El mercadeo político de la caridad

No citaré las siglas de ningún partido puesto que, créanme, no merece la pena. Quienes se sientan picados ajos habrán comido. Eso sí, voy a ser muy duro ante el mercadeo político de la solidaridad y la caridad al que estamos asistiendo en los últimos días por parte de unos y otros. Para el que firma este artículo, yo, es, sencillamente, vergonzoso. Consiste en hacer público, vía nota prensa y en no pocos casos con fotografía incluida, miren, aquí nosotros, que, como cargos públicos, destinaremos la paga extra de Navidad a tal o cual entidad benéfica, llámese Cáritas, llámese Banco de Alimentos, llámese como se quiera, y vosotros, eh, sí, vosotros, habréis de proceder igual, cómo, renunciando a la retribución extra, si no queréis que os orquestemos una campaña de descrédito denunciando que sois unos auténticos egoístas sin piedad ni corazón, quede constancia ciudadana de cuán dadivoso es nuestro espíritu, cuán ruin los de, y aquí señala el dedo acusador, ésos que se sientan en la otra bancada.

Seré bueno, mal muchísimo me cueste, y supondré, que es muchísimo suponer, que quienes así actúan son almas bondadosas y sin maldad alguna y, en efecto, quieren aumentar la hucha de las organizaciones de beneficencia que, en estos tiempos de penuria, prestan auxilio a las familias necesitadas. Eso sí, sin olvidar que al resto de los trabajadores públicos ya se les quitó la extra de Navidad vía real decreto de Mariano Rajoy y, por tanto, sin darles posibilidad de elegir si querían donarla a una ONG o, como está mandado, a pagar a los especuladores que se lucran con los elevados intereses de la deuda pública española o a sufragar las gigantesca ayuda estatal para la banca. Se me entiende, ¿verdad? Pero bueno, pelillos a la mar, no sigamos haciendo sangre por ahí…

Por supuesto, los cargos públicos –concejales, parlamentarios, diputados, senadores, uf, larga lista, me ahogo– deberían dar ejemplo y renunciar, como el común de los empleados públicos y acorde también con los recortes de salarios acometidos en buena parte de las empresas privadas, a la mensualidad adicional del próximo diciembre. Hasta aquí, un OK. Sin embargo, y en esto soy tajante, no es de recibo que nuestros políticos sevillanos armen la marimorena, ande, ande, ande, que es la Nochebuena, para presumir de solidarios y caritativos imponiendo la solidaridad y la caridad a los demás. Vistas así, son falsas, más que Judas, y políticamente oportunistas. Y por ahí, no.

Curioso resulta incluso que algunos de quienes estos días abanderan la fraternidad para la extraordinaria, cantan la generosidad propia y pregonan la avaricia ajena, no sólo resten importancia a los 20 millones de euros que el rico más rico de nuestros ricos de España y también uno de los mayores de este tan desigual mundo, Amancio Ortega, donará a Cáritas, sino que saquen además a relucir supuestos trapos sucios del dueño del imperio textil Inditex, que si sus talleres en el tercer mundo y las condiciones laborales en los mismos, que si sus sociedades de inversión especulativa, que si debería abonar más impuestos… Mensajes que, al fin y al cabo, buscan denigrar tal gesto de buena voluntad, al que, por cierto, este multimillonario ni está obligado ni es forzado.

La incongruencia aflora, asimismo, entre quienes ardorosamente claman en nuestro país por incrementar la carga tributaria para las grandes fortunas. Yo, sin quitarle razón alguna a tal reivindicación fiscal, que considero justa porque los ricos guardan artimañas miles para esquivar sus obligaciones con Hacienda, yo, insisto, en ausencia de mayor progresividad impositiva, prefiero que Amancio Ortega confíe sus dineros directamente a Cáritas antes que los ceda al Estado y, en la búsqueda de una ONG apropiada, una parte se pierda en la maraña burocrática y en la selva de políticos y de variados chupópteros.

No, mis queridos partidos, la solidaridad y la caridad no se imponen ni se fuerzan, y, por supuesto, no cabe sacar rédito político. Su ejercicio es siempre personal y, además, cada persona, según sus propias convicciones ideológicas, ha de decidir a qué entidad benefactora asigna el dinero, pues si algunos confían en el Banco de Alimentos, otros podrían hacerlo en Cáritas y unos terceros pongamos que en Cruz Roja. Ni siquiera hace falta colgar a las mismas puertas de la ciudad, para general conocimiento y escarmiento, a quien se aferre a la paga extraordinaria, déjenme, es mía, mi tesoooro, dado que por sí solito se retrata. Y, para rematar, ni que decir tiene que no me valen los sprint navideños de misericordia que tratan de acallar las malas conciencias mientras nos hartamos de pavo y endulzamos la vida con mazapán. La generosidad ha de ser perpetua, y no flor de un pleno de Ayuntamiento o Diputación.

FíjensFILIPINAS - HAMBREe en los ojos del niño de la fotografía, a ver si dejan la política y les duele realmente el alma.

P. D.

La parva

El grupo industrial MP, uno de los más importantes en una Sevilla que de industria adolece y vinculado a la familia Madariaga, acaba de refinanciar su abultado endeudamiento –100 millones, que no es moco de pavo si tenemos en cuenta que su facturación esperada es de 147 millones este año– y ha conseguido otros 7 millones de liquidez inmediata para levantar la suspensión de pagos que pesa sobre él. Desde aquí, ánimo a unos empresarios que han protagonizado en los últimos tiempos un culebrón familiar. Sea por el bien de la empresa y de sus 1.500 trabajadores.

La simiente. Hay quienes se llevan las manos a la cabeza por el severo recorte que el Ayuntamiento de Sevilla aplicará a sus planes de construcción de viviendas de protección oficial comprometidos durante la campaña electoral. Sin embargo, con la próxima creación del llamado banco malo, donde las entidades financieras españolas depositarán sus activos tóxicos inmobiliarios, y la gran cantidad de pisos que acumula la banca sin vender, es más probable que esta cartera de viviendas sea más barata que la de VPO que pueda construir Emvisesa. Sus recursos públicos, pues, deberían orientarse hacia la rehabilitación de casas. Pero cuidado, una cosa es no construir y otra bien distinta, liquidar esta sociedad municipal. Por ahí, no.

La paja. Nos acabamos de enterar de que en el palacio arzobispal de Sevilla se esconde un auténtico tesoro pictórico hasta ahora sólo disfrutado por quienes lo habitan y sus ilustres invitados. Y ha visto la luz, nunca mejor dicho, tras la reforma de su iluminación, costeada por la Fundación Sevillana Endesa, con el objetivo de enseñarlo al mundo, pero sólo unos días al año y con visitas guiadas y concertadas. Fíjense ustedes. Si se suma este patrimonio pictórico al que acumulan los sótanos de la catedral sevillana, al que tiene Cajasol sin exponer y a la colección de Mariano Bellver que tampoco encuentra sitio por parte de las administraciones, ¿cuánto arte y cuánto provecho turístico y económico nos estamos perdiendo? Dios, qué ciudad…

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