Zoido o el Profesor Bacterio en el cuartel de la T.I.A.

Nos ha faltado tirarles piedras a Mortadelo y Filemón, agentes de tráfico al servicio de la T.I.A. de Demetrio Cabello, ese señor con bigotes que hace las veces de delegado de Seguridad y Movilidad en este nuestro Ayuntamiento de Sevilla, el superintendente, el Súper, el jefe que asigna misiones sumamente arriesgadas a tan aguerridos policías municipales, para las que, eso sí, siempre tendrán la ayuda de los inventos y experimentos del Profesor Bacterio, Juan Ignacio Zoido en este particular cómic, y la condescendencia de la Señorita Ofelia, papel que, sin las malas pulgas que le corresponderían, aquí asignamos a Asunción Fley, quien controla los dineros del cuartel general de Plaza Nueva.

Policías municipales.

Mírenlos ahí, portando ese fajo de multas, que yo en primera instancia confundí con billetes de cien, verde que te quiero verde, aunque en mi descargo alego que, para el caso, lo mismo daba que daba lo mismo, eran parné. Mírenlos otra vez, ahí, haciendo la uve de victoria, diciendo para sus adentros, conductores, joderos, nos hemos hartado de sangraros mientras os estábais divirtiendo y nosotros currando, bolígrafo en mano apuntando vuestras matrículas, ésta por doble fila, ésa por subirse a la acera, aquélla por aparcar en el arcén, toma ya, ja, ja, ja, risa malévola de estos diablillos, regodeándose de la hemorragia para los bolsillos de los infractores, sí, bebed, bebed rebujito, que la resaca no la tendréis estos días de Feria de Abril, sino cuando las notificaciones lleguen al buzón de casa. Estamos calentitos, ¿verdad? Ganas de rematarlos, sí. Pues mírenlos porque esos señores, a quienes hemos acribillado, especialmente en una redes sociales que los han llamado hasta cabrones e hijos de puta, simplemente han cumplido con su trabajo y con las órdenes que emanaban del Ayuntamiento, y el Ayuntamiento, en un ejercicio de vergonzosa hipocresía y vergonzoso despecho, ha dejado a sus subordinados con el culo al aire para él salir airoso de la polémica.

E l único error, el único, que han cometido esos dos policías municipales es haberse hecho la foto con perversa sonrisa, porque poner celo al controlar el tráfico y sancionar, por ejemplo, el mal aparcamiento era, en efecto, su trabajo, el que, reitero, les habían ordenado. Pero aquí, con la gracia sevillana, damos la vuelta a la tortilla y convertimos a los infractores en víctimas y a los agentes en verdugos, exigiéndoles, por aquello del compadreo que reina en la Feria, manga ancha y hacer la vista gorda con el código de circulación. Ahora bien, cuidadito, si alguien te pone el coche delante del garaje, ni cinco minutos ni leches, te cagas en los muertos del colega y llamas a la grúa porque llegas tarde al Real, ¿o no?

Hablando de hacerse la foto. Pienso en Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda –ese hombre al que, por cierto, se le ha avinagrado su socarrona sonrisa conforme se constataba la incapacidad del Gobierno central para enmendar la economía– y en sus ruedas de prensa para detallar cuánto recupera el Estado por fraude fiscal tras las inspecciones realizadas por su departamento, ya saben, esos señores de negro que nos vigilan con lupa el IRPF de los curritos mientras dejan escapar los millones hacia Suiza. El mensaje del susodicho es idéntico al del fajo de multas. Idéntico. Eh, ustedes, miren cuánto y a cuántos he cazado, y miren cómo me río, me falta la uve de victoria, mi trabajo hecho, y las arcas estatales estoy llenando.

Y acabamos de tocar el meollo del tebeo. Porque me pregunto, queridos lectores, si no fue Demetrio Cabello, quién ha dotado de más y mejores tecnologías a la Policía Municipal para el refuerzo de su labor sancionadora, si no fue Demetrio Cabello, quién ha ordenado barrer la ciudad a los coches ponemultas, si no fue Demetrio Cabello, quién ha proclamado, con palabras textuales, que lo suyo es todo un “plan de ataque”, actuando “a destajo” para impedir “la ley de la selva”. Me pregunto, además, si a Asunción Fley no le hicieron los ojos chiribitas cuando vio tamaño taco de sanciones que, a la postre, serán dinero para un Consistorio encomendado al escarmiento circulatorio para compensar su mermada previsión de ingresos. Me pregunto, asimismo, si no está ese objetivo de recaudación entre los requisitos contemplados en los planes de productividad de la plantilla de agentes –¿o ya no se acuerdan del nerviosismo ante las huelgas de bolis caídos?–. Y, por último, no me pregunto, sino afirmo: de no haberse publicado la fotografía de la polémica, la misma sonrisa malévola de Mortadelo y Filemón la hubieran puesto el Superintendente y Ofelia al traducir esos papeles verdes en dinerito.

Que venga ahora el Profesor Bacterio a anunciar la apertura de un expediente disciplinario a sus dos agentes resulta, cuanto menos, rastrero, al no asumir la responsabilidad, escurrir el bulto y, como esta vez ojos que ven, corazón que siente –qué bueno hubiera sido lo contrario, el ojos que no ven, corazón que no siente y dinero que me embolso, ¿verdad, señor alcalde?–, dejar, cual chivos expiatorios e incluso echando más leña al fuego, que su propio experimento e invento les estalle en la cara. Y menos mal que no les hemos tirado piedras, aunque de insultos, pobres diablillos, ya van sobrados.

P. D.

La parva. Táchese lo que no interese comunicar. En la respuesta que Asunción Fley envió al Grupo Municipal Socialista sobre el cálculo de la rebaja de la tasa de basura a los sevillanos por los días de la huelga de Lipasam, la delegada de Hacienda aplicó el rotulador negro para ocultar el comentario que sigue al poco más de un euro que ahorrará cada hogar por las once jornadas que estuvo la basura sin recogerse. ¿Y qué ponía? “Esta cifra no sé si conviene decirla, pero es la que es”. A la delegada le faltó apostillar: vaya raquítica rebaja en que se queda la gran promesa de Zoido…

La simiente. No salió en la entrevista a Miguel Rus que este periódico publicó ayer, pero merece la pena rescatar la pregunta y la respuesta.
–Al igual que existe desafección de la ciudadanía hacia los políticos, ¿no cree que la hay también hacia los empresarios y los sindicatos?
–Pues sí, y uno de mis principales retos y encargos es dignificar la imagen del empresario. Casos aislados hacen mucho daño a la mayoría absoluta de empresarios que nos levantamos todos los días dándolo todo para mantener nuestras empresas y a tantas familias que la componen.
[Lo resalto porque hubo otros patronos que, ante una pregunta parecida del periodista, realizaron cero autocrítica].

La paja. El Tribunal Supremo ha ratificado que los terrenos de Tablada sigan siendo verdes, no por razones paisajísticas, que de paisajísticos tienen poco, sino por ser suelos inundables. Pero una cosa es que sea verde y otra cosa es mantenerlos como páramo de jaramagos. Si no hay dinero para un grandísimo parque, quizás sea el momento de buscar usos compatibles con ese verde, e incluso la posibilidad de que sea la iniciativa privada –esto es, las empresas– la que sufrague tal color a cambio de conseguir rentabilizar estos suelos baldíos. No es hora de mantener el blanco o el negro, los extremos, sino de encontrar salidas intermedias que requieren voluntad –cuán difícil es ésta–.

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