Un Gobierno jodido y que jode

De entrada, y como no podía ser menos, Andrea Fabra. El protocolo dicta que te trate de señoría y la educación más elemental, de usted. Pero no. Has perdido todo el respeto no ya como diputada, sino como persona. Digna eres de la ralea de tu padre, y eso ya es mucho decir.

Para continuar, Soraya Sáenz de Santamaría. No sé de qué se ríe su excelentísima. Me enervó la sangre su sonrisa durante la rueda de prensa del pasado viernes tras el Consejo de Ministros. Consciente soy de que la carga de responsabilidad que soporta es grande. El momento que vivimos, en efecto, es crítico, desolador. Sin embargo, no es motivo para la insensibilidad. Y sí, mi querida vicepresidenta. Se ha vuelto insensible.

Sigamos con Cristóbal Montoro. No me fío de su palabra. Sólo del BOE. Como los niños. Cuando titubean y se ponen nerviosos, u ocultan algo o mienten. Ya le he pillado el truco. Es, señor, un niño. Lo es tanto por sus bromitas, que al final se tornan contra usted –tráigase aquí el caso de los “hombres de negro”– como por sus medias verdades. Personifica la absoluta falta de transparencia de este Gobierno. Dos ejemplos ordinarios, bendita sea la ordinariez si, de una vez por todas, sirve para que usted se entere –y cambie–. Cuando el ministro habla, sus gobernados pensamos: a ver éste por dónde nos la mete doblada. Y al estrechar su ministerial mano, el recelo –se lo está labrando a pulso– nos lleva a preguntarnos si la escupió antes. Sí, ante usted, culo a la pared.

Cuarto personaje, Luis de Guindos. Lo confieso. Guardo una amplia colección con fotos de su rostro. No soy masoca, sólo me guía mi trabajo. Porque si al compañero le delata la palabra, a su excelentísima, la cara. Especialmente cuando está rabioso y la rabia no puede manifestarla –más quisiera– por la boca. Eso sí, siempre le quedará el inglés para que el común de los españoles no se entere en su propia lengua. Las cosas no le salen como las concibe, ¿verdad? Paradójico resulta que usted, a la sombra de Montoro, fuera uno de los padres del programa económico con el que los populares ganaron las elecciones y, a la vez, su enterrador. Como Saturno devorando a su hijo, Goya. Comiéndoselo con papas.

Y ahora, Fátima Báñez. Puedo asegurarle, mi laboral ministra, que no conozco a nadie de mi entorno que, habiéndose quedado sin empleo, no gastara hasta la salud para encontrar otro. A nadie. Quizás quien no ha trabajado nunca, salvo al servicio del partido, y menos en una empresa privada, desconoce el sufrimiento que implica quedarse en la calle. Y encima soportar un “que les jodan” por parte de una muñeca sin corazón. Usted debería haber sido la primera en enmendarle la plana a la hijísima, conminándola a dejar el PP o, al menos, a pedir disculpas. Siga aplaudiendo, incluso en los próximos meses cuando, estoy seguro, habrá tajo a las pensiones. Se le dan bien las palmas, ser palmera. Son las malas enseñanzas, que no las buenas, del Rocío.

Y acabemos. José Manuel Soria. Le viene el apellido al pelo. Tierra árida y fría, decía Antonio Machado. Yo añadiría, no a la tierra, sí a su excelentísima, insustancial. En el tiempo que lleva en Industria, ni fu ni fa, los temas le superan sin saber reaccionar, salvo encareciendo la luz. Pero, señor ministro, le voy a echar un cable. A todos los que este artículo de La Siega leen: un país que lleva décadas sin resolver los problemas del carbón, que no son otros que la falta de competitividad y la ausencia de alternativas laborales, es igual que otro país, éste en el que también vivimos, que lleva décadas –algunas menos– sin resolver los problemas de los jornaleros del agro andaluz, que no son otros que la falta de trabajo y la ausencia de alternativas laborales. No sé si me explico bien. Si alguna vez hay una marcha de los beneficiarios del PER hacia Madrid, confío en el mismo respaldo social y mediático como el dispensado a los mineros, tan subsidiados como aquéllos, pero con una pátina de romanticismo de la que carece el campo. Por lo demás, mi querido ministro, siga recurriendo al manual de tecnicismos en sus comparecencias. Contribuya al Estado de la confusión general.

Puestos a conjugar el verbo joder, digamos que sí, España está jodida. Su Gobierno está jodido y, como jodido que está, jodidos estamos todos. A joderse pues, y a cargar con la larga crisis económica y sus recortes. Pero dos formas radicalmente distintas existen de joder. Una dice: jodámonos, que es lo que toca. La otra: que os jodan. No sólo os jodemos, sino que os jodan. Esto jode. Jode realmente. Y las actitudes –no tanto las medidas adoptadas, que, por supuesto, también– de los seis protagonistas aquí citados y las de su jefe a la cabeza, Mariano Rajoy– joden. Y por ahí no. Muy mal encaminados vais…

P. D.

La paja. Vaya papelito el del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el reciente congreso del Partido Popular de Andalucía. Por un lado llama a los cargos del partido a salir a la calle y no avergonzarse de los recortes presupuestarios del Ejecutivo central pero, por el otro, se adelanta la clausura del evento un día para que Rajoy –se alegan motivos de seguridad– no se tope con protestas de todos quienes están indignados con los ajustes, especialmente funcionarios y empleados públicos. Es decir, no se escondan, señores míos, que para esconderse ya estoy yo –y tanto del pueblo como de la institución donde radica la soberanía popular, el Congreso de los Diputados–. Pónganle ustedes nombre a esto, porque yo sólo lo encuentro en ave de corral. Apenas lleva medio año y cuán encumbrado está el señor presidente. Tanto que comienza a estar alejado de la realidad. Pero que muy lejos…

La simiente. No me fío de los informes de parte que tanto desde las grandes superficies como desde sus sempiternos rivales, los pequeños y medianos comercios, se lanzan para defender o rechazar la mayor libertad en los horarios de apertura. De un lado, no creo que abrir más implique más consumo, el dinero que hay es el que hay, y cada vez menos. De otro, aquí o nos ponemos las pilas, o estaremos toda la vida protegiendo a quienes se creen que, sin renovarse, podrán estar también toda la vida vendiendo las mismas corbatas. Dos ejemplos. El primero, un hipermercado al lado de mi casa, con días de poca afluencia, mientras que cuando la hay faltan cajeras. El segundo, una tienda que cierra los sábados para que el dueño se vaya, con todo derecho del mundo, a la playa. Los pequeños alegan que la banca ni abre tardes ni sábados ni festivos. Sí, pero los negocios son distintos. A ver si se enteran.

La paja. Lo del tratamiento fiscal de la vivienda en España es un ir y venir desconcertante. No se sabe muy bien qué hacer para incentivar el mercado inmobiliario. Que si ahora desgrava, que si ahora no, ahora recupero la rebaja en el IRPF, ahora la quito. De hecho, el último tajo, de tapadillo, ha sido erradicar la compensación fiscal que había para los contribuyentes que hubieran adquirido una casa antes del 20 de enero de 2006, cuando entró en vigor una reforma de la tributación al respecto. Su objetivo era tratar por igual a los propietarios a la hora de desgravar la vivienda habitual. Los cálculos de entonces hablaban de hasta 200 euros anuales por familia de ahorro fiscal y de cinco millones de hogares que se iban a beneficiar. Por tanto, quienes ahora estén pagando su hipoteca por pisos anteriores a aquella fecha, que sepan que en la próxima declaración Hacienda les devolverá menos.

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