con una grandísima diferencia: la coplera fue condenada y purgó su pena, mientras que para los frustrados banqueros –que ya son muchos en este país– no habrá juicio, ni culpa imputada, ni investigación siquiera.

Y clama al cielo tantísima condescendencia. Al nuevo presidente de este malogrado grupo de cajas de ahorros –liderado por Caja Madrid y la valenciana Bancaja–, José Ignacio Goirigolzarri, hay que darle santa razón cuando explica que una parte de los números rojos aflorados cabría atribuirla no a la gestión de antiguos directivos –metamos aquí a Rodrigo Rato, si bien yo extendería las garras hasta Miguel Blesa–, sino a los cambios legales en las exigencias de provisiones (reservas que reducen los beneficios) para así hacer frente a los riesgos intrínsecos a las fallidas inversiones inmobiliarias y a los demorados o perdidos créditos al ladrillo. En efecto, así es, mi querido Goirigolzarri, una parte, no toda. Sin embargo, y aquí le rebato por entero, no es menos cierto que la otra porción es responsabilidad íntegra de esos administradores y que las modificaciones normativas tuvieron que ser concebidas y aprobadas por el Gobierno –primero con el PSOE y después con el PP– debido a los desastres de no pocos cajeros y a las mentiras en sus cuentas –una contabilidad creativa que ríanse ustedes de la decana en tales ingenierías numéricas, la eléctrica estadounidense Enron–, que finalmente han sido vergonzosamente destapadas para vergonzosamente meternos las manos en los bolsillos a todos.

Porque cuando Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, sentencia que los rescates no nos costarán el dinero porque los fondos públicos ahora destinados los recuperaremos en el futuro cuando se subasten las entidades intervenidas y nacionalizadas está ocultando a los españoles que, con las mastodónticas inyecciones de capital a la banca, se resta aún más capacidad al Estado para acometer las necesarias inversiones productivas con las que impulsar el crecimiento y reducir el desorbitado desempleo. Léase pues: si no de una forma directa, el fiasco bancario nos está esquilmando los esfuerzos para la recuperación. Podrán venir con miles de matices, pero no echarán por tierra el grueso de ese argumento, que es una verdad como un templo para los ciudadanos, aunque quizás no para gobiernos ni expertos economistas, siempre dispuestos a sacarte una compleja aleación logarítmica curvada bajo modelos de la u, de la uve o de la zeta de zorros

Y esto es indignante. Sí, claro que lo es, aunque, por mucho que nos duela, la muy severa y larga crisis económica y financiera que soportamos en España y, por supuesto, los miedos a males peores exigen dar una patada hacia adelante y dejar que papá Estado salga al rescate y solvente los problemas de Bankia y del resto de cajas y de algún que otro banco caídos en desgracia. Por cierto, un papá Estado cuya mera existencia ha sido tradicionalmente criticada por financieros y empresarios, defensores todos ellos de la libertad y la autorregulación de los mercados y de la supremacía de la iniciativa privada.

Patada hacia adelante, decimos, pero cuidado, señor Rajoy. Sumando Bankia y ese rosario de entidades nacionalizadas pendientes de adjudicar –a ver quién se queda ahora con Catalunyacaixa, Novagalicia y Banco de Valencia sin acudir a la despensa abierta de las ayudas públicas– se configura un grandísimo conglomerado bancario en manos del Estado, es decir, público. Y me pregunto, mi querido presidente, si siendo público, los gestores nombrados por el Gobierno –entre ellos, Goirigolzarri– harán la misma banca de siempre o, reitero, siendo ésta pública, seguiremos asistiendo a masivos desahucios, a inasumibles precios de la vivienda o al cerrado grifo del crédito para empresas. Porque si así fuera, yo, decepcionado y alarmado, no lo entendería. No querría escuchar otra vez estas palabras con las que nuestra Lola Flores concluía su ruego:  “(…) Y después me iría al estadio con todos los que han dado esa peseta (…) para tomarme una copa con ellos y llorar de alegría”.

P. D.

La parva. En el debate sobre la libertad de horarios comerciales hay tanto desconocimiento como intereses contrapuestos. De entrada, los establecimientos de menos de 300 metros cuadrados y las tiendas de conveniencia –siempre que no pertenezcan a una cadena– pueden abrir cuando les dé la real gana. Otra cosa es que no lo hagan porque todo el mundo tiene el derecho a descansar y, mientras se descansa, a no contratar a empleados. Pero las presiones al Ayuntamiento de Sevilla para que, a su vez, presione a la Junta de Andalucía para que el Centro –no la capital entera– sea declarado zona turística y así haya libertad horaria guardan entre bastidores la idea de permitir la apertura de establecimientos que no son precisamente ni pequeños ni medianos, pero arrastran al Centro a potenciales compradores tanto de éstos como de los grandes. Efecto llamada, doble discurso de las asociaciones del comercio.

La simiente. El ajuste laboral que se ha pactado en Banca Cívica con el aplauso sindical está dentro de lo posible. Ha sido duro reconocerlo, la tensión entre los sindicatos ha sido grande, y el descontento de los trabajadores –la quinta parte irá a la calle– es grande. Sin embargo, los negociadores de la plantilla tenían muy claro que, con la reforma laboral por delante y dada la situación de la entidad financiera, que sin integración en Caixabank arrojaría pérdidas milmillonarias, han hecho de tripas corazón para propiciar la salida de 1.500 trabajadores con voluntarias prejubilaciones y bajas incentivadas, aunque serán forzosas si no se consigue cuadrar el recorte. Dado que la nueva legislación laboral permite despedir con veinte días por año trabajado y un máximo de doce anualidades, las condiciones arrancadas al final eran las máximas que se podían arrancar. Es lo que hay.

La paja. El pasado viernes Banca Cívica celebró junta general de accionistas en Sevilla, donde este grupo de cajas de ahorros, que va camino de su extinción, tiene su sede social. Lo hizo a puerta cerrada, sin presencia de periodistas, y así se hizo constar en la convocatoria enviada por la entidad. Nada de prensa escrita, solo gráficos. No me imagino al Santander o al BBVA esquivando esa asistencia e incluso Caixabank, que absorberá Cívica, coge y te insiste en montarte en un autobús para que acudas. Pero para eso hay que ser transparentes y, sobre todo, como un Emilio Botín, un Francisco González o un Isidro Fainé, tener muchas tablas para enfrentarse a las preguntas y las críticas de los accionistas –que, recordemos, son los dueños de las entidades– y que éstas sean publicadas por la prensa, y no el miedo de un Antonio Pulido o un Enrique Goñi. En fin, lo dicho, Cívica se extingue.

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One thought on “Banqueros vestidos de faralaes

  1. Rousseau says:

    Y digo yo, para que queremos Comisiones de Investigación? Los miembros del comité van a desautorizar a sus colegas? No he visto nada tan absurdo como estos comités, cada partido pone a los miembros que les corresponda, hacen el paripel unos dias y luego lo de siempre; nadie ha obrado mal, asi que señores ciudadanos síganse apretando el cinturón que nuestro tren de vida hay que pagarlo.
    Saludos

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