Hágase libre según mi voluntad comercial

Creo en la libertad horaria, no sólo para los comercios, sino para cualquier tipo de negocio. Nadie debería imponer a nadie cuándo abrir su empresa, salvo causa de fuerza mayor, como sería el descanso de los vecinos, y desconfío, además, de los informes de parte que construyen una relación inequívoca entre el aumento de las horas de apertura de las grandes superficies y el cierre y la pérdida de empleos en las pequeñas y medias tiendas. En una Andalucía con una legislación al respecto muy restrictiva, el avance del desierto comercial en las céntricas calles Cuna, Méndez Núñez o Plaza de la Magdalena, cuyas arrasadoras arenas se extienden ya hasta la mismísima Sierpes, obedece principalmente a la crisis económica, y no a que tal o cual cadena amplíe o no el tiempo de atención al público. Dicho esto, y a pesar de esto dicho, arbitrar una liberalización al gusto para el Centro de Sevilla es una política cínica donde las haya puesto que está retorciendo la ley hasta que la ley diga lo que quieren unos cuantos…

De entrada, ¿qué es eso de que el comercio del Centro tendrá libertad horaria? No, señores. La normativa ya permitía que los pequeños y medianos establecimientos abrieran sus puertas cuando les diera la real gana –véanse, por ejemplo, las tiendas de los ciudadanos chinos–, una ventaja competitiva respecto a los grandes que no han sabido aprovechar, al tratarse de negocios familiares que, en no pocos casos, se aferran a un pasado de venta de corbatas de siempre, con escasas posibilidades de incrementar plantilla y con nula concepción de las alianzas empresariales. Y este régimen de apertura plena –que, insisto, ya existe para quienes más se quejan– es precisamente el que ahora se pretende ampliar a firmas como El Corte Inglés, H&M, C&A o Zara, por citar tan sólo las más renombradas.

¡Atención, pregunta! ¿Quién ejerce un mayor poder de arrastre sobre el público, El Corte Inglés o Confecciones Juanita? Sin las grandes cadenas, el Centro está comercialmente medio muerto un domingo o un festivo. Y son ellas, se quiera o no reconocer, duela o no, las que otorgan la vida. Consciente el pequeño, dice: Ayuntamiento, la andaluza es muy restrictiva, así que acójase a la legislación nacional y adopte para esta ciudad la categoría comercial de Zona de Gran Afluencia Turística para que, de esta forma, abramos todos, pequeños y grandes. Pero, eso sí, cuidado, hágalo únicamente según mis intereses, no más.

Y, en efecto, hágase sólo para seis meses al año, no más, pues de mayo a noviembre hay menos ventas, ya se sabe, es el verano, así que para qué mantener el personal adicional contratado para el semestre de libertad horaria, ¿verdad? Hágase para los turistas de noviembre a abril, incluida la Feria, no más, pues en el resto del año no hay turistas, ¿verdad? Hágase para un área muy delimitada, no más, por mucho que algunos de los monumentos más visitados se encuentren de puertas para afuera, ¿verdad? Hágase pero recogiendo una cláusula de vuelta al statu quo anterior para dar por terminado el ensayo a su debido tiempo, y no más allá, en el caso de salir mal, es decir, si las cuentas no me cuadran –¿nadie se acuerda ya del experimento de las rebajas adelantadas de invierno, flor de un único invierno?–. Y, por último, hágase sólo para mí y para los míos, no más, nada de extender la medida qué se yo, a Nervión, a Los Remedios o a Pino Montano, que sigan ceñidos a y constreñidos por la legislación autonómica que, por cierto, yo mismo pacté con la Junta de Andalucía para mayor protección y gloria de nosotros, los medianos y pequeños comerciantes.

No me digan, pues, que la ley no se retuerce. No me digan que aquí no hay cinismo. Esta vez ni tan siquiera han contado con los sindicatos UGT Y CCOO, a los que, en su día, buscaron para que bendijeran la restricción horaria pactada con el Ejecutivo regional, que siempre se acogió a la banda más baja de cuantas recogía la normativa nacional, mientras que la Comunidad de Madrid agarraba la más alta, la que faculta una liberalización casi total, muy al gusto del PP que la gobierna.

Y aquí, mientras tanto, sigamos echando las culpas a los grandes para seguir siendo pequeños.

P. D.

La parva. Eh, tú, no te salgas del espacio delimitado por las tachuelas, ni te muevas. Pues sí, vamos a tener una Avenida de la Constitución cuarteada por tachuelas (carril bici y veladores) y zonas de tradicional cervecita, como es el Salvador, en las que si te sales de las tachuelas, te podrían acusar de hacer botellona y, hala, toma multa. Qué bonita quedará Sevilla con tantísima tachuelas para poner coto a los veladores. Sí, hay que acotarlos puesto que, en algunas zonas, y más en el Centro, crecen como setas al grito de la acera es mía, pero cuestiono que haya que cuartear las calles con tachuelas, cual sequía deja la tierra.

La simiente. Magnífica idea del Ayuntamiento de Sevilla la de ampliar al recorrido de la línea especial del aeropuerto hasta Plaza de Armas. Estarán conectados directamente la principal estación de autobuses y el aeródromo, una conexión que hasta ahora disfrutan sólo los viajeros que pasan por Santa Justa y El Prado. A esto se refería el alcalde, Juan Ignacio Zoido, cuando justificó la descomunal subida del billete del autobús (de 2,4 a 4 euros) en una mejora del servicio. Esperemos que no quede ahí, en la mera ampliación, y haya un refuerzo de la línea con más autobuses y, sobre todo, que el Ayuntamiento de Sevilla resista la presión del lobby de taxistas del aeropuerto, siempre receloso de las vías de transporte alternativas…

La paja. El Gobierno de Mariano Rajoy ha pedido el manso al de Juan Ignacio Zoido por los terrenos de Los Gordales –y cuando digo el manso digo el manso– y, de paso, que el Patio Banderas se recalifique y pueda acoger comercios –fíjense, a las mismas puertas del Real Alcázar, no pasaría nada con la Unesco, con la Torre Pelli, sí–. Yo para todo esto tengo una sola palabra: especulación. Y, para colmo, de un Gobierno amigo, del PP. Ese mismo PP que, en Andalucía, montó en cólera cuando el Ejecutivo regional aceptó solares del Estado en pago de la deuda histórica autonómica, y habló de que la consejera andaluza de Economía, Carmen Martínez Aguayo, se convertiría en una especuladora más. Cómo cambian las tornas, ¿verdad, Montoro?

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