El martirio de Santa Catalina

Gracias, mis señores Juan Ignacio Zoido y (ex) Alfredo Sánchez Monteseirín. Muchas gracias, mis ilustrísimos Luciano Alonso, (ex) Paulino Plata y (ex) Rosario Torres. Santas, apostólicas y romanas gracias, mis reverendísimos Juan José Asenjo y Carlos Amigo Vallejo. Porque de bien nacido es ser agradecido, infinitas gracias por los nueve años -más el que aún queda- de cerrojazo a esa joya histórica, eclesiástica y cultural llamada iglesia de Santa Catalina. A pesar de la relevancia de sus cargos – quede constancia del trato dado según dicta el protocolo-, ese descarriado rebaño no se ponía de acuerdo en los cuartos que había que soltar para unas obras que ahora se revelan menores y muy lejos, pues, de los presagios de que el cielo caería sobre nuestras cabezas. ¡Ay, cuánto daño haces, mi poderoso don Dinero, en las casas de los mercaderes tanto laicos como religiosos! Sí, es para ponerles a todos un altar dedicado a la Santísima Estupidez, non ora pro nobis.

Si había peligro, alabada sea la clausura del templo en nombre de la precaución y la prudencia, y ahí no hay nada que objetar. A Dios rezando pero con esa viga segura, y no mirándola de reojo y con el corazón en un puño. Sin embargo, oye, ustedes, los bien citados arriba, ¿me pueden explicar, almas de cántaro, cómo es posible que se tarden nueve años en pedir y tener un informe certero sobre el estado de la estructura del templo? ¡Nueve años para finalmente constatar que el susodicho goza de buena salud, que sólo tiene las arrugas de la edad y no heridas!

Mientras tanto, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento con sus eternas peleítas, yo pongo más, tú menos; también la Junta de Andalucía con el Arzobispado -un enfrentamiento mediático con la Iglesia luce políticamente tanto o más que con el PP-, y éste a la defensiva de los rojos que gobiernan en San Telmo, cuando eso que los periodistas cofrades llaman Palacio -ya saben, la humilde morada de sus reverendísimas- debería haber liderado la búsqueda de fondos para la rehabilitación, y no asistir como mero convidado de piedra a la paulatina degradación del edificio. En 2004 se cerró y, en principio, hasta 2014 no se abrirá. Quiera Dios que así sea.

Y ahora les pregunto, sí, a ustedes, los mencionados allí arriba y que actualmente ejercen cargos de responsabilidad, ya sea terrenal o divina, ese trío conformado por Zoido, Alonso y Asenjo: ¿Seguirán con sus peleítas o, avergonzados por tan larguísima e injustificada parálisis, se sentarán de una santa vez -iba a decir puñetera- para agilizar las obras y recuperar el templo al culto, al sentir cofrade, al turismo y al ciudadano? Sacados los colores vía informe arquitectónico que recomienda para este enfermo simples tiritas y no una complicada operación a corazón abierto, tengan la gentileza de apresurarle el alta, y así resarcir su clamoroso error facultativo.

Porque antes de hablar y de meterse en pugnas estériles, la primerísima prioridad debería haber sido la buena voluntad, y la segunda, encargar un riguroso diagnóstico. Pero ni una cosa ni la otra. Se prefirió regatear con el dinero que iba a costar el tratamiento clínico sin tan siquiera conocer el alcance real de la enfermedad. Echando un vistazo a la hemeroteca sobre qué comentaron unos y otros, creánme, uno se siente escandalizado por la poca seriedad de quienes nos gobiernan la vida y el espíritu. En fin, pelillos a la mar, a ver si de ésta al menos aprenden…

Soy consciente de que esta maldita crisis económica y laboral hace cuesta arriba cualquier proyecto que se afronte y que tanto las administraciones como la propia Iglesia arrastran otras urgencias sociales muchísimo más importantes que la rehabilitación de Santa Catalina. Es más, es largo el rosario sevillano de templos y conventos a recuperar o mejorar -y desde aquí vaya la siguiente advertencia: cualquier día el campanario de San Lázaro, a la vera del cementerio y del hospital al que le da nombre y cerrado al culto y abandonado a su suerte desde 1998, nos da un disgusto, y entonces apuntaremos con dedo acusador a la Diputación de Sevilla y a la Junta de Andalucía-.

Sin embargo, y he aquí la diferencia, el de la iglesia radicada a los pies de la Plaza de los Terceros es un problema enquistado que no se resolvió ni siquiera en época aún de bonanza (2004-08). Que permanezca clausurado después de tantos años muestra no sólo una falta absoluta de buena voluntad, sino también -y lo que es peor- que se ha actuado con mala fe. Y éste el verdadero martirio de Santa Catalina.

P.D.

La parva. 19-07-2013. En esta fecha, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, anuncia durante el Debate sobre el Estado de la Ciudad una rebaja generalizada de impuestos (todos, salvo el sello del coche) a particulares y empresas. Ojo, impuestos, no tasas municipales, que son conceptos tributarios muy distintos. Estaremos atentos para: 1) que esta rebaja se apruebe antes de que acabe el año para que entre en vigor en 2014; 2) que la magnitud del recorte no sea testimonial; y 3) que las tasas no suban para compensar el descenso de los impuestos. Porque mucho me temo que lo del regidor es un querer y no poder…

La simiente. Enhorabuena a los organizadores del Festival de Danza de Itálica, quienes han logrado hacer de lo poco mucho tras el tijeretazo al presupuesto. Y de esto, por cierto, también hay que aprender. Felicitaciones también a la organización de la exposición Santas de Zurbarán, a esa novedosa combinación de cuadros -por cierto, nunca se vio exposición pictórica con menos obras- y diseño de moda. Todo un acierto. Pongo estos dos ejemplos culturales para dejar constancia de la unidad que suscita el Festival de Itálica y las críticas levantadas en torno a las Santas. Es más, al referirse a esta última exposición, hay quienes, desde la oposición municipal, rastrean los datos sobre impacto turístico. Y yo sólo digo: si toda la cultura se midiera exclusivamente a ojos de la rentabilidad económica, Sevilla sería un páramo cultural.

La paja. Pasados los fastos del ecuador del mandato de Zoido, ay, la que nos espera. Juan Espadas, portavoz municipal del PSOE, se ha sacudido ya el letargo del concejal principiante y ha endurecido su discurso contra un alcalde que, dice, no hace nada, salvo presidir saraos. A Antonio Rodrigo Torrijos, su homólogo en el grupo local de Izquierda Unida, no le hace falta sacudirse nada, él siempre trae el saco de críticas a la espalda, son las cosas de toda una vida pública. El cambio operado por Espadas coincide -serán casualidades de la vida, seguro-  con la candidatura de Susana Díaz a la Presidencia de la Junta de Andalucía por el PSOE, la instauración del susanismo y el tiempo de los conversos -o conmigo o contra mí-. Lo dicho, ay, la que nos espera de política hasta que lleguen las próximas elecciones dentro de dos años…

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