Ha muerto un hombre

El exmatador de toros José Ortega Cano va hoy a juicio por matar a un hombre. Por matar a un hombre. Lo hizo de manera involuntaria, sí, pero mató a un hombre. La Ley y la Justicia serán las que asignen el término jurídico –acusación: homicidio imprudente–, con todos sus descargos y atenuantes, al hecho cierto de que mató a un hombre, y también la pena –si finalmente la hay– que tendrá que pagar por haber matado a un hombre.

José Ortega Cano, por aquello de la fama, pone nombre y apellidos a miles de conductores anónimos que han matado a un hombre. O a una mujer. O a un niño. Se le ha de tratar pues como a esos otros miles, ni más ni menos. Como a esos otros miles que no desenfundaron un arma en sus múltiples acepciones, pistola, escopeta, hacha, navaja, bomba, pero sí un coche. Siendo el resultado el mismo: mataron a un hombre. No queriendo, no, pero sí mataron a un hombre. No lo hicieron conscientemente, pero mataron a un hombre. O a una mujer. O a un niño. Y con alcohol de por medio. O con velocidad excesiva de por medio. O ambas cosas.

Nadie puede cargar toda la vida ni claudicar ante la vida por un error. Tampoco José Ortega Cano. Y menos cuando se cometió sin premeditación. La duda surge al determinar si media o no premeditación cuando, con la consciencia clara, una persona decide beber a sabiendas de que, acto seguido, cogerá el volante de un coche que, sin ser arma, termina fatalmente siéndolo. Y mata a un hombre.

José Ortega Cano casi pierde la vida en el hospital. No fue un casi para el hombre que mató. Sólo hay una víctima, no dos. A todo el mundo le asiste el derecho a rehacer su vida. Y él lo ha hecho. El otro, no. Como tampoco lo harán los miles y miles de muertos en accidentes no voluntarios. No estoy diciendo que haya que vivir amargado por una culpa eterna. Sí que la culpa está ahí y ha de ser consecuente con esa culpa. Porque se entra y se sale de una cárcel. Pero en el cementerio, si entras, no sales.

Lo malo de José Ortega Cano es que es un personaje mediático de un circo mediático. O quizás lo bueno, de eso ha vivido y vive. Será recibido en el juicio como se merece. Con decenas de cámaras. Decenas de periodistas. Decenas de medios de comunicación blancos, amarillos o rosas. Le preguntarán de todo. Cuál es su verdad. Qué hay de las pruebas de alcoholemia. Cómo se siente. Quién le acompaña. Y qué tal le va cambiar pañales a su edad. Sin tantas televisiones, la familia del hombre muerto. Siendo la que debería interesar, no interesa. Ella no vende. No es el espectáculo.

No lo fueron, ni lo son, ni lo serán aquellos otros miles de conductores anónimos que han matado a un hombre. Y cuando salga la sentencia para José Ortega Cano, su pena, no la pena de la familia del hombre muerto, cuya pena es otra y de por vida, estoy seguro de que sabrá a poco, por mucho que la Justicia tenga que tratar al ciudadano José Ortega Cano como a un ciudadano más, como un conductor más que ha matado a un hombre. Son las consecuencias de los juicios paralelos, de la expectación mediática, de la condena previa, pero también de una muy aireada estrategia jurídica que, aun con todos los respetos hacia la legítima defensa, derecho humano y constitucional donde los haya, uno no puede dejar de lanzar, uf, vaya con la defensa…

Pero lo que no deben olvidar nunca los protagonistas de este circo mediático es que esto no es un juicio por corrupción, ni por blanqueo de capitales, ni por impagos a Hacienda, ni por divorcio, ni por custodia de hijos, ni por los dineros de la manutención. Aquí hay un hombre muerto. Y clamo, pues, por una cobertura informativa rigurosa, sin tintes rosas. Negro es el color que impera. Porque no sé si lo he dicho: mataron a un hombre.

P. D.

La parva. Le preguntó el periodista: “En esta misma sala, lo de lograr la rentabilidad del campo lo lleva usted diciendo años, ¿pero qué medidas concretas está adoptando Mercadona?”. Y Juan Roig, su presidente, respondió: más directores responsables en la compañía para compras directas, sin intermediarios, a los agricultores y ganaderos y la subida del precio pagado por la leche a los productores, un incremento compartido entre la empresa y sus interproveedores lácteos. Le faltó decir la más importante: algo estaremos haciendo bien cuando ya ni las asociaciones agrarias, en especial las andaluzas, se quejan de nosotros…

La simiente. La constructora Dragados arranca hoy oficialmente –ya no hay primera piedra, sino una pegada de carteles diciendo aquí hay una obra– los trabajos para terminar la torre Pelli, aunque el verbo terminar parece mal empleado, pues terminar evoca algo inmediato, pero levantar este complejo de oficinas, comercial, hotelero y de ocio no concluirá hasta el segundo semestre de 2014, si no hay más retrasos –no descartables a tenor de la complejidad técnica del revestimiento–. Ahora, una pregunta a quienes, con vehemencia, se opusieron al rascacielos: ¿Sevilla lo ha interiorizado o no? ¿Lo ha asumido como propio o no? Porque las redes sociales se llenan de fotografías con un mira cómo se ve desde aquí, allá, acullá. ¿Será que, finalmente y por fin, estamos descubriendo la torre?

La paja. Sellado el concordato, tampoco es cuestión de reabrir batallitas, pero sí quede constancia del estupor en Caixabank respecto al anuncio del consejero andaluz de Cultura, Luciano Alonso, de la inversión prevista por la entidad financiera catalana en las Atarazanas apenas unas horas después de que su presidente, Isidro Fainé, y el de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, proclamaran aquello de aquí paz y después gloria. “¿Que va a anunciar qué? Si hubiera que anunciar algo concreto lo anunciaría mi presidente o el suyo, pero no el consejero”, comentaba un alto cargo de La Caixa. Hombre, algo tendría que decir Alonso para que, después de tanto berrinche, no quedara con el culo al aire… En fin, cordura, borrón y cuenta nueva. Otro espacio cultural ganado para Sevilla, además del Caixafórum.

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4 thoughts on “Ha muerto un hombre

  1. RUTH says:

    Sí ha muerto un hombre y otro hombre, -que debería ser como cualquier otro- es el responsable y ha de ser juzgado y sentenciado igual que cualquier otro que no es aquello de matar toros eximente de conductas delictivas e impropias.

  2. RUTH says:

    Que el Sr. Juan Ros no nos venda pavadas, queda muy lúdico festivo eso de yo elimino intermediarios y compro directamente….¡que ejemplo de generosidad! estoy aturdida y apelmazada por la sorpresa. No me venga usted con milongas Sr. Ros que todos sabemos que en las empresas que le fabrican su archiconocida marca propia los trabajadores tienen los derechos que tienen (igual que los de sus establecimientos, por cierto) y luego siempre temblando por si retira usted los pedidos, hecho que de suceder supone la muerte definitiva de la empresa. A ver si sabemos todos de que estamos hablando. Por cierto, una pregunta me surge, ¿Qué importe del Sr. Bárcenas corresponde a la aportación de su empresa al PP?.

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