Están locos estos romanos

Estamos en el año 2013 después de Jesucristo. Toda España está ocupada por los peperos. ¿Toda? ¡No! Una provincia poblada por irreductibles sociatas resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no resulta fácil para las guarniciones de legionarios en los reducidos campamentos del PP de las calles San Fernando y Rioja. Y ahí batalla nuestro particular centurión Graco Linus, a la sazón, Juan Bueno, quien, aquel día que se vio coronado de laureles por el partido provincial, hizo suyo el mandato popular de acabar “con la dichosa manchita roja”, Sevilla, ésa que, junto con algunas aldeas más allende Cataluña y País Vasco, impiden una piel de toro de monocromático azul, y una Andalucía por entera de azules pitufos –uy, me equivoco de cuento–.

Poniendo en cuarentena cualquier sondeo de opinión electoral, pues sobradas experiencias tenemos para recelar –dos ejemplos: 1996, tal vuelco dio el socialista Manuel Chaves a las encuestas que su contrincante popular, Javier Arenas, sugirió, lagarto, lagarto, que había pucherazo, resignación que, ya cabalmente, asumiría doce años después cuando, y otra vez frente a los estudios demoscópicos, perdía los comicios regionales–, el conocido la semana pasada por parte del Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía (Capdea) invita a reflexionar sobre cuáles son las desgracias del PP en Sevilla –provincia, no la capital, donde vuela la gaviota– porque la roja manchita se extiende cual goterón de aceite.

No existe ningún Panorámix que elabore y reparta la pócima mágica de la fortaleza a los socialistas, ni creo que Susana Díaz, secretaria provincial del PSOE, aglutine, salvo la astucia, las cualidades del heroico Astérix ni la candidez de Obélix. Los malos ejemplos de sus políticas económicas y laborales se revelan con mayor nitidez allí donde llevan toda la vida gobernando, la Junta de Andalucía. Sus excesos pasados los pagamos ahora, y no toda tijera cabe atribuirla al Gobierno central, por mucho que el sambenito del recorte quede inequívocamente vinculado al equipo de Mariano Rajoy.

Siempre mantendré que el más fiel termómetro social es el paro, y la comunidad no es ejemplo absolutamente de nada, pese a los no sé cuántos planes de segundas, terceras o cuartas modernizaciones de Andalucía y también a los no sé cuántos pactos por el empleo y acuerdos de concertación con sindicatos y empresarios. Porque, una vez pasada la emoción del discurso del actor Antonio Banderas, que, de veras todas, chapó por él y por su franqueza, esta sensibilidad verdiblanca queda relegada ante una evidencia: aquí lo que hay es paro. Mucho paro. Demasiado paro.

Mi querido Graco Linus, no se aflija, no va por usted. Como mero centurión que es de Rioja recibe órdenes de la jerarquía y las aplica, y sufre sus consecuencias con repertorio de tortazos y castañas políticas ante la humillante resistencia socialista. Quien manda en las legiones populares es el general Julio César, o Mariano Rajoy en este cómic, cuyos recortes económicos y sociales y su incumplido programa electoral, ése que le llevó a La Moncloa, son los que padece no sólo la sevillana, sino el conjunto de la aldea española. Él, que a sí mismo se presentó como la salvación de la patria, cosecha cinco millones de parados, y su partido anda envuelto en presuntos casos de corrupción que, en época de crisis y sangría laboral, la ciudadanía, hastiada de repeinados, no está dispuesta a tolerar.

Porque el enriquecimiento ilícito, sea grande, sea pequeño, sea vía cuentas en Suiza, sea vía fondos de los ERE, es un elemento adicional a la desafección de los ciudadanos hacia unos políticos, sean de un bando, sean de otro, que no resuelven sus problemas y se enzarzan en discusiones estériles y grandilocuentes titulares de prensa para perpetuarse, apoltronados y con sueldo fijo, en sus partidos y cargos públicos. Y este creciente número de electores que responden en las encuestas que ni saben a quién votarían o, en todo caso, que lo harían en blanco, es cuanto menos preocupante, por ser caldo de cultivo para posiciones extremistas. Al tiempo…

No sorprenden, por tanto, los resultados del Capdea para la provincia, donde la izquierda se mantiene pero no por los socialistas, que bajan, sino por el crecimiento de IU y de UpyD, mientras que la derecha literalmente se desploma, arrastrando todo el crédito adicional que el PP se había labrado en los últimos comicios generales, cuando sí logró una vendimia histórica. “La principal asignatura pendiente del PP es ganar en 2015 en la provincia, y en ésa estamos. Son momentos difíciles. Mucha gente no entiende las medidas que está tomando el PP. Lo comprendo, pero también creo que la gente entenderá antes que tarde que merece la pena tomarlas pues su situación mejorará. Y éste será nuestro pasaporte para ganar las elecciones en 2015”. Juan Bueno dixit, octubre de 2012.

Están locos estos romanos si, con la que está cayendo, creen conquistar la irreductible y dichosa Sevilla. Y dirán los galos, dando la vuelta al significado del adjetivo, pues sí, cuán dichosa es…

P.D.

La parva. Hay caídas de empresas que duelen, y mucho. Por su trayectoria y la de su fundador, Francisco León, uno no puede sino desearle la mejor de las suertes a la sevillana Merkamueble, que consiga levantar la suspensión de pagos (concurso de acreedores) y mantenga la actividad y la mayoría de su plantilla. No será por falta de empeño y voluntad del empresario, que, aunque suene muy manido, se ha labrado a sí mismo. Quizás le haya fallado no haber puesto más énfasis en el extranjero habida cuenta de que el mercado en España está muerto y, con la crisis económica, la gente no compra muebles sino “mueblitos”, como él un buen día los calificara…

La simiente. Uno no sabe si esto es simiente o paja. El español Amancio Ortega, fundador y principal accionista del grupo textil Inditex, es ya el tercer hombre más rico del mundo, ¡del mundo!, tras escalar vertiginosamente durante los años de la crisis económica. Olé por él y por sus 57.000 millones de dólares. ¿Se acuerdan ustedes del único sevillano que entró en la lista de Forbes? Era Luis Portillo, cuya virtual fortuna se esfumó al compás del derrumbe del ladrillo. Ortega al menos tiene un negocio sólido. Bien por él y bien por la imagen de España que, en medio de la crisis, labra grandes ricos.

La paja. El secretario de Organización del PSOE de Huelva, un tal Jesús García Ferrera, ha mandado a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, a hacer punto de cruz y dejar el Gobierno. Yo, en cambio, le sugiero al susodicho socialista que aprenda él mismo a hacer punto de cruz, a bordar y a hacer croché, y así vaya aprendiendo eso de la igualdad entre hombres y mujeres que pregona su propio partido que, por otra parte, salta a la mínima cuando ve atacadas a sus mujeres al grito de ¡machismo de machistas! Lo dicho, señor García Ferrera, que le vaya bien la costura.

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