Para ser francos

A falta de obras faraónicas por aquello de que no hay presupuesto y en abundancia de eslóganes y promesas electoralistas que, a la larga, se están cayendo por su propio peso, dejando al descubierto mucho ruido y pocas nueces en la gestión municipal, Juan Ignacio Zoido está desplegando un enorme esfuerzo para sacar adelante y vender las bondades de la Zona Franca de Sevilla, un recinto vallado con beneficios fiscales para las empresas allí instaladas. Cierto, la cosa es buena, todo lo que sea atraer inversión y crear empleo, aun a costa de suavizar impuestos empresariales, ya estamos los curritos para compensarlos con los nuestros, sea bienvenido, alfombra roja. No es menos cierto, sin embargo, que este proyecto, que todavía tiene mucho sobre el papel y muy poco de realidad –si bien sí se pisará el acelerador para que el señor alcalde corte la cinta antes de los próximos comicios–, nace con tantas dudas que uno llega a preguntarse si, una vez más, Sevilla está construyento la casa por el tejado y si hay franqueza al respecto.

Sostienen en el Ayuntamiento que Renault y Airbus –qué socorridas resultan estas compañías cuando hay que otorgar grandilocuencia a un discurso– estarían interesadas en instalarse en los terrenos portuarios de Torrecuéllar, ideado a modo de paraíso fiscal, pero del bueno, no se trata de evadir, sino simplemente concebirlo como una especie de depósito aduanero libre de impuestos hasta que se produce la salida (comercialización) de los productos made in Zona Franca –por ende, más que hablar de rebaja tributaria habría que hacerlo de retraso temporal en el desembolso del parné al Fisco–. Pues miren por dónde aquí aflora una primera duda, puesto que ambas multinacionales, que ejercen un fortísimo poder de arrastre sobre el conjunto de la industria provincial, no reclaman tanto este recinto como el dragado del Guadalquivir para menguar sus costes de logística y transporte.

El incrementar el calado del río desde la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda hasta el Puerto de Sevilla es, pues, un elemento capital para la Zona Franca. Sin él, la cosa quedaría constreñida a zonita, como esa pedazo de nueva esclusa que, sin ese dragado para el que fue realmente parida, es una mera esclusita. Es la estrategia del vamos a hacer y ya se verá, y así se edifican los castillos en el aire. Es más, y abro paréntesis. A tenor de las declaraciones públicas de unos y de otros, absolutamente nadie dice la verdad sobre qué hay del dragado, o todos mienten. A día de hoy, sólo hay una única verdad, y es que no hay nada, salvo un permanente y sempiterno día de la marmota. Cierro paréntesis.

La segunda duda que surge atañe a si hablamos de nuevas empresas o de las mismas empresas que cambian ubicación. Lo primero sería creación de tejido productivo, lo segundo, un mero traslado de filiales, sucursales u oficinas al calor del beneficio fiscal. Miren, si esta sevillana Zona Franca llega a mover los mil millones de euros anuales en facturación calculados por el equipo de Zoido, besaría al regidor los pies siempre y cuando tamaña cifra fuera realmente nueva facturación, y no antigua. Un ejemplo: si la actividad de Renault en Torrecuéllar reporta cien millones más, a sus pies; si, en cambio, computa allí cien millones que en principio corresponderían a su fábrica de San Jerónimo, pues oye, eso no tiene mérito ninguno. Sumaríamos aquí lo que restaríamos de allá, y así, mi abuela.

Vender que ese recinto será en actividad económica como tres cuartos del parque tecnológico de Cartuja suena requetebién, pero fíjense cuántos años ha tardado Cartuja en consolidarse y ser lo que hoy es, un enjambre empresarial. La manía con dar grandes titulares así, redondos, digamos mil millones de euros, choca con la tozuda realidad de la crisis económica y empresarial y la ausencia de financiación bancaria para emprendedores, y de éstas el Consistorio debería haber aprendido ya a ser prudente. El espejismo acarrea frustración, déjenme que les recuerde aquello del alcalde del empleo y esto lo arreglo yo en quince días.

La Zona Franca va para largo, sí, no queda mucho, sino todo por decidir, absolutamente todo. ¡Y cuidado! Si se ha apostado tanto por el proyecto, guárdense de que finalmente no resulte una engañifa, puesto que siendo una bandera personal de Juan Ignacio Zoido, aquí no hay Junta de Andalucía a la que cargarle las culpas, y sí un equipo de gobierno local que, con su gestión, se juega, esta vez más que nunca, su propia credibilidad.

Llegados al tramo final de este artículo, tres ruegos. El primero a usted, estimado lector: cuando circule por el puente del Quinto Centenario, con enorme precaución baje la mirada a uno y otro lado. Eso es el Puerto, ahí hay actividad, hay economía, hay empleo, y también oportunidades para todos. El segundo al Ayuntamiento, diligencia, por favor, y procuren que esto no sea humo. Y el último a la oposición municipal, si la Zona Franca nos sirve y sienta las bases para generar industria, aparquen la política y hagan esfuerzo de sumar y tender puentes, y el de ayer con Cádiz es el camino. Porque, siendo francos, muchísimas son las dudas que despierta un expediente cuyo contenido ignoramos –por cierto, ¿lo conoce la propia Autoridad Portuaria?, ¿en Plaza Nueva se tiene desgranado o sólo han realizado un esbozo jurídico?, ¿está siendo realmente franco el Consistorio?, y ahí dejo las preguntas–, pero muchísima es también ya la desesperación.

P. D.

La parva. La dejadez de la dársena del río Guadalquivir entre el puente del Alamillo y el Huevo de Colón es lamentable. Parece que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) no quiere darse cuenta de que es casi un tramo muerto, sin apenas renovación de las aguas, y que en verano es muy desagradable el olor, sobre todo por el efecto estanque que produce la proliferación de juncos en las orillas, incluso bien entrado el cauce. Para remate, la suciedad agregada de indigentes que duermen incluso en la orilla, y que crecen en número. Pero quizás busquen la excusa de los patos. Seguro.

La simiente. Valga desde aquí mi reconocimiento a la labor que la cuenta de twitter @SevillaInsolita está realizando sobre la historia de Sevilla en imágenes. Muchas de ellas son precisamente eso, insólitas. Nos acerca a la Sevilla de ayer con la mirada del presente, y con especial añoranza en cuestiones de patrimonio. Fotografías, retazos de historia, que nos advierten de que los destrozos que en su día se cometieron no deberían repetirse, pero también con miras a que el patrimonio actual no se deteriore. La cuenta, gestionada por un joven sevillano, va camino de los 8.900 seguidores y suma casi 3.200 tuits, con una amplísima galería fotográfica. Sigue en formato digital la estela de otros grandes rastreadores en papel de imágenes de la ciudad de Sevilla, entre ellos el periodista y escritor Nicolás Salas.

La paja. Plaza de España, parque de María Luisa, Jardín de las Delicias… No podemos poner un policía local detrás de cada vándolo para evitar sus destrozos al patrimonio. El sinvergüenza, seguro que muy orgulloso de cargarse una balaustrada o un busto exhibiéndolos como trofeos de su supuesta hombría, y el guarro, que allí por donde pisa deja el rastro de su propia mierda por los suelos, ya sea una botella, ya sean chicles o cáscaras de pipas, son los únicos responsables de sus actos. Al fin y al cabo, demuestran qué son. Sin embargo, al Ayuntamiento de Sevilla sí hay que exigirle no sólo mayor vigilancia de las zonas donde nos jugamos la imagen turística de la ciudad tal y como prometió, sino la imposición de multas elevadas y ejemplares e incluso llevar a los vándalos ante los tribunales por delitos contra el patrimonio.

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