El abogado del diablo

Por venir de quien venía, de un juez –en excedencia, sí, pero un juez– la suma ligereza de palabra y sentimiento con que Juan Ignacio Zodio acogió la pena de cárcel confirmada por el Tribunal Supremo para el abogado José María del Nido, hasta ayer presidente del Sevilla FC y que precisamente ha dejado de serlo para entrar en prisión, me dejó estupefacto. Dijo el señor alcalde que la sentencia del máximo órgano jurisdiccional del Estado –salvo en materia de garantías constitucionales– no era una buena noticia ni para el club –algo que se presuponía– “ni para la ciudad”. Eso sí, matizó quien no es juez porque es alcalde, hay que respetarla y acatarla. Menos mal, respiró uno aliviado con tal apostilla.

Nunca una condena en firme, sin apelación a instancia judicial superior –excepto al Constitucional en recurso de amparo– y salvo fatítico error del propio tribunal que, por supuesto, también puede existir, puede ser catalogada como una mala noticia porque, al fin y al cabo, se está aplicando y ejecutando la Ley. En todo caso, la mala noticia estaría realmente en la comisión del delito, no en la demostración de que éste fue cometido y, por tanto, al infractor le corresponde penar conforme dicta la legislación. Y ante ésta no caben condenados de primera y condenados de segunda en función de la relevancia social de los protagonistas. Aquí somos todos iguales.

Posiblemente Del Nido haya sido el mejor presidente del equipo sevillista y sea, además, un extraordinario abogado, reconocido como tal en la profesión. Y eso nadie se lo quita. Es más, una vez purgada su pena, y a tenor de la arrogancia que le caracteriza y de la que, asimismo, hace gala, volverá a ser lo uno y lo otro. Pero lo que a día de hoy cuenta es que el Supremo considera comprobado que cometió delitos continuados de malversación y prevaricación. Con trabajos jurídicos innecesarios y honorarios claramente desorbitados en connivencia con ese otro hombre de dudosísima reputación como es Julián Muñoz, se enriqueció personalmente a costa de expoliar las arcas públicas del Ayuntamiento de Marbella. Es, en resumen, el llamado caso Minutas.

¿Que el personaje tiene relevancia social? Mucha no. Muchísima. De hecho, por tenerla y por su gran capacidad de influir sobre la gente cabría incluso exigirle al ciudadano José María del Nido un plus de responsabilidad social, de vida y de proceder ejemplares, un espejo donde el resto de ciudadanos –y muy especialmente los niños y jóvenes– puedan mirarse y que la imagen reflejada sea la de un referente intachable, y no la de un corrupto.

Pero ya que hablamos de relevancia social, pensemos en otros personajes mediáticos que fueron condenados en Sevilla. Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, quien atropelló y mató a un hombre y se dio a la fuga. ¿Su condena fue una mala noticia para la ciudad? Sinceramente, creo que no. Pagó en prisión sus delitos, y ahí está ya otra vez bailando y paseando su arte y el nombre de Sevilla por los tablaos del mundo, aunque en su mente –y en la de todos– quedará aquel muerto tirado y abandonado una noche en un paso de cebra.

No nos vayamos tan atrás y recordemos a Isabel Pantoja, condenada a dos años de prisión y a una multa millonaria por blanqueo de capitales en Marbella, en una sentencia pendiente de recursos ante el Tribunal Supremo –la Fiscalía ha reclamado aumentar la pena de cárcel para que la tonadillera, ahora eximida y en libertad, esté efectivamente entre rejas–. ¿La condena fue una mala noticia para Sevilla? Sinceramente, tampoco lo creo. Ella sigue cantando y en su reaparición en Sevilla cosechó auténticas masas. Condenada Pantoja, qué grande eres, titulaba su crónica del concierto Eduardo del Campo, compañero de El Mundo. Y, en efecto, en la copla será la más grande y eso no se lo quita nadie, pero la Audiencia Provincial de Málaga dictaminó conforme a la ley que esta mujer fue una corrupta.

No. Las sentencias condenatorias no son malas noticias para una ciudad. Lo serán para el propio condenado, para su familia, para su entorno, para su empresa, para su club, pero no para el conjunto de la sociedad. Al contrario, es la confirmación de que la Justicia funciona caiga quien caiga, sea el muy relevante José María del Nido, sea el muy desconocido de la esquina de un barrio cualquiera. A los quejumbrosos habrá que recordarles que la estancia en la cárcel es considerada también un periodo de preparación para reinsertar al condenado a la sociedad contra la que delinquió y la que, como castigo, le privó de su libertad. Y quién sabe, quizás tal reinserción venga acompañada en el futuro de mayores glorias que las pasadas.

Al alcalde sólo me resta lanzarle una pregunta: si todos los casos judiciales que implican a antiguos gestores del Ayuntamiento –por ejemplo, en Mercasevilla o Fundación DeSevilla– se resuelven finalmente con condenas, ¿serán entonces malas o buenas noticias que esclarecen, revelan y castigan la corrupción denunciada por usted mismo ante los tribunales? Responda usted como juez en excedencia, no como un político, no como un juez de parte, no como un abogado del diablo defendiendo aquello que, a sabiendas, no puede o no podría defender.

P. D.

La parva. Que dice Mariano Rajoy que el cabeza de cartel del PP de Andalucía se elegirá –por su propio dedo– después del turrón. Dependerá, supongo, del mayor o menor empacho de dulces que el presidente tenga tras las Navidades. Eso sí, no ha detallado si come turrón del duro o turrón del blando, cuestión que aclararía mucho las cosas. Lo que sí está claro es que aquí sólo hay un mazapán, marca Zoido, que quiere largarse, centrarse en la guinda que es la ciudad de Sevilla y arrancar ya la campaña, que le va a hacer mucha falta. Mientras más se demore aquel dulce dedazo, menos sabor para el mazapán.

La simiente. Todo un acierto ha sido hacer coincidir la celebración del Sicab, el tercer evento socioeconómico de la capital sevillana tras la Semana Santa y la Feria de Abril, con el puente de la Constitución. El incremento en el número de visitantes al salón por excelencia del caballo de pura raza española y también las previsiones de ingresos para las ganaderías y negocios presentes en la muestra avalan tal cambio de fechas que habría que tener en cuenta para ediciones venideras. Muy lejos queda, pues, esa imagen de una feria y un mundo, el del caballo, reducidos a las gentes del campo y a los señoritos andaluces. Este Sicab es un gradioso acontecimiento económico para esta ciudad que hay que cuidarlo.

La paja. Si el jefe, pongamos que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, realiza públicamente un anuncio –comprometiendo su palabra– y pide al subordinado, pongamos que Maximiliano Vílchez, su delegado de Urbanismo, que se ejecute y no se hace, o falla uno o falla el otro, o los dos. Si en octubre el regidor dijo vamos a rebajar los alquileres de las viviendas de Emvisesa para las familias necesitadas, no puede ser que en Urbanismo se escuden ahora en la burocracia para resolver en dos meses tan solo una entre 160 peticiones. Se entendía que la iniciativa de Zoido –halagada en su día por El Correo de Andalucía– era urgente, y no un mero anuncio –otro más– que durmiera el sueño de los justos o de Vílchez.

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