El Coronil o la mala política a sangre y fuego

Este artículo parte de la desinformación y, por desinformado, ni tan siquiera debería publicarse. Pero aquí está. Contrasentido periodístico, sí, soy consciente, pero el tema tratado, El Coronil, se presta a escribir sin saber realmente qué pasa. Nadie dice la verdad, todos mienten. Cual frente de guerra donde los propios corresponsales reconocen que tantas víctimas hay según qué bando, sin que las fuentes, ni las oficiales ni las opositoras, sean cien por cien fidedignas, por no alegar que son cien por cien falsas. Y a tantísima desconfianza me lleva un pueblo, ese sevillano, cuyos vecinos tienen en la política, en la mala política, un constante campo de batalla, y también intransigencia en la sangre. A estas alturas, tras un mes de esperpéntica huelga de basuras, no sé si las razones asisten al alcalde socialista o a los comunistas del SAT, pero sí que hay dos hechos objetivos. Primero: impedir la retirada de los desperdicios en áreas declaradas en riesgo sanitario, esto es, con peligro para la salud, es de juzgado de guardia. Y segundo: si el conflicto laboral no guarda relación con los trabajadores de la limpieza, resulta inconcebible que, en el legítimo enfrentamiento y discusión de pareceres que pudieran existir con el Consistorio, se coja como rehenes a todo el municipio y a todos sus habitantes, sin flexibilidad ni cuando está en peligro la salud –que es la vida– de las personas.

Tres problemas principales afloran en esta localidad. Uno habla de que, cinco años después de perder el poder local, los miembros del SAT –el antiguo SOC de los incombustibles Sánchez Gordillo y Cañamero– se resisten como gatos panza arriba a acatar las reglas de la democracia. Eso sí, con la insultante y amenazadora verborrea que les caracteriza, llaman fascistas a quienes no comparten ni sus ideas –todas, por supuesto, respetables– ni sus formas de hacer política, algunas de las cuales, cuando bordean la violencia ya sea de acción o de palabra, ni se deben tolerar, ni consentir ni transigir, y mucho menos si se está ejerciendo responsabilidades de gobierno –señor Diego Valderas, esto va directamente por usted–. Otra cuestión, sería la segunda, atañe al haber considerado durante décadas que el Ayuntamiento era no una institución para administrar el pueblo y sus necesidades, sino una empresa y una máquina de hacer empleos a conveniencia y para los míos, y siempre a costa del dinero público. Y, tercera y última controversia, haber amamantado a los niños con una ideología del no respeto a los demás, o conmigo o contra mí, labrando durante años el rencor del nunca acabar y obviando, pues, el primerísimo principio democrático de que las ideas se defienden con palabras y argumentos, y no a hierro, no a sangre, no a fuego.

Leo estos días panfletos encabezados con un ¡hasta la victoria final! Soflamas de guerra. Denuncian la existencia de nuevos caciques en el municipio, apuntan al alcalde y, por extensión, a los socialistas andaluces, que quieren terminar con este histórico reducto comunista, cuál, El Coronil. Señalan que el Consistorio es un cortijo, donde el primer edil se cepilla la exigua bolsa de trabajo para contratar, dicen, a los suyos –señor Jerónimo Guerrero, si de verdad hay enchufes, mal, muy mal, así, no–, expresión que presupone que anteriormente los suertudos eran los míos. Y, como remate, aseguran que los servicios mínimos no se cumplen por órdenes del Consistorio, para así enquistar el conflicto laboral, al tiempo que consideran que la Consejería de Salud atiende exclusivamente a intereses partidistas cuando, por evidentes razones sanitarias, ordena una recogida urgente de la basura en las proximidades del colegio o la guardería. Es igual, qué más da, ¿verdad? Que sigan merodeando los pequeños de El Coronil entre la mierda, hasta que pase algo…

No, señores míos del SAT. Ni me imagino ni puedo imaginarme a las autoridades sanitarias jugando, como ustedes, a la política en una materia tan sensible como es la salud de las personas. La responsabilidad de la administración autonómica es, en este caso, muchísimo mayor que vuestro muy egoísta intento de retomar en las calles el poder que las urnas les denegaron. No cabe otra conclusión después de constatar cuán raquítica es esa bolsa de empleo –señor alcalde, por cierto, en la tasa de reposición cero se puede ser flexible– que reclamáis, y si realmente existen enchufados, acudan a los tribunales. Aquí al menos los hay, como también existe libertad de expresión. A Corea del Norte mandaría yo a muchos de esos jóvenes –e ilusos– comunistas que, a final de 2011, lloraron la muerte de Kim Jong Il. Seguro que regresaban escarmentados.

P. D.

La parva. Los trámites del dragado parcial del río Guadalquivir para que puedan entrar buques de mayor calado hasta Sevilla sufren un nuevo retraso, otro más, esta vez dentro de la propia Autoridad Portuaria. No se espera que tarde mucho la autorización técnica, se habla de semanas o meses, aunque es posible que la aprobación se realice con un nuevo presidente del Puerto de Sevilla, a tenor de los tambores de relevo inmediato que suenan para Manuel Fernández, quien se ha mantenido en el cargo a pesar de los cambios de gobierno tanto a nivel nacional como local.

La simiente. Bienvenido al arenal de Plaza Nueva al nuevo concejal socialista Miguel Bazaga, que sustituye a Mercedes de Pablos, quien asume las riendas del Centro de Estudios Andaluces. El protocolo dicta desearle toda clase de parabienes, y así se hizo el pasado viernes, con loas incluidas del alcalde, el popular Juan Ignacio Zoido. Bazaga lleva dos décadas vinculado a la Banda de Música –que, por cierto, está también que trina con los recortes municipales– y no son precisamente melodías las que ahora tendrá que tocar en el Ayuntamiento hispalense. Desde aquí, desearle muchísima suerte. “Siempre ha mostrado colaboración defendiendo el interés general y con altura de miras”, dijo de él Zoido. Ahí están sus palabras, a ver qué quedan de ellas cuando el concejal socialista baje realmente a la arena…

La paja. Uno acude al Pleno del Ayuntamiento de Sevilla y parece estar en la sede del Parlamento de Andalucía a tenor de la cantidad de reproches entre el gobierno municipal y la oposición de PSOE e Izquierda Unida a cuenta de los dineros que la Administración autonómica adeuda al Consistorio y por la doble condición de Juan Ignacio Zoido como alcalde y presidente del PP regional. El pasado viernes, por ejemplo, el socialista Juan Espadas le recriminaba al regidor que justo aquello que éste reclamaba más al Ejecutivo de José Antonio Griñán, empleo, empleo y empleo, no lo ejecutaba de puertas para adentro, esto es, en Plaza Nueva. Zoido, por su parte, se defendía mandando a los portavoces de PSOE e IU a pedir al bipartito autonómico las partidas económicas que debe al Ayuntamiento. En fin, lo dicho, hospital de las Cinco Llagas.

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *