Expoliando, que es gerundio

Yo no expolio, tú expolias, él expolia. Nosotros no expoliamos, vosotros expoliáis, ellos expolian. Sigamos conjugando, hagámoslo en pasado, presente y, me temo, en futuro. Sí. Está de moda este verbo en Sevilla capital. Expoliar: “Despojar con violencia o con iniquidad”. La definición concebida por la Real Academia Española se queda muy corta para la retahíla de casos conocidos. Yo hablaría de despojo con violencia para el bolsillo ajeno, el de los contribuyentes, con avaricia, a mala leche y susceptible de aprovechamiento partidista e interesado por parte de los políticos, siguiendo su difusión pública la ley del embudo, ancha para mí si causa mal a mi adversario y siempre estrecha para protegerme y proteger a los míos, ignorando el caso que denuncien quienes hoy se sientan –ayer éramos nosotros– en la bancada de enfrente.

Sucedió en el Pleno municipal del pasado viernes. Los socialistas sometían al delegado de Movilidad y Seguridad, Demetrio Cabello, a un larguísimo interrogatorio de tipo americano (el pueblo contra…) por el expolio de las antiguas instalaciones que ocupaba la Policía Local en la Cartuja, en cuyo desalojo arramplaron con todo, tan sólo faltó que lamieran las paredes para llevarse la pintura. Mientras tanto, Gregorio Serrano, el titular de Empleo, Economía, Fiestas Mayores y Turismo –¿no cabía nada más en el nombre del cargo?–, salía al pasillo para contar a los periodistas, ey, noticia os traigo, los de ahí dentro que se enteren por la prensa, la existencia de más –aún más– facturas presuntamente irregulares en Mercasevilla, ya convertida en la lonja por excelencia de la corrupción andaluza. Pues bien, el susodicho, amplitud de vocabulario donde las haya, enlazó tres veces la palabra expolio en la misma frase. ¿Queda claro? No. La conjugación seguiría en la jornada siguiente con el alcalde, el muy popular Juan Ignacio Zoido, hablando en tercera persona del plural del pretérito perfecto simple, ellos expoliaron, pero justo un día después, a preguntas de la canallesca, se negó a entonar tanto la primera persona del plural, expoliamos, como del pretérito perfecto compuesto, hemos expoliado. Lo dicho. Dos varas de medir. Porque utilizar la misma hubiera sido reconocer los hechos y, por tanto, conferir un vuelco a las diligencias judiciales ya abiertas…

No estoy comparando ambos asuntos, ni por asomo. La envergadura del vergonzoso caso Mercasevilla deja el tema de la antigua comisaría de la Cartuja en mero episodio del cómic Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio. Las cosas como son. Desde aquí, de veras, un respaldo al máximo para que el equipo de Zoido siga buscando, sacando y revisando todos los cajones de la lonja y remitiendo a los juzgados cualquier factura que se presuponga falsa. Que se abra Mercasevilla en canal y se limpie su mierda, denunciando a quienes sacaron tajada de sus cargos públicos y de sus influencias políticas. ¡Cien mil kilos de pintura para el mercado mayorista de pescado y fruta! Sería para dar algo de color a la corrupción…

Dicho esto, señor alcalde, no debería usted restar importancia ni obviar otras polémicas bajo su mandato, porque pueden saltarles en la cara. ¿No se acuerda ya de los enchufismos peperos en los talleres de distrito pocos meses después de ganar las elecciones? La experiencia debería servirle para andarse con pies de plomo cuando hay denuncias como la del expolio de la comisaría de la Cartuja porque la historia, además, causa sonrojo por chusca. Muy chusca.

El Ayuntamiento que, intuyendo, sólo intuyendo, que el edificio sería demolido, cursa orden de llevarse todo el material reutilizable, aunque cueste sacar de cuajo los enchufes y cables de las paredes. El intendente que cumple con sumo celo el mandato y, asimismo, permite, negociar a un policía local con las taquillas, que se venden a una chatarrería con cuyos dueños existen vinculaciones familiares, con reparto posterior del beneficio. Por último, estos chatarreros u otros se extralimitan y casi arrancan hasta los muros de hormigón. Y en medio, el agente que apela a la jerarquía, el intendente que apela a la jerarquía y la jerarquía, el Ayuntamiento de Sevilla, que carga contra sus subordinados pero, eso sí, reconoce su propio síndrome de Diógenes. Pues mientras los juzgados dictaminan qué responsabilidad hay en esta cadena de despropósitos, lo menos que podría hacer el Consistorio es sentarse y hablar con la empresa perjudicada, Detea, aunque sea sólo para otorgar mayor credibilidad a su propio soniquete político de los expolios. Expóliese también el actual Consistorio de quienes obraron mal.

P.D.

La parva. Qué difícil es gobernar y, a la vez, estar en la oposición. Me refiero a Juan Ignacio Zoido, el alcalde en Sevilla, el líder del PP en la comunidad andaluza. A ver quién se cree sus ataques a las políticas laborales del Ejecutivo autonómico del socialista José Antonio Griñán cuando él mismo tiene a las puertas de Plaza Nueva un tropel de manifestaciones de trabajadores descontentos con la gestión municipal. Son las incongruencias de la política y son los inconvenientes de ese don de la ubicuidad política. Si el tema del candidato del PP-A no se soluciona pronto, trabajo le costará que se crean su discurso…

La simiente. Que la despedida de la concejal Mercedes de Pablos suscitara aplausos por parte de los tres partidos que se sientan en el Ayuntamiento de Sevilla dice mucho de su labor, muy lejana de la típica –y a veces rastrera– confrontación política, y de su personalidad, pues no ha dudado nunca en felicitar públicamente a la bancada popular cuando se adoptaban iniciativas que consideraba idóneas, en especial en cuestiones culturales y sociales. La presencia de personas sin fidelidad inquebrantable y a ultranza hacia unas siglas políticas enriquece, y muchísimo, a los partidos entre otras cosas porque aportan una visión distinta, sin la contaminación excesiva de quienes no ven más allá de las cuatro esquinar del carné, de cómo resolver problemas y de cómo acercar posturas. Buena suerte en su nueva andadura.

La paja. La banca, que a poco que te descuides te mete en una lista de morosos que te complica la vida, debe la tira de millones a las comunidades de vecinos de las viviendas que se han quedado en propiedad tanto por los impagos de hipotecas particulares como por la absorción de promociones inmobiliarias para compensar créditos empresariales no recuperados. Como institucionalizó Federico Trillo, manda huevos. Dos lecturas. La primera: gracias a sus cuotas mensuales, los vecinos que pagan religiosamente están sufragando los servicios comunitarios de los que se benefician también sus nuevos e invisibles vecinos, los bancos. Y la segunda, lástima que no se incluya a esas entidades financieras en las listas de morosos, así sufrirían en propia carne qué es tener, por mero despiste, un descubierto…

Standard

One thought on “Expoliando, que es gerundio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *