Dos cartas para echar a la basura

Mi querido señor Juan Ignacio Zoido:

¿Se puede saber quién es su estratega laboral? Porque la lleva clara… Cepílleselo ya. Ha jugado con fuego o, en este caso, más bien con mierda. El hecho obstinado de no volver a la negociación con el comité de empresa de Lipasam hasta el día de ayer tenía sus pros y sus contras. Sí. Como gran mandatario municipal, usted se mantenía firme, de aquí no me muevo, qué se creerán estos basureros, sin ceder ante, según sus palabras, el vandalismo asociado a la huelga indefinida de basuras, si bien, dicho sea de paso, ya había claudicado un pelín, porque hace un par de semanas en su equipo de gobierno aseguraban que el Ayuntamiento no se sentaría con los empleados si persistía la amenaza de este paro a lo bestia. Es la táctica política del para cojones ya están los míos. Le podía o no salir bien, todo dependía del grado de resistencia económica y anímica del adversario. Lo malo vendría si a usted, señor alcalde, le obligan a agachar resignadamente la cabeza y a tender la mano no ya los operarios de la limpieza, sino o los empresarios que viven del turismo en una ciudad, Sevilla, que también tiene en él una vital fuente de ingresos, o un problema de salud pública que, con el radiante sol de estos días, acecha. Entonces, fallida la pericia política, afloraría la suerte del gallo de Morón, sin plumas y cacareando en la mejor ocasión.

La maniobra de airear sueldos y cláusulas del convenio colectivo –que causan mucha sorpresa, sí, aunque fueron consentidas y rubricadas por anteriores alcaldes y nada de ellas dijo el actual cuando, la primavera pasada, refrendó el acuerdo, o más bien patada hacia adelante, con el comité de empresa de Lipasam, ése que tanto esgrime para justificar su postura– ha fracasado, sí, entre otras cosas porque tales retribuciones y derechos laborales fueron legalmente ganados, con sello y membrete del Ayuntamiento y con preceptiva publicación oficial. Mal me acusen de demagogo, si no lo digo, reviento: en medio de tantos sobres y sobresueldos peperos, ¿quién es el bonito que se atreve ahora a cuestionar las condiciones económicas y laborales de los trabajadores? Y puestos a jugar al por mis cojones, animo al Gobierno local a revisar todos y cada uno de los convenios colectivos de sus empleados, incluidos los de Tussam y la Policía Local, y a acabar con todos sus privilegios. Venga, adelante. Se abre la veda.

Mi querido señor Antonio Bazo:

De entrada, una pregunta para usted, portavoz del comité de empresa de Lipasam, que ha de responder con el corazón en la mano y la cabeza fría: ¿De verdad había que llegar al extremo de una huelga indefinida? Sinceramente, yo creo que no. Se lo digo desde fuera. Con una visión distinta e imparcial. Soy de los que piensan que cuando uno se mete muy mucho en su mundo pierde la perspectiva del conflicto. Así es. Convertir la ciudad de Sevilla en un gran y pestilente estercolero por una rebaja de la masa salarial del 5% y una ampliación de dos horas y media en la jornada de trabajo semanal, hasta las 37,5, no es de recibo. No, no lo es. Y menos en los malos, críticos, tiempos económicos que corren. Sí, le doy la razón, no es justo que el tiempo adicional se concentre en festivos y, así, evitar emplear a eventuales, ni tampoco que el recorte de sueldo abarate las contrataciones futuras. Dicho esto, al menos a mí no me entra en esta cabeza, y mire que he cubierto conflictos laborales, que semejantes exigencias sean suficientes para convocar su dura, durísima, protesta.

Y le digo aún más, señor Bazo, aunque también en el siguiente argumento me coloquen la etiqueta de demagogo. Cada uno vela por sus intereses, ley natural donde las haya. Pongo un ejemplo: el Consistorio está contentísimo con sus empleados de la Agencia Tributaria y sus policías locales al actuar como máquinas registradoras –multa que te pongo, multa que tramito, multa que te cobro–, y para ellos, pues, se arbitran los incentivos por productividad, frente al resto de los trabajadores municipales, a quienes les está reservada la esquiladora de los recortes públicos. Sin embargo, hoy por hoy, y en medio de esta larga crisis, el contexto del conflicto laboral de Lipasam, más allá de esas cuatro paredes de la Administración que gobierna Juan Ignacio Zoido, habla de cierres de empresas, de expedientes de regulación de empleo, de despidos masivos, de paro, de muchísimo paro. Y en ese ambiente, en ese drama, mi querido sindicalista, resulta difícil decir sí a todas sus reivindicaciones.

Puestos a responder al por tus cojones, los míos, la experiencia demuestra que la paciencia de la plantilla nunca es infinita, sobre todo cuando la huelga termina costando a los operarios más dinero que la propuesta inicial de la empresa, sea pública o privada. Y entonces la unidad queda minada. Y entonces el comité de empresa se quema. Y entonces hay pérdida por partida doble: la laboral y la sindical –y ésta última gustaría al Consistorio…–.

En Sevilla, a 4 de febrero de 2013 (y con la sensación de que firmo dos cartas que terminarán en la basura).

P.D.

La parva. Caixabank no descarta nada para la torre Pelli. Terminará la obra. Después el abanico de posibilidades es amplio: venderla, adjudicarla a una firma externa para la comercialización de oficinas y locales comerciales o mantenerla en una de sus filiales inmobiliarias y emprender una gestión propia del rascacielos. Vender ahora, no, se perdería dinero. ¿Quién sería tan loco como para comprar? Empresarios ricos y fondos extranjeros no faltan. Cabe recordar que algunos céntricos edificios como los del Santander en Tetuán y Avenida, ambos de Amancio Ortega, o el de Sevillana en la avenida de la Borbolla, de Metrovacesa, no son de sus inquilinos. A esperar.

La simiente. Y hablando de Caixabank. Su presidente, Isidro Fainé, no quiere disputas territoriales. El pasado viernes, durante su rueda de prensa en Barcelona y a preguntas de un periodista sobre sus relaciones con la Generalitat de Cataluña, dijo que se llevaba bien con todas las administraciones, y en la respuesta incluyó a la Junta de Andalucía. Y es que, pese a las últimas y polémicas palabras del consejero de Cultura, Luciano Alonso, recordando que las llaves de las Atarazanas aún las tiene La Caixa, lo cierto y verdad es que el conflicto por la ubicación del Caixafórum toca a su fin. En la torre Pelli, y no hay más que hablar. Para las Atarazanas, señores de la Junta y del Ayuntamiento, lo que vosotros queráis…

La paja. Y seguimos con el banco catalán. Ha tenido que llegar una entidad foránea para que se ponga dinero privado para la restauración de la iglesia de Santa Catalina. ¿Pero dónde están los patrocinios de las empresas privadas y del resto de bancos y cajas? Echo en falta, sobre todo, aportaciones de las empresas turísticas, ésas que siempre están quejándose y pidiendo al Ayuntamiento y a la Junta. Ya es hora de un mayor compromiso con el patrimonio de la ciudad y no tanta actitud pedigüeña. No estoy hablando de emprender un amplio despliegue como Cruzcampo, Abengoa o Endesa, sino de pequeñas aportaciones, cada uno en lo que pueda, que contribuyan a sufragar restauraciones.

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