Del rosa al amarillo

Quiso la casualidad, o al menos así quiero suponerlo salvo que intencionadamente lo buscaran las enrevesadas mentes de los estrategas de la comunicación o de la coquetería femenina, que Fátima Báñez, Ana Pastor y Soraya Sáenz de Santamaría coincidieran en el rosa, aunque con distintas tonalidades, al vestirse para el Consejo de Ministros del pasado viernes y la posterior rueda de prensa. Mas no teman, líbreme el cielo de entrar en crítica de moda, de la que ni entiendo ni, por supuesto, pretendo entender. La anécdota, sin embargo, me sirve para lamentar el color con el que este Gobierno central trata de trasladarnos y, por tanto, de que percibamos sus medidas, sus ajustes, su mundo económico. Y no. Cualquier otro menos el tinte rosa.

Ahí quedó, por ejemplo, cómo la titular de Empleo y Seguridad Social, a la hora de esconder que había endurecido las condiciones de acceso a la ayuda de 400 euros para los jóvenes parados, apeló a una familia donde el padre cobrara 4.000 euros mensuales y la madre otros 4.000, de cuya suma salen esos 8.000 eurillos que, por lo demás, son habituales entre los hogares españoles, ¿verdad?

Porque en su protección de la familia con mayúsculas, ésa que, en efecto, férreamente defendió con manifestaciones y misas multitudinarias en tiempos de Zapatero, puesto que entonces sí había que socorrerla y hoy no, el Ejecutivo de Mariano Rajoy apela al popular dicho de que, en casa, donde comen tres comen cuatro, haciendo recaer sobre los padres el sustento de los hijos desempleados, en no pocos casos treintañeros que regresaron al hogar porque o no tenían para el alquiler o no tenían para la hipoteca. Y claro, después de una vida laboralmente sacrificada, qué más da que papá y mamá, e incluso la abuela y el abuelo, realicen un poco más de sacrificio. Pienso en los míos, ya septuagenarios, y señora Báñez, créame, se me atraganta la saliva, me daría hasta vergüenza…

Y me pregunto: ¿Qué mejoras se han hecho en el Plan Prepara, tal y como anunció Rajoy? ¿Los 50 euros adicionales para contadísimos casos? ¿Con la renovación de esos 400 euros se piensa realmente que habrá más parados que encontrarán trabajo? Creo que no. De hecho, la filosofía del programa, la pronta reinserción laboral, es errónea desde su misma concepción en época socialista. Esa prestación sólo cabría entenderla como un mínimo económico vital, y no como un método efectivo para incentivar y encarrilar la búsqueda de un puesto laboral por una sencillísima razón: no se encuentra aquello que no hay.

Es más, si el Ministerio de Empleo y Seguridad Social aspiraba verdaderamente a mejorar la ayuda, podría haberle imprimido un radical vuelco, de manera que, en efecto, reforzara la cualificación profesional de los parados que, agotada la prestación, quedan a merced de esos 400 euros durante 6 meses, no más. Porque, aunque lo nieguen, la idea –ni siquiera proyecto– inicial era hacer compatible tal ayuda con algún tipo de práctica, minijob o servicios sociales a la comunidad. Sin embargo, al final el Gobierno no se ha atrevido para no soliviantar todavía más a los sindicatos y no complicar el ya de por sí otoño caliente que nos aguarda.

Pero aun a riesgo de ser sometido a crucifixión sindical, yo en este caso le hubiera prestado mi apoyo, pues creo que va siendo hora de que, a lo largo del periodo de desempleo, se arbitre: primero, una estrategia efectiva de políticas activas (esto es, formación), segundo, otra de prácticas temporales y parciales en empresas privadas, instituciones públicas y fundaciones sin menoscabar nunca, pero nunca, el empleo existente en las mismas, y, tercero, una última de trabajos sociales en beneficio de la comunidad. Si así se procediera, el Plan Prepara cumpliría buena parte de los objetivos para los que fue gestado y, de paso, acabaría con quienes están bajo el paraguas de esos 400 euros sin tener derecho, que también los hay.

Todo ello, eso sí, requiere mucha planificación, mucho tiempo y muchas ganas, y además que todos, todos, tomemos conciencia de que algo hay que hacer. El derecho al cobro de la prestación por desempleo, que, insisto, es un derecho que no cabe mermar y menos en tiempos de severa crisis económica, debe ir parejo a obligaciones personales y obligaciones para con la sociedad. Y me crucificarán, recalco, pero creo llegado el momento de reflexionar y abordar semejante debate. Que no sea el rosa del Gobierno, pero tampoco el amarillo inmovilista… y de los muertos.

P. D.

La parva. Sinceramente, no me fío de las empresas, en su mayoría del comercio y la hostelería, que aseguran que no repercutirán la inminente subida del IVA en los precios, sino que la cargarán contra sus propios beneficios para no dañar el consumo. Pues no. El aumento de los tipos impositivos es tan fuerte que, en no pocos casos, asumirlo implica la eliminación total de las ganancias. Y no ganar significa pérdida, y pérdida significa menos empleo. En las próximas semanas aflorarán las campañas de marketing tipo ‘no IVA’. Pero la experiencia demuestra que son eso, campañas de marketing.

La simiente. Que El Corte Inglés es uno de los mayores termómetros de la economía es algo consabido, y las cifras correspondientes a su último año fiscal lo corroboran una vez más: caída del beneficio, caída de las ventas y caída de la plantilla. Eso sí, el caer tiene sus matices. En concreto, la facturación se redujo, sí, pero sólo el 3,9% gracias a una rebaja precios adaptada a la realidad económica; esto hizo que se sacrificara el margen, es decir las ganancias, y con ello el reparto de dividendos; y por último, en el fuerte retroceso de beneficios (34%) pesó también el no aplicar expedientes de regulación de empleo, limitándose su política laboral a no renovar contratos temporales ni personal jubilado. Y es que hay maneras y maneras de afrontar la crisis…

La paja. Existen declaraciones que no sólo soliviantan en demasía a quienes más sufren la crisis económica sino que, además, refuerzan el creciente descrédito de los políticos entre la ciudadanía. Si aún está muy fresco en la memoria el que les jodan lanzado por la popular Andrea Fabra, otro compañero de partido, también diputado y esta vez por Orense, le da por decir el pasado fin de semana que las “pasa canutas” para llegar a final de mes, y eso que el susodicho, Guillermo Collarte, cobra cinco mil euros largos al mes y sería incluso ejemplo para ese modelo de familia que pone Fátima Báñez. Cada casa es un mundo y un mundo sus deudas, por supuesto, pero el señor Collarte, cobrando lo que cobra, podría haberse callado la boca.

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