Primarios y primarias

A los socialistas andaluces se les llena la boca de partido, el suyo, y ya saben, mis queridos lectores, qué ocurre cuando se habla con la boca llena: a uno apenas se le entiende, balbucea única y exclusivamente para sí mismo, y, para colmo, escupe a los demás. Sí. Los de la rosa se acaban de meter un polvorón para montar el belén y cantar la marimorena en pleno julio, y al pronunciar una y otra vez partido, justo en la sílaba ti, salpican todo lo que está en derredor, incluidos a usted y a mí, porque este partido es el que gobierna Andalucía y lleva nada más y nada menos que tres largas décadas haciéndolo.

Por muchas vueltas que le doy no atino a comprender el atrevimiento político de José Antonio Griñán al anunciar justo en el debate sobre el Estado de la Comunidad que rechazaba presentarse a unas elecciones autonómicas que, salvo que él quiera anticiparlas y tiene potestad para quererlo, se celebrarán a tres años vista. Ni un día antes ni un día después, sino precisamente cuánto no tocaba hablar ni de su persona ni del partido, sino de diagnosticar cómo está la región –mal, rematadamente mal– y qué podemos hacer por ella. Trato de rastrear razones y encuentro tres: 1) Que confunda la persona del presidente de Andalucía con Andalucía; 2) Que no tuviera bombazo informativo alguno para revestir un enésimo plan anticrisis económica, habida cuenta de que esta anual cita parlamentaria suele reservarse para un gran titular de gestión administrativa, no política, que deje a la oposición con el pie cambiado; 3) Que anteponga los intereses del partido a los generales de los andaluces, y como soy muy bien pensado, creo que la explicación no es ésta, pero ahí la dejo, por si acaso…

Llevo días y días oyendo y leyendo partido, partido, partido. Fíjense. Bruselas acaba de servirnos, después de años negociándose, una nueva Política Agraria Común (PAC) que condicionará hasta 2020 uno de los pilares de la economía andaluza: el campo y su agroindustria. Pues bien, el resultado final ha quedado arrinconado en la maraña de las primarias del PSOE andaluz y de una terna de nombres y apellidos cuyos pullazos nos mantendrán periodísticamente entretenidos durante el verano. Estoy seguro de que al agricultor de Isla Mayor le preocupa muchísimo más qué porcentaje de ayudas comunitarias le quedará, cómo podrá comercializar mejor su arroz y qué hay de la paralización del dragado del río Guadalquivir. Su economía y, por tanto, su futuro dependen de las respuestas a tales interrogantes, y no de si será Susana, será Planas o será Perico el de los palotes.

Sus señorías parlamentarios, en cambio, andan leyendo las crónicas que hablan de las claves de los aspirantes a candidatos, porque a sus señorías, a diferencia de nuestro agricultor de Isla Mayor, les va la vida en posicionarse en el bando del susanismo, planismo o pericismo, dejando la puerta entreabierta para proceder al hábil bandazo si, por error de estrategia, se ha apostado a caballo perdedor. Yo hubiera preferido que el señor Griñán hubiera aprovechado su discurso en la Cámara autonómica para revelarnos cómo nos convencerá –otra vez– en 2014 de que su gobierno de izquierdas no recorta aun recortando. En efecto, en los Presupuestos regionales para el año que viene está la madre del cordero. Excepto milagro milagroso, toca meter la tijera porque las arcas de San Telmo están a dos velas.

Dicen quienes entienden de la cosa política y de las tripas de los partidos que el hecho de que José Antonio Griñán haya gritado antes de tiempo un me voy por mi cuenta y riesgo y porque me da la real gana, ahí os quedais, ya sabéis a quién os dejo, a quererla mucho, trata –dicen ellos, reitero– de preparar al candidato socialista para los próximos comicios y, de paso, también pillar en bragas a la oposición, el PP-A, que, pobrecita mía, a estas alturas no sabe qué quiere ser de mayor y en la madrileña calle Génova tampoco se lo aclaran. Queda clara, pues, la prevalencia del partido, de las siglas, sobre todo lo demás, absolutamente todo, y esto es muy triste en los dramáticos tiempos que corren, un motivo más para la desafección de la ciudadanía hacia una modalidad de hacer política de la que, para superlativa hipocresía, se extrañan los mismos políticos que la practican.

Los primarios objetivos, mis estimados socialistas, son los no pocos problemas de los andaluces y cómo resolverlos. Para eso gobernáis esta comunidad y, tal y como está el patio de los populares, con muchísimos visos de seguir haciéndolo, por vosotros mismos o con la ayuda de los socios, por los siglos de los siglos, amén. Pero quede aquí la súplica final: al elegir a la persona, al candidato a gestionar estas tierras, que sea por el interés general de Andalucía, y no mirando por el interés exclusivo del partido, partido y partido –¿hay algo más que no sea partido?–. Porque una cosa y otra pueden coincidir… o no.

P. D.

La parva. Lanzarse así como así a defender a la numantina un proyecto como el dragado sin tener en cuenta todos sus condicionantes tarde o temprano traería como resultado final una rectificación y una prudencia que deberían haber sido contempladas desde el principio. Eso sí, bienvenido sea ese paso atrás de Juan Ignacio Zoido al admitir que antes que dragar hay que adoptar las compensaciones ambientales. Porque el interés económico puede ir reñido con el medioambiental, y aunque férreamente estén unidos, empresarios y sindicatos no tienen por qué tener toda la razón. No faltan ejemplos en Andalucía.

La simiente. Alejandro López Ortega, natural de Santiponce, cumplirá 27 años el día de San Fermín y lo hará trabajando en el laboratorio de ingeniería más prestigioso del mundo, el JPL de Pasadena de Estados Unidos o, para que nos entendamos, en la NASA. Qué gratificante resulta saber del triunfo de los jóvenes fuera de nuestras fronteras, qué lástima que tantísimos universitarios estén desempleados y no encuentren aire fresco en el mercado laboral español. Dicen recientes encuestas –campus educativo EUSA, Sevilla– que los estudiantes están mucho más dispuestos ahora a la movilidad geográfica para trabajar y aceptar un trabajo –algo que insistentemente han reclamado los empresarios de nuestro país–, apuntando principalmente al extranjero, y no tanto al interior del país. Jóvenes valores emigrantes.

La paja. Y siguiendo con la cuestión del dragado del Guadalquivir, las fisuras en el Consejo Económico y Social de Sevilla (CESS) estaban cantadas dado que su resolución calcaba la posición de sindicatos y empresarios que, ya se saben, han hecho causa común para sacar adelante el proyecto de la Autoridad Portuaria de Sevilla. La institución ha perdido la ocasión para elaborar un documento que recoja todas las sensibilidades (empresariales, sindicales, medioambientales, agrarias y urbanas), y no otorgando prioridad a unas sobre otras. Porque sólo desde el consenso y aunando los distintos intereses el dragado del río podrá salir adelante. Eso lo han dejado claro el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, la Junta de Andalucía y la Unesco. Pero parece que en Sevilla hay quienes no se enteran aún.

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