Carta a Miguel Carcaño

La vida es muy puta, ¿verdad? Una locura de juventud, edad proclive a las locuras, y ahí estás, entre rejas. Se tuerce todo, absolutamente todo, en un segundo, o en menos, desde aquel momento en el que la mente se nubla, no atiende a razones, y cometes el sinsentido. Ni una cuarta parte de tu existencia habías consumido cuando, con apenas 20 años, aquella insensatez hizo que asesinaras a Marta. Un segundo perdido entre 2.520 millones de segundos que, millón arriba, millón abajo, suman la biografía de una persona. Un segundo por el que pagarás, millón arriba, millón abajo, 663 millones de segundos en la cárcel. ¿Alguna vez hiciste la cuenta? Sin libertad, para más inri, no es arena sino pesada grava la de este reloj. El tiempo no pasa volando, se eterniza en prisión.

Tanto que cuando salgas a la calle habrás entrado en los cuarenta. Fuerte, ¿no? Te habrán restado, porque así tú lo decidiste, fue tu locura, no de quienes estamos al otro lado de los barrotes, los mejores años, para mí, incluso, los más bonitos, créeme, te lo dice quien muy pronto enfilará la cuarentena y pactaría con el mismísimo diablo, que Dios me perdone, volver a los veinte aunque, eso sí, con la madurez de mi actual edad. Y tú te preguntarás, a qué viene este puto calvo con sus monsergas, quillo, no me ralles, pasa de mí, vete con tus muertos. Allá por mayo de 2030, o antes si los beneficios penitenciarios te lo permiten, conserves o no el pelo, te darás cuenta realmente de cuán preciosa es la vida. Por cierto, el pasado fin de semana fue tu cumpleaños. Decirte felicidades sería la mayor ironía del siglo, y del milenio si te las deseara.

Estás jodido, Miguel, y malvives jodiendo. Nadie tiene la culpa, Marta tampoco, de que tu infancia y adolescencia fueran una mierda, o no tan magnífica como esperabas. Cada uno pena con lo suyo, en todas las familias cuecen habas, y siempre encontrarás a alguien en peor situación que la tuya, aunque esto suene a consuelo de tontos. Y qué quieres que te diga, uno quisiera haber nacido rico, y aquí me tienes, dándole a la tecla, quemándome la vista y deseando que algún milagroso día me toque ese Euromillón al que ni siquiera juego. Pero el hecho de estar jodido, chaval, no es motivo alguno para que sigas jodiendo y jodiéndote, si bien esto último, lo de joderte a ti mismo, sinceramente, me importa un carajo, la verdad por delante.

¿De qué madera estás hecho para que, cuatro años después de asesinar a Marta, persistas en ser carroñero y seguir royendo el corazón de una madre con tus mentiras y falsas verdades? Pienso en la mía, Miguel, y se me parte el alma. No es literatura barata ni sentimentalismo de saldo. Es un dolor que parece iniciarse en el vientre, en lugar indeterminado, oprime el pecho y termina, inexplicablemente, en los ojos. Haz la prueba. Imagínate a la persona a la que más hayas querido y que más te haya querido –y no tiene por qué ser tu difunta madre, ya sabes–. Piensa y trata de sentir ahora el dolor que ella pudo sentir por ti. A eso unos le llaman empatía, yo simplemente hablo de ser persona.

El que cometieras una locura, Miguel, no quiere decir que estés loco, y qué triste que la mala leche te consuma por siempre jamás. ¡Cuánto tienen que corroer el rencor y la venganza! ¡Qué desgaste tan grande! Siete versiones distintas del crimen, el cadáver ahora aquí, ahora allá, ahora acullá, con unos familiares desesperados y una Sevilla anhelando dar sepultura a los cuatro huesos que queden de la malograda chica, cuatro huesos que para ti, a tenor de tu comportamiento y de esa necesidad de manipular y de ser protagonista, no serán nada, pero para ellos y para todos los que vamos por esta vida de buena fe, o al menos lo intentamos, traerán sobre todo descanso y verdad.

Porque aunque no lo creas, Miguel, te estás cavando tu propia tumba. Si quienes te rodearon en el caso, El Cuco, Samuel, Javier y María, han quedado estigmatizados de por vida, y allí donde vayan llevarán el nombre de Marta grabado a fuego en la frente, tú no tendrás paz ni se te permitirá tenerla cuando salgas de la cárcel por ese empecinamiento tuyo, so niñato, de ser un Judas. No te creas que sólo existe la pena que impone la ley; es muchísimo más dura la condena social. De ésta no te librarás, tenlo por seguro, y menos si persistes, cual real alimaña, en comerte el corazón de una madre.

En Sevilla, a 15 de abril de 2013.

[Respuesta imaginada a esta carta: Paso. No soy su hijo. Y yo no tengo madre].

P. D.

La parva. Desde aquí hago un encarecido llamamiento a las administraciones públicas para que actúen contra los padres que envían a sus hijos menores de edad a ser gorrillas en las inmediaciones del tanatorio de la SE-30. Y son tanto adolescentes como niños y niñas que rondarán los seis años. Por las tardes y también durante los fines de semana. Es una imagen realmente lamentable y, como se suele decir, hasta que no pase algo no se emprenderán medidas. El problema de los gorrillas es muy difícil de resolver, sí, pero cuando está por medio la infancia se requiere una actuación decidida, contundente.

La simiente. En un plantel de estrellas y estrellitas del fútbol caracterizado por excentricidades y lujos, de los que hacen gala incluso en estos tiempos de crisis económica –encabezado por Cristiano Ronaldo y David Beckham–, resulta más que loable que Sergio Ramos esté dando evidentes muestras de crear empresa y generar empleo. A veces no lo consigue, así fue el caso del mercado gourmet de las Naves del Barranco –en alianza con el torero José María Manzanares–, dado que el Ayuntamiento de Sevilla lo adjudicó a la oferta rival, y en otras parece que saldrán adelante, y ahí está el reciente comunicado del Consistorio de Espartinas anunciando la construcción de un centro comercial con 3 millones de euros de inversión y unos cien puestos de trabajo. A ver si realmente prospera y cunde el ejemplo.

La paja. Palabras y expresiones sin sustancia e irritadoras al oído y al sentido común a la hora justificar lo injustificable, el alarmante nivel de desempleo que sufre este país, ha habido para todos los gustos, tanto con el gobierno anterior como con el actual, desde esa que habla de “desaceleración en el ritmo de crecimiento del paro” hasta encomendarse a la Virgen del Rocío para que nos eche un capote. Pero me quedo con la calificación esgrimida por el secretario general del PP sevillano, Eloy Carmona, quien, ante la caída del paro del pasado marzo, sacó pecho pepero y lanzó un estos datos son históricos. Porque claro, 468 parados menos en una provincia que supera el cuarto de millón de parados y en un mes donde tiran del empleo los servicios por la Semana Santa es una cifra que hace historia…. gracias a Rajoy.

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