Una Caixa en todos los fregados

Qué feliz era La Caixa en Andalucía cuando nadie le tosía. Un continuo crecer en oficinas y empleados y, por tanto, en negocio, una credibilidad financiera forjada a golpe de beneficio y compromiso con las empresas regionales, unas buenas relaciones con las administraciones públicas y, por qué no decirlo, una magnífica sintonía con los medios de comunicación. Qué felices eran también aquellas presentaciones anuales de su cosecha andaluza ante los periodistas, siempre con más créditos, más depósitos y más clientes, hasta que la crisis económica aconsejó eliminar las ruedas de prensa, ya se sabe, bonito queda contar lo bueno, feo, en cambio, reconocer un ay, Virgencita, que me quede como estoy. Pero tanta felicidad y armonía se han truncado y a la entidad catalana le caen chuzos de punta en esta comunidad y, como dicen los actuales gobernantes del PP, son debidos a la herencia, mas no de Zapatero, ya el único reproche que le faltaba al buen hombre, sino por pufos que dejó Cajasol.

Pasa ya de castaño a oscuro la cuestión del Caixafórum y lo hace por esa insana manía de los políticos de embarrar todo con la mala política, y ellos seguirán así pese al desarraigo creciente de una ciudadanía que clama contra el omnipresente e insalubre partidismo a la hora de afrontar los problemas. No resto, sin embargo, ni un ápice de responsabilidad a Caixabank, el banco de La Caixa, porque, aunque quiera borrarla de las hemerotecas, ahí está la palabra comprometida en persona por su máximo directivo, el catalán Isidre Fainé, ante quien, allá por octubre de 2009, era –y hoy sigue siéndolo– el presidente de todos los andaluces, José Antonio Griñán. Queda muy feo, mi querido Fainé, faltar a su palabra, el darse la vuelta e ignorar la mano que un día estrechó para huir de las Atarazanas y llevarse el complejo cultural a la torre Pelli.

No olvido tampoco el ingente papeleo, esa burocracia cansina en una ciudad, Sevilla, donde hay una sorprendente agilidad para obtener en cuestión de horas beneficios fiscales para las empresas que colaboren con el Año Jubilar de la Macarena y, en cambio, para sacar adelante un proyecto a estas mismas empresas les atiborran con mil y un trámites, que incluso se complican si por medio anda la Junta de Andalucía, que casos los hay. Que el Caixafórum se instale en la torre Cajasol, o ya torre Caixabank, se sostiene, sí, tanto en términos de ahorros para el grupo bancario como en la imperiosa necesidad de dotar de contenidos al magno proyecto inmobiliario heredado de Cajasol que, en un contexto de crisis económica y de cierre de negocios, puede quedarse medio vacío.

Segundo pufo que deja la caja sevillana a Caixabank, el de Isla Mágica. Este parque, sin duda alguna, es un activo muy importante para la oferta turística de la ciudad, pero no es menos cierto que su rentabilidad económica es externa, es decir, reporta beneficios a las firmas turísticas (hoteles, restaurantes, agencias de viajes, empresas de autobuses, taxis, etcétera) y a la propia imagen de Sevilla, pero es una histórica rémora para la sociedad gestora del recinto temático, que tiene actualmente al banco catalán como accionista mayoritario. Es más, si este parque se ha mantenido abierto, ha sido por los continuos balones de oxígeno insuflados por Unicaja y Cajasol por orden y mando del Gobierno regional socialista en tiempos en los que éste hacía y deshacía en las cajas de ahorros andaluzas en función de sus intereses. Y esos tiempos, sí, han cambiado.

Porque aquel invertir donde la Junta impusiera, sobre todo en operaciones de auxilio y rescate de empresas, está trayendo más de cuatro dolores de cabeza al nuevo propietario de Cajasol, y menos mal que, en un momento de lucidez y cuando el dinero ya comenzaba a escasear, se negó a otra batalla estéril: reflotar los astilleros sevillanos. Para muestra, un botón: el esperpento empresarial en que se ha convertido la compañía aeronáutica Alestis. Se preguntará Caixabank qué hago yo aquí siguiendo los dictados de una Junta de Andalucía que trata de enmendar el entuerto que ella misma engendró. Son las cosas que pasan al confundir el dinero ajeno con el propio.

Y, por último, para pufos de Cajasol, los inmobiliarios, la infinidad de suspensiones de pagos de empresas andaluzas que le adeudan dinero y los polémicos desahucios. Pero bueno, pelillos a la mar, que ésos, los del ladrillo, los concursos de acreedores y el echar a la gente de sus casas, son males comunes para todas las entidades financieras.

En el Edificio La Caixa, ubicado en la Avenida la Palmera y donde radica la sede regional de la entidad financiera hasta que se traslade a la torre Pelli –encima justo de su Caixafórum–, Juan Reguera, el director territorial, se andará preguntando qué he hecho yo para merecer esto, con lo bien que estaba mi antecesor en el cargo, Manuel Romera, a quien le tocó las vacas gordas, hasta Rey Melchor fue en la Cabalgata de Sevilla, y yo aquí, gestionando esta crisis económica, administrando la herencia, la buena (negocio, clientes) y la mala, que deja la integración de Cajasol, lidiando como puedo con las consecuencias de un presidente que ha faltado a su palabra y, para colmo, enredándome con los políticos. Vaya plan.

P. D.

La parva. En la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES), no se está ajustando la plantilla, porque poca plantilla hay, esta patronal provincial no tiene, ni por asomo, la amplia estructura que posee la regional Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). Pero los trabajadores sí se están ajustando el cinturón. O mejor dicho, su presidente Miguel Rus, el de las riñas con el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio, Zoido, anda con la tijera recortando y recortando. Sueldos, por supuesto. Eso sí, en la patronal CEA las cosas fueron peores, puesto que los empleados fueron directamente a la calle.

La simiente. La patronal agraria Asaja de Sevilla mantiene este año su tradicional encuentro navideño con los periodistas agroalimentarios, unos encuentros que, por aquello de la crisis, han venido a menos en los últimos años en instituciones y empresas. Aunque esto tenga una trascendencia interna y al público en general ni le interese, es una evidencia de que, al menos en esa casa, las cosas van bien. En otras rivales, no.

La paja. Aquellos que firmaron el numantino Pacto de Saray, políticos, empresarios y sindicatos granadinos, andarán ahora orgullosos con su obra: nada de alianzas de Caja Granada con otras cajas andaluzas y sí forjar un grupo nacional con otras cajas de ahorros foráneas. Pues sí, Caja Granada pasará, sin duda alguna, a la historia, pero por su nacionalización, no por hacer historia financiera. A esto se llama tiro por la culata.

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One thought on “Una Caixa en todos los fregados

  1. Barquero says:

    Apesar de todos los pufos que Cajasol haya dejado,la compra por La Caixa ha sido un chollo.La ha comprado por tres duros y ademas ya con la plantilla «racionalizada».Antes de firmar la compra, exigió poner en la calle a mas de 1.400 personas.El «pufo» no esta ni en la Torre Pelli(350 millones), ni en Isla Magica,ni en el Club Baloncesto,…el pufo de verdad está en los impagados del Sector Inmobiliario,sobre todo en los prestamos a los promotores y a las inmobiliarias,…ahí es donde esta el pufo de verdad. ·
    Cajasol,en un mercado mas competitivo y libre,era inviable y mas en un contexto de crisis,como la que se veia venir(porque se veia venir).San Fernando y El Monte estaban heridas de muerte desde que el poder politico les obligo a «fusionarse» con Caja de Jerez y Caja de Huelva,para que tapar la situacilon de ambas y esto sin tener en cuenta la mas minima economia de escala y con la colaboracion de unos sindicatos pastoreados desde El Poder.
    La Caixa conoce muy bien con quien trata.Nos conoce perfectamente y sabe que hay poca capacidad de reaccion,saben de nuestro cainismo… y aún hay que agradecerle la compra de Cajasol y que miles de andaluces puedan trabajar en una empresa como La Caixa,modelo de gestion y solvencia.
    Asi que menos lamentos y mas critica interna,…..
    Un cordial saludo.

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