Dejadez: la Andalucía de los Mayores

Si les pica, señores de la Junta de Andalucía, es porque ajos habrán comido. Le costó a mi compañero José Gallego hacer el reportaje Andalucía de los Niños, zona cero, porque, claro, con su nula información y la imposibilidad de entrar allí, se estaba intentando ocultar la ruina de este impresionante parque de maquetas sobre monumentos y espacios naturales de la comunidad autónoma que, en su día y por su singularidad, fuera una de las delicias de la Exposición Universal de 1992. Qué verdad es aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente, y dejadez que no se revela al mundo…

Gracias al cielo, a ciertos periodistas nos queda aún un pelín de malicia –sin ella, a ver qué sería de esta profesión–, y ahí queda constancia de que la Andalucía de los Niños es fiel reflejo de la Andalucía de los Políticos Mayores. Sí, una Andalucía que se cae a cachos, con una administración regional dedicada simple y llanamente a sobrevivir, sin iniciativas que hagan a uno quitarse el sombrero y decir, oye, chapó, jugando otra vez a los pactitos de concertación social que, a estas alturas y con estos niveles de paro, no se los cree nadie, y, para más inri, con una oposición parlamentaria que ni tiene líder ni puede dar ejemplo de nada, salvo, eso sí, de mentiras electorales. Vaya plan.

Me dirán ustedes, Juan, te has pasado, la Andalucía de los Niños no es para tanto. Sí, lo es, puesto que, hoy por hoy, ese recinto constituye un auténtico monumento a la desidia de la administración pública –así como otros de la tecnológica Cartuja 93, tales como los aparcamientos del Charco de la Pava y el Jardín Americano, que no dependen del Gobierno autonómico, sino del Ayuntamiento de Sevilla, al que ya puse a caldo en su día–.

Primero porque, allá por las vísperas de la Expo, costó la nada despreciable cantidad de ¡800 millones de pesetas!, que dos décadas atrás valían muchos más que los 4,8 millones de euros al cambio actual. Segundo porque muestra una absoluta falta de respeto al dinero de los contribuyentes, ya que si te lo has gastado, al menos no lo desperdicies, cuánto sudor ganarlo y pagarlo y cuán poco te supone arrojarlo, sí, por la alcantarilla. Tercero porque es un ejemplo de la plena ausencia no sólo de capacidad, sino también de voluntad, de imaginación y de visión de futuro a la hora de sacar provecho y rentabilizar económica y socialmente las inversiones que llevan por título cultura. Cuarto, y al hilo del anterior argumento, porque si eres incapaz, admítelo y confía en un tercero, vía colaboración, vía cesión, vía lo que sea, antes de que sea irreversible, y aquí, por cierto, me pregunto qué hubiera pasado si el parque de maquetas se ubicara en una ciudad gobernada por los socialistas, y no en la popular Sevilla. Quinto porque el alegato de que no hay presupuesto no me sirve cuando, a la larga, si quieres recuperar lo perdido, el desembolso será mucho mayor que el necesario para la conservación. Y sexto y último, porque si esta cosa no te interesa lo más mínimo y quieres dejarla caer, venga su muerte por inanición o hasta que alguien recoja a la moribunda –dicen ahora que hasta tres empresas están interesadas, no una, ni dos, sino tres, y que incluso harán un concurso público para tanta oferta, supondremos que a precio de saldo y para el desguace–, reconócelo y no andes con medias verdades, que de éstas y de mentiras, de unos y de otros, estamos ya hartos.

Me replicarán desde la Consejería de Hacienda y Administración Pública, la responsable de esta Andalucía en pequeñito, que, tal y como está el patio, con crisis, paro, recortes y demás, qué necesidad hay de dedicarle esfuerzos y urgencias a tan poquita cosa. Mi respuesta será ésta: sumando cositas, una, dos, tres, se construyen grandes cosas, mientras que, al revés, tan sólo se edifican castillos en el aire, cuyos eslóganes políticos sin cimientos reales, tipo concertación social o segunda, tercera, cuarta o quinta modernización de Andalucía, terminan como el cercado de maquetas de la Expo: cayéndose a cachos.

Mi querida consejera de Hacienda y Administración Pública, Carmen Martínez Aguayo: Se ha llevado estos días los titulares de prensa por extender la responsabilidad política del caso de los ERE a José Antonio Viera y a Antonio Fernández, los ex de Empleo en tiempos del fraude con los fondos públicos para los expedientes de regulación de empleo y la paz social. Sí, bienvenida sea su gran osadía, que, dicho sea de paso, no implica novedad alguna, sino que simplemente pone palabras a lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa al margen de aquella pantomima que fue la comisión de investigación en el Parlamento regional. Pero lo de la Andalucía de los Niños, señora mía, es un problema de gestión y, a tenor del nombre del cargo que usted ejerce, ante todo, en esta época de crisis económica y de escalofriante desempleo, se le exige gestionar y administrar, y no jugar a la política. Es ahí donde se calibra la Andalucía de los mayores, y no la de los niños.

P. D.

La parva. En la última junta directiva de la CEA, tan sólo una persona alzó la mano para pedir detalles de las cuentas de la patronal y de sus pérdidas en 2012, y tampoco es que se le dieran muchas explicaciones al susodicho, ahí tiene usted a nuestro tesorero, quede algún día con él. La anécdota da idea de que, hoy por hoy, no existe opositor para disputar la presidencia a un Santiago Herrero por los siglos de los siglos, pese a la expectativa que ha generado el joven Miguel Rus y por mucho que no pocos empresarios rumien la desconfianza ante la competencia que podría implicar una CEA prestando más servicios y cobrando.

La simiente. Y seguimos con la andaluza Confederación de Empresarios de Santiago Herrero. Joan Rosell, presidente de la CEOE, se traslada hoy a Sevilla para pronunciar una conferencia en la sede de la CES, sita en la plaza de la Contratación, donde está la casa de la Cámara de Comercio, ya se sabe, ambas asociaciones empresariales están ahora hermanadísimas. Pues bien, en este acto, ¿le trasladará Santiago Herrero a Joan Rosell su queja de la gravísima pérdida de la imagen pública de la CEOE como organización empresarial, tal y como denunció en la reciente asamblea anual ordinaria de la CEA? Por cierto, después del nuevo ERE en la CEA, a ver cómo interpretamos la imagen de ésta…

La paja. Y para rematar, otra de empresarios. Mi querido Miguel Rus: Mucho cuidado con las puñaladas, tanto las que usted ejecuta en el seno de la CES como las que usted recibe, no sólo desde dentro de esta patronal, sino también desde fuera. No son pocos los descontentos, si bien en su descargo hay que reconocer que cualquier reforma causa dolor, en especial en organizaciones donde hubo un establishment que siempre se consideró intocable. Dos consejos, y perdone mi atrevimiento. Primero, la CES es una organización que presta servicios a sus asociados, y esto hay que tenerlo en cuenta al gestionarla como empresa. Y segundo, cuídese del toro manso, el bravo se ve llegar.

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