Fascista si me llevas la contraria

Escribo esta nueva entrada de La Siega a sabiendas de que me llamarán de todo menos bonito y de que, sobre mi careto, colocarán una cruz gamada para quedar catalogado como periodista fascista y hasta nazi por combatir sus métodos, que no ideologías, allá cada cual que comulgue con la que le venga en ganas, siempre que se atenga a derecho y a un escrupuloso respeto hacia los demás. Corro incluso el riesgo de que la casa de este trabajador, el arriba firmante, sea asaltada y robada y su propietario agredido con la complicidad de la prensa, a la que cabría preguntar si primaría el derecho a informar, que por supuesto existe, sobre el aviso de la inminente comisión de un delito. Ni yo mismo sabría responder a tal dilema profesional pero, eso sí, como a cada uno le duele lo suyo, una vez asaltado, robado y agredido me cagaría en los muertos de quienes son mis compañeros.

Sí, señor Gaspar Llamazares, los actos simbólicos, como tildó los robos en los supermercados protagonizados por el SAT, el antiguo SOC, son simbólicos hasta que uno, en primera persona o en su propia empresa, los sufre. Pienso, por ejemplo, en la muy social y subvencionada cooperativa hortofrutícola de Marinaleda. ¡Asaltadla quienes no tengáis siquiera para comer y también todos aquellos movimientos sociales, sindicales, políticos que, aprovechando la tradicional sequía informativa de agosto, quieran llevarse los titulares de prensa! Dolería mucho, ¿verdad? A los miembros del SAT, a los socios, a los empleados y al mismísimo Juan Manuel Sánchez Gordillo…

La crisis económica, en efecto, deja situaciones dramáticas en numerosos hogares españoles, mientras asistimos a rescates milmillonarios de cajas de ahorros tras una ruinosa gestión. Esto jode y cabrea. Sin embargo, una cosa es que padres y madres de familia, en su comprensible desesperación, hurten alimentos y productos de primera necesidad –yo, queridos lectores, también lo haría si me viera en una situación de extrema precariedad– y otra distinta es orquestar un saqueo y jalear al pueblo al grito de ¡a por los supermercados!

Cree el ladrón que todos son de su condición. En la sarta de demagogias que envuelve este nuevo episodio veraniego del SOC, se han hecho las sempiternas comparaciones entre ricos y pobres, entre causantes y sufridores de esta ya larga crisis, y entre los diferentes tratamientos penales a quien roba para comer, a quienes desencadenaron los agujeros en las cajas y, por último, a quienes son chorizos de guante blanco. Y todo ello con soflamas del tipo que metan a la infanta Cristina y a su marido en la cárcel, y no a nosotros, o todos los banqueros a prisión, ellos sí roban, nosotros no, arengas adobadas con la verborrea, las descalificaciones y los insultos que se estilan allí por Marinaleda: todos los que nos lleváis la contraria sois de derechas y franquistas, nosotros no.

Yo, señores, también estoy indignado con esto y más, pero en mi desahogo, dos argumentos. El primero, estamos en un Estado de Derecho y, aun con sus defectos, que son muchos, prefiero este Estado de Derecho y no el Estado de Exclusión, Censura y Tortura practicado en Cuba, China o Corea del Norte. ¿Queda claro? El segundo, que frente a la corrupción ejercida en las altas esferas, queda la honradez del pueblo, y el que éste no tome la justicia por su mano, ojo por ojo, y rateros todos.

Para los periodistas, españoles o extranjeros, que no sepan, no se acuerden o no pregunten sobre los devaneos agosteños del SOC, dejándose llevar –insisto, sin rastrear, otra cosa es la ideología, que ahí no entro– por el romanticismo de las palestinas y la simbología del Che, que sepan que son tradicionales y que sin repercusión mediática no son nada, minorías que saben hacer ruido. Sus acciones eran hasta ahora simbólicas, señor Llamazares, y las sufría especialmente la duquesa de Alba. Pero en esta ocasión, han cruzado las líneas rojas. Y lo saben, pero cegados están por la gigantesca repercusión mediática mundial que han cosechado.

A esta Andalucía turística le viene muy bien esa imagen exterior de supermercados saqueados, ¿verdad, señor consejero de Turismo, Rafael Rodríguez? Que no se me olvide, otra compañera de IU, la consejera de Obras Públicas, Elena Cortés. ¿Por qué no tomar, simbólicamente, eso sí, su departamento para que construya todas las viviendas sociales que necesitan las familias? Y ya puestos, un tercero del partido y todo un vicepresidente del Gobierno regional, Diego Valderas. ¿Dónde está el prometido banco público de tierras para saciar la sed de los jornaleros, durmiendo el sueño de los justos, o es que va a alegar, como don Mariano Rajoy, que acaba de llegar?

Primero hay que pedirles y exigirles a los suyos que gobiernan, señores del SOC, y después tirar hacia lo más alto, ahí, con dos cojones. Propongo que, en vez de robar unos cuantos carros y zarandear a trabajadores de supermercados que, al fin y al cabo, defienden sus puestos de trabajo –¿en sus filas sindicales hay alguien que trabaje o su trabajo consiste en ocupar fincas?–, vayan a desvalijar las sedes centrales del Banco de España, Bankia, la CAM o Bancaja y tantas otras entidades financieras. Así, a lo grande, con contundencia, que son los causantes de que estemos como estamos, muy mal, y no una empresa, Mercadona, de las pocas que todavía crea empleo, paga salarios dignos y, aunque aprieta en precios de compra, hay cola de proveedores agroindustriales andaluces deseando trabajar de forma estable con ella –estoy seguro, señores de Marinaleda, que también os gustaría…–.

No. La denuncia de las injusticias de esta crisis, que muchísimas son, no justifica una llamada a la rebeldía, al delito y, en suma, al caos. Justo para esto están la palabra, las instituciones democráticas y, en última instancia –aunque cada vez más cerca–, la calle. Si hasta organizaciones benéficas declinan aceptar la donación de alimentos vía métodos del SOC… Será que también son de derechas, franquistas, fascistas y nazis.

P. D.

La parva. Este asunto merece una reflexión en los medios de comunicación, sobre todo en las televisiones. Hay quienes se dejan seducir sin freno por las palabras del SOCy por la villa roja de Marinaleda. Oro no es todo lo que reluce, y si no, que hurguen en la hemeroteca. Hubo tiempos en los que el líder cobraba dos sueldos públicos y, al descubrirse, alegó que no se había dado cuenta. Por eso, hoy sus insultos a los demás me rechinan tanto…

La simiente. Curioso que los sucesos se produzcan cuando las organizaciones agrarias más de izquierdas tratan de acercarse a Mercadona y a separarla de los “abusos” de las francesas y, sobre todo, de las alemanas.

La paja. La actuación del Gobierno, y especialmente de su ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha sido penosa, contribuyendo a la repercusión mediática de los sucesos de Écija. Pero igualmente penosa ha sido la reacción de la cúpula estatal y andaluza de IU –no siempre se puede consentir todo al hijo rebelde–.

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