Póngame al gusto cuarto y mitad de informe

A ver, usted, experto internacional de reconocidísimo prestigio: póngame cuarto y mitad de informe financiero, adóbelo con muchos y complicados números, cuantos más mejor, así el cocido nos saldrá con aparente sabor a realidad, como esas pastillas que hacen caldo artificial, y, sobre todo, que el resultado sea a mi real gusto, conforme al interés de mi paladar, ni más ni menos, haga viable lo inviable e inviable lo viable, que para eso le pago, y diga, para no descubrir el Avecrem, secreto del chef, que el escenario está estresado, y eso qué es, que los cálculos están proyectados en un futuro económico malo no, malísimo, y yo cómo voy a averiguar ese futuro si ni tan siquiera acerté en atisbar la llegada de esta crisis, eso da igual, el pueblo se lo come todo.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, exgobernador del Banco de España, se escudó en informes. La exministra de Economía Elena Salgado y su segundo, José Manuel Campa, se escudaron en informes. El expresidente de Bankia y Caja Madrid, Rodrigo Rato, se escudó en informes. Y yo, queridos lectores, si no fuera por la negra tinta y el decoro, exigiría que tanto papel se hiciera largas tiras y fueran colocadas en los retretes de los cuatro, pues al fin y al cabo eso hicieron la pasada semana cuando acudieron al Congreso a explicar los fiascos en la costosísima reestructuración de la banca, y qué hicieron, pues limpiarse el culo con los informes.

Sí. A la hora de espulgarse las culpas, apelaron todos a la existencia de informes elaborados por consultoras y auditoras, cómo no, de reconocido prestigio internacional, coletilla ésta que trataba de eximirles del pecado original, cuando los pecados mortales finalmente cometidos por todos, políticos, financieros y expertos, eran merecedores de abrirles de par en par las puertas de los infiernos.

Grosso modo, sus argumentos coincidían. Los informes, con sus números, avalaban la integración de Bancaja y Caja Madrid, y no había riesgos, y también la salida a bolsa de Bankia, y no había riesgos, y que todo era cierto, no había riesgos, ni más ladrillo del que había, ni más mierda bajo la alfombra, y nosotros inocentes, nos fiábamos de los cocineros, palabrita del Niño Jesús, besito a nuestros dedos cruzados a la altura de la boca. Por favor…

¿Y de quiénes nos fiamos, pues? ¿Quiénes mienten, por Dios? ¿Todos? Porque me pregunto: ¿Qué datos se facilitaron para allanar no sólo el citado matrimonio de conveniencia entre Bancaja y Caja Madrid, sino también el de Banca Cívica, y el de Catalunyacaixa, y el de Unimm, y el de Novagalicia, y el de tantas solterías frustradas de cajas de ahorros? ¿Qué otros se mandaron desde España para confeccionar los famosos test de estrés de la banca europea, que sostenían que, salvo contadas excepciones y todas ellas con posible final feliz, nuestras entidades financieras podrían soportar los carros y carretas de la economía? Y ahora, última pregunta: ¿Qué credibilidad otorgaremos a los inminentes informes también encargados, una vez más por supuesto, a consultoras y auditoras de reconocido prestigio internacional, sobre las necesidades de capital de cada banco o grupo de cajas? Y no me llamen desconfiado.

Si entonces no acertaron, díganme quién es capaz de asegurarme que ahora sí, y quién me garantiza que, dentro de un año, no habrá en el Congreso otros políticos y financieros que vuelvan a apelar a numéricos informes para convertirlos en papel de váter y limpiarse ya saben ustedes qué.

No. En la gestión financiera, como en la empresarial, no bastan los números, los márgenes, los balances, sino que hace falta experiencia y, sobre todo, olfato para los negocios y saber de dónde viene el dinero y por dónde se va, cuáles son las fortalezas y cuáles son las debilidades. Déjenme que les ponga un ejemplo de un cajero que despierta sentimientos encontrados, de odio y admiración, pero al que se le tiene mucho respeto. Si algo no le falta es visión, astucia y prudencia, siendo características que no se cocinan en papeles, por muchos dóricos, jónicos y corintios adornos con los que vengan preparados: Braulio Medel.

Si el presidente de Unicaja llevó hasta el límite la negociación para anexionarse primero Caja Castilla-La Mancha y después Cajasur, ambos procesos fallidos que terminaron con la intervención pública de ambas por parte del Banco de España, por algo sería. Si rechazó la fusión con la sevillana Cajasol, por algo sería. Y si espera y espera para cerrar definitivamente la integración con Caja España-Duero, por algo será. Porque el tiempo, frente a las presiones de la Junta de Andalucía, del Ministerio de Economía y del Banco de España, le ha dado la razón: los matrimonios, con noviazgo previo, las dotes claras por delante y una perspectiva de larguísima vida marital, con las finanzas como testigo y no la política. En la riqueza, sí, en la pobreza, no, en la salud, sí, en la enfermedad, no. Y nada de que hasta que los informes nos unan o nos separen…

La parva. La institución del Defensor del Pueblo Español se queda con tres coches oficiales. Sólo tres, según anuncia su actual titular, la sevillana Soledad Becerril. Tan sólo tres para defender a este glorioso pueblo español. Antes tenía seis. Con seis sí que se defendía bien al pueblo, muy requetebién, ahora calzo uno, ahora otro, y así hasta el número de seis. Y yo me pregunto si el Defensor (o Defensora) no nos defendería mejor a pie, en autobús o en metro. Nos saldría más barata la defensa si se dedicara el dinero a los defendidos, pues en tiempos de ajustes se debería bajar al mínimo la cifra de cochazos del parque móvil público.

La simiente. Los máximos directivos de La Caixa tienen pensado realizar una tournée por las capitales donde tienen sus sedes Cajasol, Caja Burgos, Caja Navarra y Caja Canarias, las integrantes de la extinta Banca Cívica, para entrevistarse con los respectivos presidentes autonómicos y explicarles las bondades de la nueva entidad financiera unida. Mientras tanto, hay prisas por cambiar la rotulación de todas las oficinas de Cajasol, imponiéndose el color negro sobre el azul que caracterizaba a la sevillana. Curioso que la modificación se realice incluso antes de que se haya elevado a escritura pública esta integración, prevista para los primeros días de agosto. Son las prisas con el objetivo de tenerlo todo preparado para el inicio del próximo curso en septiembre.

La paja. La decisión de Telefónica de no repartir este año el dividendo comprometido con sus accionistas es buena para la compañía, por supuesto. Sin embargo, en su justificación, apela a las incertidumbres de la economía española, cuando el presidente, César Alierta, aseguraba hace dos meses que el país estaba mejor de lo que se creía y se escribía. Para España es una gota más de desconfianza –estamos hablando de nuestra empresa más internacional, que deja de pagar a sus propios dueños, grandes y cientos de miles de pequeños–, sin contar con el estropicio en las cuentas de sus principales accionistas, entre ellos La Caixa y BBVA, que dejarán de ingresar sus dividendos. Va a ser, señor Alierta, que España está peor de lo que se cree y se escribe…

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *