Un Baltasar de identidad desconocida

Echando un vistazo al listado de los 285 reyes que han pasado por Sevilla desde 1918, y en este año me paro pues no hay constancia de los 5.751 anteriores, éstos sí fueron realmente anónimos, buscaba yo el morbo de saber cuántos ilustres empresarios y financieros habían llevado sobre sus cabezas el peso de las coronas de Melchor, Gaspar y Baltasar, y también cuántos habían soportado la maldición del mago gafe, y no voy a citarlo, lagarto, lagarto, a quien le toca o tiene asuntos judiciales que resolver o su economía o empresa se descalabra. No. No sirve la magia para borrar los apellidos del listado del Ateneo, más quisiera, ni para quitar ahora ese mal sabor que dejan los caramelos –duros– cuyos envoltorios portaban sus nombres o los de sus compañías. Pelillos a la mar. No voy por ahí.

Me centro en el año 1918 y en su rey negro, de identidad, dice la lista, desconocida. Es el único entre los 285. Sí, desconocida. Al pensamiento se me vienen los subsaharianos que se dejan la vida tratando de cruzar el Estrecho de Gibraltar anhelando este mundo de cabalgatas, y también esas imágenes de vientres inflamados de niños negros que no tienen qué llevarse a la boca. No puedo dejar de acordarme de unos y otros, de establecer tales paralelismos. Pero tampoco voy por ahí. Yo me quedo con el anonimato de aquel mago, el negro, el hoy preferido por los más pequeños aunque sea coloreado con betún, porque ese preguntarse quién será conserva el halo de misterio, de ilusión, que ha de impregnar la noche de Reyes frente a tantísimo protagonismo y tantísimo personalismo de los más mayores, y sin olvidar el mercantilismo que, en ocasiones, ha rodeado la elección de sus majestades.

Ser rey mago en Sevilla, sí, es un sueño para la mayoría de los hombres y mujeres que un día fueron niños y niñas, aunque las mujeres y niñas tienen, por ahora, vedado el coto, quedan constreñidas al heraldo –que termina en o– y a la estrella –que acaba en a– de la ilusión. El rey –rematado en y, la letra del cromosoma que dicta el ser macho– es el rey y no la reina, léase, mamá, quien ha sido, por cierto, la que tradicionalmente más empeño, tiempo y cariño ha dedicado para llevar la magia a la mañana de Reyes. Y tanta ilusión tienen aquellos por la corona que, además de la proclamación oficial, yo, Ateneo, te corono, se convocan ruedas de prensa, desayunos de prensa y almuerzos de prensa y sólo faltarían cenas de prensa para que sus tres majestades subieran rechonchos a sus respectivas carrozas. No. Esta ciudad no tiene moderación.

Otro ejemplo, la masiva presencia de mayores en las carrozas. Sí, los mayores serán como niños, pero no lo son, basta ya de robar protagonismo a quienes deberían ser los verdaderos protagonistas, los niños. Es que me hace mucha ilusión, alega el intruso. Pues claro, y a tu hijo o a tu sobrino más aún, así que bájate y espera con la misma ilusión a la carreta del Imserso, que hace muchísimo tiempo que mudaste los dientes de leche. Y un tercer ejemplo, ya al margen del Ateneo, el sorteo que este año se ha orquestado para encarnar a Gaspar en la Cabalgata de Triana, la segunda con mayor glamour en la ciudad, tras descolgarse a última hora el actor Alberto López, alias El Culebra. Bien distintas son las cabalgatas de barrio, pocos jóvenes salpicados entre muchos pequeños, quizás porque aquí, en el extrarradio, están más ajenos a esa Sevilla del aparentar, la de no ver y sí querer ser visto.

Pino Montano, casi a mediodía del día de Reyes, calle Corral de la Encarnación. Un chaval ayuda a su octogenaria abuela, con movilidad reducida, andador lleva esta mujer de cabello completamente blanco, a alcanzar la vía principal, Corral del Agua, para disfrutar el cortejo de seis carrozas y tres reyes desconocidos. Ya en la esquina, sentada sobre el andador, trata de avisar, estoy aquí, cuidado, a esos padres que se matan por coger caramelos y pelotas sin mirar siquiera a quienes tienen atrás. Se aproxima Baltasar, el mago negro, y la anciana sonríe. Y sobre los hombros, la larga y huesuda mano de su adolescente nieto, quien no la quita hasta concluir el sencillo desfile. Con esta imagen me quedo 95 años después de aquel 1918 de anónimo rey. Feliz Año.

P. D.

La parva. Caixabank se quita un muerto de encima al salir del accionariado de Alestis, cuya mayoría del capital quedará en manos de Airbus tras el fiasco del proyecto impulsado por la Junta de Andalucía. El abandono del banco estaba cantado no sólo por el sofocón que le está dando la firma sevillana, sino también porque era herencia de Cajasol que, como lo fueran Unicaja y el BEF o banco de las cajas, fue forzada a entrar en su proyecto por el Ejecutivo regional. A partir de ahora, confiemos en que Airbus encarrile el futuro de Alestis y su participación en el A350. Porque sin Airbus y sin el A350, Alestis es poco que menos: nada.

La simiente. Dos mercados gourmet en Sevilla capital. Pues no está mal. Al contrario, está muy bien. Teniendo en cuenta que la principal industria andaluza es la que procede del campo, la agroalimentaria, iniciativas como las emanadas del Ayuntamiento de Juan Ignacio Zoido para las Naves del Barranco y en la Puerta de la Carne son loables, pues, además del negocio, servirán para difundir aún más la calidad de nuestros productos y la gastronomía regional entre los turistas que nos visitan. De hecho, la capital hispalense adolece de mercados grandes específicos de productos gourmet y tan sólo hay tiendas pequeñas pese a la gran riqueza agraria. Dicho esto, el primero de ellos, el de las Naves del Barranco, no exige tanta inversión como el segundo, al que hay que desear suerte (con los bancos).

La paja. Si después de los robos de droga en comisarías y depósitos judiciales de Sevilla y Málaga se siguen produciendo en otras instalaciones oficiales (Cádiz y Huelva), la conclusión es muy sencilla: el sistema de custodia y control no funciona. Y es una vergüenza que el despliegue policial y el dinero público dedicados a la incautación de la droga se duplique en la investigación para capturar a los responsables de los hurtos y recuperar la droga. La lógica ciudadana dice que una vez incautada, analizada y asignada a un caso judicial concreto, la droga debe ser destruida inmediatamente y no guardarla hasta que toque incinerar y menos que haya que llevarla hasta Asturias para quemarla. Y si las normas y los protocolos no se adaptan a esta lógica, lo que hay que incinerar son las normas y los protocolos para imprimirles agilidad.

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