¿Crisis? ¡Toma bombillas!

En esta ciudad de lo sumamente recargado, Sevilla, la decoración navideña de su céntrica avenida de la Constitución, ya saben, camino hacia el Ayuntamiento, no podía ser sólo barroca, tenía que serlo en grado superlativo, horror vacui. ¡Toma bombilla! Tamaña demostración de algarabía, de lo fastuoso y de lo magno –palabra ésta, por cierto, muy de moda ahora en la villa, todo ha de hacerse magno, muerte a lo insignificante– contrasta con la sobriedad de los adornos en tiendas y grandes superficies comerciales, ésas que, vía luces parpadeantes y persistentes villancicos, rin rin, yo me remendaba yo me remendé, llaman al feliz consumo, no me seas triste, entra y cómprame, que suenen con alegría los cánticos de nuestra tierra y viva el Niño de Dios que ha nacido en Nochebuena. ¡Ah! ¡Y qué tiempos aquellos los de Nervión con el soniquete de Cortylandia, Cortylandia, vamos juntos a cantar, alegría en estas fechas porque ya es Navidad. Sí. Parece que este año existe incluso más moderación en los propios comerciantes, adaptados a estas épocas que corren, malas, muy malas, malísimas, que en nuestros gobernantes municipales, dispuestos a correr con una gran cortina de coloridas bombillas no sólo la dura crisis económica, sino también los abultados errores de su gestión.

No digo yo que echemos sobre el Centro toldos de negro luto, ay, qué pena, mírenlo, en ese pesebre, ahí desnudito y sin el aliento siquiera del buey y la mula, que los han desahuciado, decreto del Papa, ni que seamos todos un Ebenezer Scrooge, el avaro de Cuento de Navidad de Charles Dickens, ni que lloremos las desgracias de la niña de las cerillas del autor danés Hans Christian Andersen, historias fáciles para la lágrima y el remordimiento en estas fechas.

Sí, en cambio, denuncio el exceso y el aumento del gasto en momentos en los que debería imperar el recogimiento, aunque, la verdad sea dicha, en esta ciudad no hay recogimiento ni para la muerte de Cristo en Semana Santa. Me imagino a Juan Ignacio Zoido lleno de orgullo y satisfacción –cual rey– al contemplar ¡qué bonita está Sevilla!, calificativo éste, el de bonita, que es el mejor con el que se puede piropear la gestión municipal, bonita, y los comerciantes del Centro verifican, sí, muy bonita –los de Pino Montano no creo; calle Corral del Agua, poco adorno para mucho árbol–. No, señor alcalde, este año, no. Lo bonito choca y se torna hasta feo.

Pienso, por ejemplo, en el contraste entre la versallesca ornamentación navideña y el gran despliegue que instituciones públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales y las más diversas asociaciones sin ánimo de lucro están realizando estos días para captar dinero y alimentos no ya para los más necesitados, como tradicionalmente se solía decir al hablar de los excluidos de la sociedad, “los más necesitados”, sino de personas y de familias enteras que antes no y ahora sí están sufriendo en el estómago el dolor del hambre e incluso de la vergüenza por una puñetera crisis que, aunque heredada, no lo niego, este Gobierno del PP, en vez de atajarla, la ha empeorado. ¿Que sus reformas económicas y laborales darán sus prósperos frutos a largo plazo, allá por, sostienen ahora, 2014? Realmente, no lo sé. Yo sólo sé que hoy mandan el desempleo, los comedores sociales, el reparto de comida y… las bombillas navideñas.

No. Éstas no ocultan el crudísimo drama pese al grandioso escaparate de la avenida de la Constitución, como tampoco esconden la sensación de vacío tanto en la política hispalense como en la estrategia municipal, y esto último es, de veras, lo peor de todo. Sí, la situación de las arcas del Ayuntamiento es mala, hay que gestionar el día a día sin grandes proyectos. Sin embargo, tras la larga retahíla de contradicciones, decisiones a la ligera y errores de bulto en el Ayuntamiento en todo aquello que atañe a la economía y al impulso del tejido empresarial, no encuentro nada significativo, apenas algunas cositas, para decir, Zoido, chapó, así se hace, cojonudo, a seguir por ese camino. Eso sí, la ciudad en estos días, señor alcalde, como otrora Cortylandia, ¡ah, Cortylandia!, está bonita. Bonita, bonita. Qué fea es, en cambio, la realidad, y la verdad. Fea, fea.

P. D.

La parva. A falta de otras estrategias económicas y laborales, el Gobierno de Griñán desempolva la de los pactos. Hagamos un pacto por Andalucía, y así, de paso, nos vale de confrontación política con el Ejecutivo central y con el PP regional. Como si la ciudadanía no estuviera ya hastiada, en las próximas semanas asistiremos a otro estéril debate de yo sí, tú no, yo soy más andaluz que tú, tú tienes una actitud servil respecto a Rajoy. Y ahí irán los sindicatos a sumarse y ahí también irá la patronal CEA. Ea, a pactar, porque los pactos anteriores, como sabemos, sacaron a Andalucía de la cola de la economía y de la cola del empleo…

La simiente. Demostrada queda la suma protección que el Gobierno concede a la banca. Los últimos episodios han sido las medidas antidesahucios, que no beneficiarán a tantas familias como inicialmente anunció el ministro Luis de Guindos, y prohibir los impuestos regionales sobre los depósitos, concebidos en las comuidades de Extremadura y Andalucía. Ante tal paraguas gubernamental, aplaudo a aquellos alcaldes, valientes ellos, que anuncian retiradas de depósitos públicos cuanto constatan medidas injustas por parte de la banca. Si hay algo que daña a una entidad financiera es la mala imagen, tal y como se revela ahora con la polémica abierta en Sevilla con La Caixa a cuenta del Caixafórum en las Atarazanas.

La paja. Quién le ha visto y quién le ve. Gerardo Díaz Ferrán, detenido por presuntos delitos de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales. Para que se entienda: que al parecer el expresidente de la patronal española CEOE escondía sus dineros para evitar que se esfumaran al hacer frente a sus obligaciones con sus acreedores por la quiebra de su otrora imperio empresarial turístico, el grupo Marsans. Sí, ese mismo señor contrario a las huelgas porque, decía, dañaban la imagen del país, ese señor que apostaba por trabajar más y cobrar menos, ese señor que ha sido el máximo representante del empresariado español. Un pedazo de ejemplo, sí. Como para que los patronos nos den lecciones de imagen y honestidad…

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