Mi Sevilla encantadora no, la tuya

Ea, ya se terminaron, por fin, los fastos que conmemoraban el veinte aniversario de la Expo del 92 de Sevilla. Hasta dentro de cinco años, cuando celebraremos el veinticinco, y después el treinta, y así sucesivamente por siempre jamás. Qué empeño, oye, tenemos en efemérides, sean del tipo que sean, y así festejamos tanto a los vivos y como a los muertos en una eterna espiral de añoranzas del pasado. No resto mérito alguno a la necesidad de la memoria, pues hay que saber de dónde venimos para, con los pies sobre la tierra, plantearnos adónde vamos. Sí dudo de que, tras seis meses de algarabía evocadora, en este Ayuntamiento de Juan Ignacio Zoido se hayan enterado realmente de qué supuso para la ciudad esa cita mundial: nada más y nada menos que modernidad, nada más y nada menos que internacionalización, nada más y nada menos que empresas, nada más y nada menos que economía. Todo esto, señores que mandan, es el gran legado de aquella muestra universal, y no esa Sevilla de patillas que a ustedes les gusta y escogieron para el fin de fiesta en la Plaza Nueva. Que conste: no la critico, sólo digo que no representaba la apertura de mente que nos trajo la Expo, y que era precisamente ésta, y no la otra, la que tocaba conmemorar.

Insisto. No cuestiono los gustos de nadie ni las ideas de nadie, absolutamente de nadie. Allá cada uno con las suyas aunque se aferren al dictado de las letras de las antiguas sevillanas del Pali. Sí me preocupa, en cambio, que la imagen de la Sevilla cañí se adueñe de todo, y que a los empresarios que de fuera vienen, en lugar de enseñarles una Cartuja científica, tecnológica, próspera y adecentada, les pongamos el casete y, ea, a bailar con suma gracia y salero, riá pitá. El remate llega, sin embargo, cuando las propias empresas escogen justo esa imagen para darse a conocer, para atraer a la clientela, y aquí les pongo ahora dos claros ejemplos, uno para bien, otro para mal.

Caja Rural del Sur. Desde agosto pasado, cuando se materializó la absorción de Cajasol por parte de La Caixa, esta cooperativa de crédito sevillana, muy asentada en áreas rurales pues, al fin y al cabo, sus socios son los agricultores, viene inundando las radios de cuñas publicitarias destacando su identidad andaluza frente a, dice textualmente, “los forasteros”, en velada referencia a los catalanes de la entidad financiera presidida por Isidre Fainé. Como estrategia comercial está muy bien, máxime si se tiene en cuenta que la fortaleza de Cajasol está en los principales mercados de la caja que preside José Luis García Palacios, a saber, Sevilla y Huelva. Se aprovecha, además de dos circunstancias evidentes: la creciente desconfianza hacia las cajas de ahorros –hablan los protagonistas de que no saben dónde meter el dinero– y el fallido mapa de las cajas andaluzas –nosotros sí somos y estamos aquí, reconocida es nuestra solvencia y te conocemos y hablamos sencillo y como tú–, del que tan sólo queda intacta la malagueña Unicaja. Lo malo del anuncio es, sin embargo, cómo termina, al ritmo de unas sevillanas sobre cuya letra no haré comentario alguno, juzguen ustedes por sí mismos: “Andalucía guapa, gitana, mujer morena, libera tus jurdeles, gitana, de mano ajena. Despierta”.

De la Rural del Sur, de la que, sinceramente, no esperaba este tipo de salidas por el simple hecho de que a una entidad financiera se le presupone mayor elegancia, al de una empresa que, con gracia, se adapta a su mercado prioritario, el andaluz, pero, a la vez, resaltando la innovación en un producto tan simple que se le vincula con todo menos con la tecnología: “Leopoldo, échame el toldo / pase a la modernidad / Currito, dale al botoncito”. Se trata de la firma Toldos Quitasol, y como ella otras que, sin caer en la patilla, ni en el mal gusto, ni en los alardes de lo rancio, saben cómo sacarle provecho al deje de Despeñaperros para abajo.

Y termino tal y como empecé, con el Ayuntamiento. Dicen unas populares sevillanas, “mi Sevilla encantadora se fue con nuestros abuelos”. ¡Pues déjenla que se vaya, carajo! A ver si conseguimos que para las bodas de plata, dentro de cinco años, el fin de fiesta haga justicia al real y verdadero legado de la Expo del 92 y no quede reducido a la mera y sempiterna caseta de feria. Porque una cosa es la austeridad presupuestaria que impone la crisis económica, el argumento esgrimido por el Consistorio hispalense, y otra radicalmente distinta es bloquearse en el tránsito entre el de dónde venimos y el adónde vamos. Eso es no tener ni ritmo, ni rumbo.

P. D.

La parva. La diferencia entre mantener y crear es que con mantener sigue el mismo número y, en cambio, con crear el número crece. ¿Queda claro, no? Lección infantil de Barrio Sésamo. Pues bien. Ahora convendría aclarar si la compañía de telemarketing Iberphone va a crear 400 empleos en sus nuevas instalaciones en Sevilla o a mantener los que ya tiene actualmente distribuidos en varias sedes. Las dudas las ha extendido Comisiones Obreras, que sospecha que de creación nada, sí mantenimiento. Y conviene que se aclare para que a Zoido no le pongan la cara colorada…

La simiente. Es grande. Sí, muy grande este Braulio Medel, presidente de Unicaja. Ahí lo tenemos resistiendo tempestades financieras y políticas. Con su santa paciencia y frías dotes al enfrentar cualquier negociación, sea con gobiernos, curas, sindicatos o autoridades monetarias, Medel resistió y dijo no a las condiciones para integrar Caja Castilla-La Mancha, y también dijo no en el caso de cajasur y, por tercera vez, está dispuesto a decir no, no y no en el aún abierto y ya muy largo proceso de negociación para absorber Caja España-Duero. Y pase lo que pase. Siempre con los números por delante, y éstos, de hecho, han quedado avalados al aprobar con nota las últimas pruebas de estrés. La única torre financiera andaluza…

La paja. Dice Diego Cañamero, secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (antiguo SOC), que declararse “insumiso judicial”, que para el asunto que aquí toca es no atender las citas con la Justicia, no supone un acto de chulería, sino una “protesta”. Y sostiene que, tras haber acudir a decenas de juicios y haber sido detenido otras decenas de veces, no le han escuchado sus argumentos, y siempre los jueces tenían la sentencia decidida de antemano. Vaya manera de desacreditar a la Justicia, vaya actitud democrática… Si todos hiciéramos lo mismo, esto sería la plena anarquía. No, señor Cañamero. No creo que los fallos se escriban antes incluso del juicio, sino que va a ser que sus argumentos no se ajustan a Derecho.

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *